Entrevista a César García Campos y Andrés Paniagua

Presentamos una entrevista acerca del proyecto ensayístico, hasta ahora inédito, escrito de manera colaborativa por César García y Andrés Paniagua.

Una muestra del proyecto en: https://wp.me/p7GrQP-rc 

 

César García Campos (Zitácuaro, Michoacán, 1992) Ensayista. Ha sido publicado en las revistas Tierra Adentro, Mula Blanca, Pliego 16 (FLM), La Hoja de Arena, Letralia (Venezuela), entre otras. También ha presentado performances en los festivales Umbral y Germinal.

 

Andrés Paniagua (CDMX, 1992) Estudió literatura. Es autor del libro Usted está aquí (Ediciones Mantarraya, México, 2016). Ha publicado en las antologías Poetas Parricidas (Ed. Cuadrivio) e In Vivo (Acapulco Ed.). Ha sido publicado en diferentes revistas y sitios web, entre ellos Opción (ITAM), Letras Libres, UniDiversidad, Generación, TN, Aeroletras (UAQ), El Humo, Al-Araby, Círculo de Poesía, Blanco Móvil y Des/linde. Ha participado en conciertos de arte sonoro como Umbral y Germinal.

 

 

 

¿Cómo se conocieron?

En una fiesta, por amigos en común. Literalmente fue el gusto compartido por Trojan Records lo que detonó la amistad.

¿Cómo surgió el proyecto?

Hace unos dos años trabajamos, junto con Rolando Hernández, en una pieza que presentamos en el festival Germinal en Casa del Lago. Esa pieza se llamó “¿Cuántas posibilidades hay de ir de un punto A a un punto B?” De alguna forma, escribir este proyecto es otro camino trazado desde esa pregunta.

Lo cierto, es que el detonante del trabajo duro ocurre en las fiestas o, en general, en situaciones así, en las que en verdad podemos platicar o plantear ciertas inquietudes. Entonces, la versión oficial es que estábamos en el after de un concierto, parados en el marco de la cocina y hablamos sobre empezar un texto por correo, sin saber a dónde nos llevaría. Para decidir quién comenzaba jugamos tres rondas de piedra papel o tijera.

¿Qué fue lo que encontraron?

C.) En mi escritura hay mucha rebaba. Estoy trabajando en otro libro, un manual para despegarte de tu cuerpo y desde casa manejarlo por las calles como si fuera un títere, a partir de materiales de construcción. El libro sólo se venderá en tlapalerías. Gran parte de la intención es denunciar que el lenguaje es una pérdida de tiempo. Las posibilidades de estructurar una oración, de derivarla en imágenes y metáforas interminables, de formular una pregunta y de buscar una respuesta. Todo parece un enorme pasatiempo. El lenguaje no es tanto una herramienta de la razón sino una forma de pasar el rato. Por ejemplo, César Aira se pregunta por qué Raymond Roussel optaba por el verso medido y rimado como formato para la descripción detallada de situaciones. Es decir, qué lo llevó a usar este método en una de sus obras para narrar un carnaval y tardarse así seis años en terminar. La respuesta —dice Aira— es la ocupación del tiempo. Textualmente apunta «se dirá que esto es una obviedad. Toda obra de todo escritor se hizo ocupando el tiempo que llevó escribirla. Pero sucede que en Roussel la ocupación del tiempo está en primer plano y constituye el motivo de escribir». Así con el lenguaje.

A.) No solo en el ensayo, sino en la escritura el lenguaje siempre es un rodeo. La capacidad para diferenciarme del mundo (construir un Yo), es decir (¡!) expresarlo, es también lo que me aleja de él. Godard en Adiós al lenguaje bien establece que solo podría ver lo de afuera a través de los ojos del perro.

Entonces, mientras más los digo más me alejo. Aunque, también, insistir en decir, por pura probabilidad, me acerca a ello. En todo caso, en los procesos donde el pensamiento tiene oportunidad de decirse a sí mismo, como el arte, es donde podríase estar más cerca de pensar al Yo en tercera persona. Al Yo como parte de algo que no es únicamente mi persona.

¿Tenían clara la idea del género que iban a desarrollar?

Ni idea.

Lo que sí contemplábamos era que el hecho de hacerlo a dos manos tenía la posibilidad de poner en tensión los acercamientos individuales que teníamos (tenemos) sobre la escritura. No particularmente del ensayo, porque no intentábamos hacer un ensayo, sino un ejercicio que reclamara su forma. Obvio no es algo nuevo, pero no deja de ser interesante hacerlo y descubrir hacia donde puede ir. La pregunta sería cuáles otras maneras hay de jugar. No solo en tanto forma, también soportes, códigos, etc. Esta es una, pero hay más y buscarlas es lo más consecuente con la pregunta inicial.

¿Tienen diferencias? ¿Qué pasa si no coinciden en gustos e ideas?

Hasta cierto punto estas diferencias son el motor del proyecto. ¿Cómo retomar la escritura de un texto que poco tiene que ver con tu experiencia o con tu estilo de escritura? Cada quien lo podríamos llevar a distintas zonas, pero hay un compromiso de contestar el correo y acotar el extravío. Luego esperar y entender el ritmo del otro. En cierto sentido hay una tercera voz en el texto. Bien podríamos publicarlo con un seudónimo colectivo. Quizás esa voz sería la única capacitada para hablar conscientemente de cómo se fueron acomodando las ideas y cómo evolucionó el texto hasta el resultado final. Cuando trabajas en un proyecto así se vuelven obsoletos los métodos de edición, tachadura y reescritura de la experiencia individual enclaustrada.

¿Existe una metodología para hacerlo? ¿En qué se enfocaron?

Más que un plan premeditado prevalecía la experiencia en tiempo real. Como una brújula redefiniéndose con cada respuesta; hay una dicho que reza “andando la carreta se acomodan los melones”.

En todo caso, lo que intentamos es asir un espacio compartido, que a la vez no es nuestro. Apropiar cierta experiencia de cierto otro, cosa que hasta ahora se antoja irrealizable.

El énfasis está en el intento y no en la estabilidad de decir esto es así.

¿Cuáles son los temas principales que abordan?
  1. La trayectoria de A a B o de puntos en un espacio que al ser recorridos demandan el saludo de puertas, paredes y extintores.
  2. Las razones por las cuales un salmón sale del agua para toser.
  3. Cubos blancos.

¿Cuál es el impacto del género ensayístico en nuestros días?

Mientras el ensayo personal siga existiendo —como espacio regido por un yo— necesariamente seguirá habiendo un careo con la experiencia cotidiana de quien lo lee. Pensaría ya no tanto en un impacto con reflejos conocidos, sino en la exploración de lugares donde no nos identifiquemos ni haya una coordenada desde dónde hacerlo.

El impacto —del ensayo particular y la literatura en general— podría residir en la inutilidad. En un contexto en el que todo lo que se hace tiene que generar valor, riqueza, servir para algo, lo inútil puede tener potencial crítico.

 

¿Cuántas posibilidades hay de ir de un punto A a un punto B? Ejemplo #7:

 

¿Cuántas posibilidades hay de ir de un punto A a un punto B? Ejemplo #389:

 

¿Cuántas posibilidades hay de ir de un punto A a un punto B? Ejemplo #1042:

 

 

 

 

 

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