Canción de Amor de T.S. Eliot de David Luna

Canción de Amor de T.S. Eliot

 

A stranger has come

To share my room in the house not right in the head

A girl mad as birds

Dylan Thomas

 

Iré a buscarte cuando acabe la lluvia, ocuparás tus botas

para que interpreten un solo acerca de ti

en la banqueta, después de la lluvia, ahí

ahí la luz es diáfana, sin sombras

que nos persigan, sólo charcas, espejos de azul cobalto

te llevaré a pasear por calles que no conoces, calles

poco transitadas para escuchar sólo tus pasos, calles

hermosas como es hermoso lo visto por primera vez.

 

No tendrás cuentas que saldar y el pasado

no será lastre, sino un reflejo, una cobija

para sellar el sueño. Nada más. Ahí donde todavía

nos aguardará la lluvia de los árboles, y lo único que tendremos

será una historia porque el pasado es una nube

un detalle de orfebrería. Alguien se asomará

por la ventana, alguien que pica cebolla

cocerá un tomate. Para compartir, preparará la cena

y, tal vez, se atreva a morder un durazno.

 

Y nosotros, nosotros iremos a ver los transeúntes volver

llevar bolsas llenas de fruta rojiza, veremos niños cargando

sus mochilas repletas de parafernalia escolar, veremos

mujeres tejiendo y destejiendo el mismo mantel

para una cena que no llega.

 

Y la lluvia, la lluvia

sólo será un recuerdo entrañable de algo bello pero inhóspito, será un frío

un frío ineludible que pide puentes, algo pequeño como la lucidez de una alegría

pequeño, como tu diadema que atrapa la magia, eso que otros llaman cabellera

esa maraña que se arde, que suspira como lo hacen las ramas cuando el viento arroja.

 

Habrá tiempo para preguntar lo más irrelevante, tiempo para peinarse

o tiempo para llegar tarde, tiempo para dudar y tiempo para empujar el tiempo

y mirar la tarde desplegarse sobre el cielo como ondean una sábana recién lavada.

 

¿Debería decir que he andado por callejones cuando amanece y he visto hombres

llevar machetes y santos en la espalda, hombres con ropa de trabajo, que he visto

los rastros del humo de camiones viejos, atestados de rostros mirando al cielo?

 

No, no soy un sancho

ni hubiera podido serlo

no tengo palabras simples

para enunciar sabiduría

soy quien te sostiene el abrigo

pone el café y cocina para ti

quien lava los platos cuando sales corriendo y se come

tu avena por la mañana, contento

de serte útil, lleno de dudas

a veces, y en ocasiones, incluso

casi un fracaso.

 

Bien hubiera sido el arpón mellado del ballenero muerto entre los apacibles árticos.

 

¿Debería abrigarme más? Déjame comer un durazno. Cuéntame de Eliot

porque tú estás loca como las aves, como un puñado de caballos salvajes

loca como el mar que se calma a tus pies.

 

Pero eso es para que lo cante otro. Estas palabras, en cambio, son sólo para ti.

Acerca del autor:

David Luna

(Colima. México. 1990)

Estudió filosofía, traduce poesía del alemán y del inglés. Cuenta con un libro de poesía inédito Parusía y otras observaciones. Actualmente está trabajando en su segundo libro Rojo sobre negro, atormentado. Ha publicado en medios electrónicos e impresos. Recientemente antologado en la Antología de poesía Transvolcánica.

 

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