Por Rossana Canto Díaz

Se dice que no hay autor sin contexto. Cuando el escritor lee, explora y quiere saber más del mundo es inevitable que todo lo aprehendido quede plasmado en sus obras literarias, porque, de alguna y otra forma, le marcó y eso repercute mucho en la manera en que escribe o en la temática empleada en la obra. Los apuntes que Thomas Mann (1875-1955) realiza en su libro Dr. Faustus, confirman que “la elaboración de una novela no se limita al lapso durante el cual el autor ha trabajado, de manera absolutamente consiente en la redacción de la obra”. Esto es que el autor no solo se basa en su contexto próximo, sino que está influenciado por otros.

Un claro ejemplo es el autor René Avilés Fabila (1940-2016), originario de la ciudad de México, y también considerado periodista y catedrático universitario. Escribió varios cuentos y novelas autobiográficas, de temáticas variadas, incluyendo mitología, política y educación. Ejerció la docencia en la Universidad Autónoma Metropolitana y el periodismo político y cultural; dictó conferencias en México y en el extranjero, al igual que participó en programas de radio y TV y actuó como jurado en certámenes.

Algunos de sus cuentos fueron recopilados en la colección llamada “Material de lectura”, de la Universidad Nacional Autónoma de México en el año 1994. El volumen contiene 17 cuentos cortos, algunos de una hoja, otros de máximo 3. Todos con un aire de didactismo, es decir, que buscan inculcar en los lectores una toma de conciencia de sus actos.

Uno de los temas más notables es el de la mitología griega. Por ejemplo, en Mitología publicitaria, se crean espacios relacionados a los animales mitológicos como “Cerbero”, perro de tres cabezas, que tenía una culebra por cola y en su lomo muchas cabezas de serpientes, su misión era cuidar las puertas del Hades (el inframundo griego) para que los vivos no pudieran entrar sin permiso y los muertos no pudieran salir. Así tal cual está plasmado en el cuento, pues una persona con ese nombre, se encarga de vigilar el bar en donde la gente va para divertirse y emborracharse, pero que una vez que entran ya no pueden salir: “Es necesario mencionar que la gerencia, en busca de su gran golpe publicitario, puso en la entrada a Cancerbero, que lanza desde sus fauces aullidos triplemente espantosos y que, cuando la ocasión requiere, vomita fuego”.

El bar mencionado en el cuento se llama “Averno”, definido en la mitología griega como un lugar donde van a parar las almas de los muertos o los condenados por la justicia divina. En el texto, Averno es el bar donde las personan van a beber, divertirse, a cambio de que se les da dinero o promociones de consumo, con la condición de ofrezcan su cuerpo para ser torturado con el único propósito de entretener a los demás clientes; también los torturan por castigo porque incumplieron las reglas. La experiencia mitológica de la obra se extiende más allá de estos nombres, y se explora en los tres actos que cuenta el texto. El primero es “Cancerbero”; el segundo “Las sirenas o la libre empresa”, haciendo relación al maltrato animal que se ha vivido desde hace muchos años; y el tercero “Las Arpías”, donde el tema principal es sobre las tentaciones de hoy en día por quedar como los estereotipos que la sociedad ha puesto para lograr cierta aceptación.

Otra referencia mitológica griega es el cuento “Minotauromaquía”, basado en la pintura de Pablo Picasso (1935), que consiste en un aguafuerte. Esta pintura suele ser de difícil interpretación simbólica ya que es una síntesis de todas las obras en torno al mito del minotauro. Como se sabe, este ser mitológico tiene la fama de haber estado en un laberinto como castigo. Según cuenta la leyenda, las personas eran sacrificadas, internándolas ahí para que después de unos días, sean devorados por el minotauro. En el cuento no hay laberinto, pero sí es mostrado como un luchador que le pagaban para matar personas que eran criminales.

Otro tema que se hace notorio en uno de los cuentos es el de la mitología prehispánica: Quetzalcóatl (Serpiente emplumada), llamada en el texto como “La serpiente sin pelo”. Se describe a esta deidad como un ser inofensivo, pero que llega a causar temor y desconcierto en la gente. Lo mismo pasa con cualquier Dios, se le da afecto, y al mismo tiempo vivimos con el temor de pecar y que recibamos un castigo. No sabemos a ciencia cierta cómo sería un dios realmente, o uno de esos seres mencionados por las mitologías, pero el autor supo otorgarles su esencia a los cuentos, es decir, traerlos a nuestra contemporaneidad, hacerlos existir en la página, a través de nuestro lenguaje cotidiano.

 

Rossana Canto Díaz. Estudiante del cuarto cuatrimestre en Lengua y Literatura Hispana del Centro Universitario República de México.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *