Por Ihovan Pineda

 

Nagara, de Juan Carlos Recinos, es un diálogo íntimo, un diálogo del poeta consigo mismo, y en este sentido, Nagara es un encuentro, más que una búsqueda, es un encuentro; porque es poético, no filosófico.

En Nagara hay un poeta testimonial, porque da fe de acontecimientos externos, y hay también un poeta confesional, porque habla de sucesos personales. Pero esto, lo personal, ha de volverse universal; lo subjetivo ha de ser objetivo; el sentimiento ha de ser racional, lúcido; para qué, para que sea poesía, para que sea de todos nosotros, para que nos pertenezca, pues como bien lo dijo Hugo Gutiérrez Vega: “lo único que hace la poesía, es cantar lo que a todos pertenece”. Y esto, en Nagara se logra, porque hay una madurez poética, hay un poeta que, con paso firme y constante, ha trazado su camino, su voz, su canto.

En Nagara hay elementos, que configuran su mundo poético, y que Juan Carlos ha venido trabajando desde sus dos primeros libros (Cantos peregrinos y Cartografía íntima). Elementos como la luz, la noche, el agua, las aves y uno muy marcado en este libro, la casa. Todos estos elementos y/o figuras recurrentes, significan, van, como lo señala Américo Ferrari, construyendo a manera de imágenes núcleo, este andamiaje poético.

Cabe señalar que estos elementos están presentes desde el mismo poema introductorio, poema que, a mi parecer, lo anuncia todo, como el mismo título Nagara, que nos dice, que sin embargo la luz de las cosas sigue, pues es más fuerte el canto, la poesía, que la muerte y que la ausencia; a partir de este poema reconocemos el significado y el camino de Nagara.

Ahora bien, Nagara está compuesto por cuatro apartados, cuatro puntos cardinales: Nagara, visitaciones, partituras y galerías, y estos apartados son aquí como los cuatro elementos de la vida: agua, aire, fuego y tierra, sin uno de estos elementos la vida no es posible y tampoco la poesía. Aquí hay fuego en la luz; aire en los árboles y pájaros; agua en la lluvia, ríos y llanto; y tierra en la casa y el cuerpo.

Y es por esta configuración poética, por estos elementos que a Recinos hay que leerlo despacio, hay que detenerse para leerlo, y hay que buscar el silencio para leerlo en voz alta de conciencia, hay que detenerse como lo indicaban Porchia y Juarroz, para escribir y para reescribir lo leído. Hay que detenerse para ver pasar el río, caudaloso, de la vida.

En cuanto a los tiempos, y sabiendo que el tiempo es la cuarta dimensión de las cosas, en Nagara el pasado se vuelve presente para augurar un buen futuro, ya que, a pesar de la mentira y la derrota, el mundo fue perfecto, la luz clarísima y todo, en las sombras fue visible; y aunque el poeta ya no dispone de amor, dispone de la poesía, del silencio con que se hizo todo: la vida (su hijo Elliot), el amor (la pareja y los amigos) y la poesía (el canto, la razón, el misterio, el milagro de la vida).

Descubro también en Nagara el tema del yosotros, del yosotros unamuniano, el de Paz, de Jabés, de Lévinas, el de aceptar que fuimos en el otro, tema este que atraviesa horizontalmente todo el libro; la aceptación y el reconocimiento de “los otros todos que nosotros somos”, decía Octavio Paz.

También resulta que, mientras otros escriben cartas a sus amigos, Recinos les escribe poemas, y personalmente, recuperar esta estrategia poética epistolar es bueno.

Otro detalle importante es que en la poesía de Recinos no encontramos nada que tenga que ver con la ciudad (o muy poco), con lo urbano, con el asfalto o con las máquinas. Al contrario, aquí hay un poeta que viene del bosque, de la selva, donde aún fluyen los ríos y donde los relámpagos iluminan la bastedad del pensamiento del hombre. Donde el canto del pájaro es nítido y terrestre. Aquí hay algo montejiano, hay algo de terredad en todo esto.

Asimismo, Recinos le apuesta a las imágenes, más que a lo discursivo. Trabaja para ello con el verso libre, con poemas cortos, no de largo aliento. Le apuesta a la brevedad, al parpadeo, a la fugacidad de la noche. A la repetición de signos para reforzar la imagen, y a una forma poética de orfebre. Lo que se repite significa, dicen los simbolistas y semióticos, y por ello encontramos repetidamente los elementos ya comentados.

Así pues, en estos poemas la distancia hace posible los hechos. Los días que se desploman y el canto que queda. Es el viaje de los días y el paso por esta misteriosa vida, por eso, de pronto, el canto de Recinos es místico. Le apuesta al canto antiguo, mineral, al canto de los pájaros que es origen, elevación y milenario.

Por último, celebro, y hago énfasis, en el canto al hijo, en los versos suaves y afilados dedicados al primogénito, versos colmados de entera verdad, versos que, para quienes somos padres, nos doblan por el drama humano de la vida, que a veces se complica.

Nagara es pues un diálogo íntimo, el encuentro de uno en todos. Es también un reconocimiento y afecto por las distintas formas del amor y manifestaciones de la vida. Es un canto que por su realidad ontológica y poética, estremece. Y sin duda, aquí se comprueba aquello de que la biografía de un poeta es su obra.

 

 

Ihovan Pineda. Poeta, ensayista y profesor de materias relacionadas con la teoría de la lectura y la redacción. Licenciado en Letras y Periodismo y egresado de la Maestría en Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Colima. Autor de los poemarios Estarnos queriendo y pasado mañana (2008), De cómo las cosas han cambiado (2011), Principios de Incertidumbre (2015) para el cual fue distinguido por el CONACULTA con la beca FECA 2013-2014 en la categoría de Jóvenes Escritores y Bitácora de recuperación (2016, en prensa con PuertAbierta Editores). Su obra ha sido antologada en los libros En Memoria del Terremoto publicado por la Universidad de Colima; Anuario de Poesía Mexicana 2004 del Fondo de Cultura Económica; Apuntes de literatura colimense de la Universidad de Colima; antología poética Locos de los 70´s de Fides Ediciones; y en Toda la mar, la presencia del mar en la poesía colimense publicado por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Colima. Asimismo, en 2016 fue incluido en la Enciclopedia de la Literatura en México de la Fundación para las Letras Mexicanas y asimismo en la antología virtual Poetas del Siglo XXI: Antología de Poesía + 10.000 Poetas de 177 Países, del poeta español Fernando Sabido Sánchez.

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