Muerto a los 19 años, en circunstancias que conllevan un dejo de misterio, Félix Francisco Casanova dejó una novela, algunos cuentos y varios volúmenes de poesía. En su obra no se resigna a formas métricas regulares. En sus poemas yace una fuerza primigenia que a menudo lleva al lector a reconocer un ritmo y una cadencia propia de una canción de rock’n’roll.

 

 

SÍNDROME N°1

Siempre tengo nostalgia
de lo que no he vivido,
la ventana se abre al frío
del ángel exterminador
y el año se llama invierno,
la sombra de mi cuerpo
flota como un cadáver.

(25-5-1974)

 

4
(Reo)

Uno, dos…
Jeremías cuenta hasta cien
mientras rezas.
Las caleseras pútridas en los baúles
y los gemelos de ojo de cangrejo
y las babas de almidón.
Jeremías, ponte el medallón azul
con el santo que camina por la
mar con babuchas de ojimel.
Nueve, diez,
los rusos llevaban gorros de
piel de caín,
los bárbaros eran bolos
trenzados y los romanos
canes de oropel.
Diecinueve, veinte,
El aljibe arde, las mujeres
de mis hijos, comidas por las bestias
del Caribe.
Dios sabe que mi corazoncillo
es un patio desnudo,
la oquedad del cántaro vacío.
Treinta y nueve, cuarenta,
Yo vi los monstruos del cielo
descender hasta mí y hablarme
del polen del sol,
las estancias del vidrio,
los secretos de la alquimia.
Jeremías, declárate loco,
renuncia a tu visión.
Cincuenta, cincuenta y uno,
la ceremonia entre estalactitas,
los ángeles con pelos de hierro y
meollo en mano, con lepra
sus cuerpos cascajosos lamían cuernos
de luz interna.
Ochenta y cinco, ochenta y seis,
averno, tu corona me ciega.
Jeremías, la hora llega,
apuras tus ideas, ríndete.
Ellos moran aquí, son pequeños y enormes,
están en el agua, en el coito,
en los relojes,
noventa y nueve.

 

Música de ozono

El crujido del agua
encharcada en la noche,
la lengua cyan de un gato
enamorado, flor polar
sangrando,
las notas pequeñas
a poco volumen,
un filo de viento, un hilo de lluvia,
justo lo innecesario.

(1-1-1974)

 

BLUES

Un día en que estaba muy triste vi un blues pequeñito paseando solo por la carretera. Corrí a su encuentro y le tendí la mano, pero me rechazó. Lo intente varias veces, mas no aceptaba. Entonces lo seguí con la vista, agazapado entre los matorrales. De repente la carretera se acabó y, justo en el momento en que caía al abismo, me arrastró con su mano.

(28-9-1974)

 

Síndrome N°5

A quien está a mi lado
le exijo, por ejemplo,
que no me destruya,
ya que no soy ningún ave fénix,
y por favor, si después de muerto
viene a visitarme,
que no me cuente los misterios.

(25-5-1974)

 

Suelo quedar dormido
mirando la luz de una vela,
en mis sueños la llama incendia la noche
que cae como el telón al final de una tragedia,
el fuego sigue creciendo como un niño interminable,
en el sótano perecen los fantasmas olvidados
y en las calles sin salida
mis amigos se agolpan temblorosos.
Esa música crujiente
que avanza como un ejército de muertos,
el viento inflamable que destroza las estaciones
como la coz de un caballo en libertad,
así de fuerte es mi venganza,
así me ahorco con la soga del campanario
para que os persiga la música del metal
que mata.
Y nunca más haréis el amor
ni oleréis ese manjar que es el agua.
Pero cuando el tren el sueño
se detiene, es imposible describir
la tristeza que retorna a mis ojos,
testigos ridículos de ese trozo
de cera que se está consumiendo.

(13-12-1974)

 

ERES UN BUEN MOMENTO PARA MORIRME

 

A María José

 

Amaneciendo y anocheciendo

a un mismo tiempo,

cariño, ¿no es ésta la forma

en que te gustaría vivir?

En mi cabeza hay un álbum

de fotos amarillentas

y lo voy completando con mis ojos,

con los más leves ruidos,

atrapando olores en el aire

y en cada sueño que sueño.

¿Sabes una cosa, pequeña?

La última página de mi álbum

tiene tu boca lluviosa mordiéndome un labio,

un disco de rock’n’roll

y calcetines de colores.

Mis ojos han sido rápidos,

te he hecho el amor con la ropa puesta

a través de una

larga pajita dorada

mientras cruzabas la calle

con el cabello ardiendo.

Pero ahora son tus pies

quienes dan mis pasos

¡así que no te equivoques

pues me caería!

Te bebo en cada vaso de agua

que sacia mi sed,

mis palabras son claras como niños pequeños

o espesas como semen empapando cortinas,

pero hoy tengo que inventar

un nuevo idioma

para conversar con tus tiernos maullidos eléctricos

y los gritos de euforia

de la gente que vive en tu cabeza.

Debes saber que a veces

soy como un entierro interminable,

siempre triste y azul

subiendo y bajando

por la misma calle.

Pero otras veces soy un río de risa

Corriéndome por toda la ribera,

haciendo el amor a la mar,

una felicidad contagiosa,

un revólver de amor, nena,

y voy a disparar justo a tu corazón

¡bang, bang!

¿te di?

Quiero arrollarte, enrollarte y arrullarte,

montaña de aguardiente

y tarde rojiza.

Eres un buen momento para morirme.

 

(14-12-1975)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *