Juan Carlos Gómez Recinos nos presenta el siguiente ensayo, sobre la novela “Una familia de héroes”, del escritor colimeño Gregorio Torres Quintero.

 

A Ciprián Cabrera Jasso (†),

lector  y amante de la naturaleza.

 

 

Decir es nombrar, y esa es una de las premisas fundamentales de todo narrador (y poeta también). Afán que se combina con recuerdos, fantasías, experiencias, creatividad e ingenio. Mismos que emprendió Gregorio Torres Quintero en su novela, Una familia de héroes, obra ejemplar para la historia colimense y del país, la cual escudriña un tema imprescindible de la historia oficial de nuestra nación; la Independencia de México. Novela misma, que me atrevo a situar entre las más importantes de su género, por la dualidad histórico-didáctico en que fue concebida en la primera década del Siglo XX mexicano.  Además, nos da un panorama de los cambios sociales, económicos, ecológicos, tecnológicos, entre otros, en los que se ha visto envuelto nuestra patria, desde la llegada de los españoles y su cultura antagónica, a la establecida en estas tierras, acontecimientos sin los cuales sería difícil entender el México actual.  La presencia de este libro en la historia y la cultura de la entidad, viene a confirmar dos cosas sobre  el autor, la primera, la vigencia de su vasta obra, misma que ha trascendido las barreras territoriales,  y la segunda, que con la misma obra es posible revivir el pasado que como colimense nos atañe y al cual le debemos una mínima reflexión, en las muchas y posibles formas lo anhelemos.  Ante este antecedente, me es factible formular dos preguntas, ¿Cuál es el lugar de Torres Quintero dentro de la producción literaria de fines del siglo XIX e inicios del XX en Colima? ¿Se ha hecho la valoración apropiada de la obra narrativa de Torres Quintero? Estas dos cuestiones son importantes analizar en este texto, asimismo, explorar la expresión del autor, acerca de una sociedad de la cual formó parte en el proceso de transición hacia su libertad.

 

Primera aproximación.

            Colima ha sido tierra pródiga de autores fundamentales, tanto para la entidad como para el país,  y desde mediados  del Siglo XIX e inicios del XX, narradores y poetas comenzaron a esbozar el trayecto de la actual literatura colimense. La cual es muy rica en sus diferentes propuestas, ya sea poesía, novela y cuento. Además, cabe señalar los trabajos de traducción que realizaron algunos, mismos que aún permanecen  vigentes por la alta calidad estética con que fueron consumados. Con el término literatura colimense, no quiero dar a entenderla como  “localista”,  porque la literatura creada en esta entidad nunca lo fue y ni lo será. Y de eso queda constancia en los textos de escritores como Atanasio Orozco, Ignacio Rodríguez Valencia, Severo Campero, Blas Ruiz, Crescencio Orozco, Salvador Orozco Escoto, Manuel Rivera Salcedo,  Juan Carlos Calvillo de La Vega, Ricardo Véjar Madrid, Balbino Dávalos, Juan Curiel Suárez, Martín Medina Leal, Martín Robles Cárdenas, Abraham González Robles, María del Refugio Morales, Carlos G. Govea, Celso Arias Pérez, Agustín Santacruz, Manuel Rivera, Margarito Villalobos Lara,  Francisco José Yáñez Centeno, Ismael Yáñez Centeno, Felipe Sevilla del Río, Manuel Sánchez Silva, Francisco Garibay Batista L. Darío Pizano, Ricardo Guzmán Nava, Benjamín Pineda Gutiérrez, María Espinosa, Gabriela Vázquez Schiaffino, Josefina Arreola y Rosa Castillo de Fuentes,  además de  otros, que nacidos fuera de la entidad  y que a corta edad de vida hicieron de Colima como propia, cabe mencionar a Juan Valle, Francisco Eulogio Trejo, Miguel García Topete, Arcadio Zúñiga y Tejeda, Arcadio M. Azuaga, Jorge Inda, Miguel Galindo, Basilio Vadillo, por nombrar a los de mayor renombre, autores que compartieron muchas afinidades, ya sea por publicar en el mismo periódico, semanario, o en su caso por pertenecer a esta o aquella agrupación cultural. Pero ¿Qué pasó con estos escritores? ¿Porque no trascendieron como Balbino Dávalos, Gregorio Torres Quintero, Felipe Sevilla del Río o  Arcadio Zúñiga y Tejeda, quién para empezar, no era de Colima, pero que supo encajar en el medio cultural, por citar a los que son referencia obligada de  dicha época señalada?  Las respuestas pueden  ser muchas pero solo voy a sugerir algunas. Los que trascendieron en el ámbito nacional fue porque emigraron del estado de Colima a la capital del país, y a su vez, frecuentaron  círculos literarios donde la élite exaltaba o sepultaba según el ambiente preponderante y porque alcanzaron puestos de funcionarios públicos en el gobierno mexicano de la época. Los que no trascendieron y se anclaron en Colima fue porque, a pesar de lograr publicar su obra, realizaban ediciones limitadas, lo cual generaba la escasa difusión de la misma, por otro lado, y en gran parte, por situaciones económicas o porque eran autodidactas y muchos de sus trabajos nunca fueron publicados en un libro, sino en publicaciones representativas de la entidad, lo cual hace hoy en día que lo poco que se conserve, sea valorado, convirtiéndose algunos en glorias locales. Los nombres mencionados no son todos los que han ayudado a perfilar la actual literatura colimense, pero sí, de los cuales se tiene registro fidedigno. En este marco propuesto, de tan prolífico grupo, es donde cabría situar a  Gregorio Torres Quintero, asimismo el de la novela, misma que enmarca una de sus pasiones que no logró ejercer a plenitud: la literatura. Dicho esto, es evidente lo poco que se ha valorado su obra narrativa,  como la de los otros autores, debido a que muchos creadores contemporáneos han  centrado su interés en seguir creando obras que pasen a la posteridad. ¿Cómo decir e insertarse en el corpus actual de las letras colimenses, si lo inmediato a lo creación propia se desconoce? Apenas se empieza a valorar a la literatura de esa época. A las nuevas generaciones corresponde reducir la brecha. Habrá quienes digan lo contrario,  que se ha realizado un trabajo excepcional de dicho autor, y tal vez me equivoque en lo que enuncio, pero lo que sí es un hecho, es que apenas nos estamos quitando la venda ante obras de gran talante de nuestros autores colimenses.

 

Segunda aproximación

             La novela, Una familia de héroes, concebida para niños que cursaban los primeros años de Educación Básica, demuestra el gran conocimiento del autor de cada región del país de aquel entonces, fines del Siglo XIX e inicios del XX.  Lo cual hace de la misma, una lectura de consulta general y obligada. Donde las posibilidades de aprendizaje y conocimiento son infinitas. Dicho libro transita de la mano de Feliciano Suárez, personaje central de la narración, quién cuenta anécdotas con un caudal significativo de léxico, historias que en un porvenir no muy lejano, habrían de convertirse en parte de la historia oficial. Pero ante esto cabe una pregunta ¿La historia de México es posible entenderla sin sus héroes anónimos? ¿Cuántos de esos miles de valientes héroes tiene registrado la historia oficial? Difícilmente se podría imaginar el proceso de Independencia sin toda la gente que participó. Hoy en día tenemos noción de ciertos nombres como el de Hidalgo, Morelos, Aldama, entre otros, gracias a que ellos encabezaron dicha revuelta y porque creyeron que un México libre,  era un sueño anhelado y necesario para avanzar en el camino de la libertad.  De los miles de valientes que combatieron al enemigo en los diferentes frentes, se cuentan grandes hazañas, como la del Pípila, joven que con su notable habilidad consiguió el reconocimiento de la prole y tener un  lugar en la historia mexicana. ¿Pero cuántos como Narciso Mendoza, han sido olvidados ante la construcción de nuestro pasado, mismos que dejaron su vida en el campo de batalla? La mayoría.  Y es aquí donde la novela justifica su razón de ser. El título de la misma Una familia de héroes, da comienzo al relato a través de un  hombre campesino que regresa a buscar a su familia, y que al encontrarla, comienza a compartir toda la historia  de su vida y la historia de un México efervescente en los flancos hacia donde se le mire. Torres Quintero supo que la historia de nuestro país tenía que contarse de una manera amena y sencilla, donde se pudieran apreciar los elementos de la estructura social proliferante en la época, además de la sublime descripción del sinnúmero de oficios  que el autor  señala en la novela y el panorama agrícola. Cuestiones que me suscitan otra reflexión ¿Cuántos de esos oficios existen hoy en día? El hombre en su afán de mejores comodidades, ha olvidado el valor de lo que sus manos fueron capaces de producir, para dar paso a las actividades industriales, las cuales producen todo en volúmenes innumerables y grotescos. Las cosas que la madre naturaleza nos brinda sin costo alguno, no ha sido del todo entendido por el hombre, quién sin respeto y amor hacia ella, ha venido destruyendo todo lo que a su paso ha encontrado. Leer Una familia de héroes, hasta cierto punto, pareciera ser un manual descriptivo de lo que ha existido en nuestro país, mismo que nos solicita una urgente valoración con lo que convivimos en nuestro entorno, tal como la orografía y la hidrografía, las cuales han sufrido cambios provocados por el hombre.

            ¿Qué existe del México descrito  por Torres Quintero? Todo y nada. Todo, porque aún prevalece el ideal de libertad por el que se originaron estas revueltas internas en el país, a pesar del alto grado de violencia con el cual lidiamos en la actualidad, la marginación social que forma parte del folclor nacional desde aquellas fechas. El suelo que pisamos al caminar, la tierra que habitamos, todo ha sufrido cambios. Los ríos de aguas cristalinas y caudalosas que nos describe el autor, hoy en día son riachuelos contaminados por la acción voraz del  hombre. Donde antes había cerros verdes con árboles frondosos, aves de plumaje elegante, hoy no hay nada, la deforestación nos ha dejado paisajes tristes, zonas estériles y sin utilidad alguna para la economía local. Todo ha sucumbido ante la ambición. Han bastado dos siglos para alterar casi por completo lo que ha costado cientos de ellos erigir ante nuestros ojos. La sociedad consumista ha sustituido en gran medida nuestras costumbres por una de rendimientos inmediatos y de un utilitarismo desmedido. Aún juzgamos al indígena que utiliza su vestimenta típica por parecer desagradable ante las exigencias de la actual sociedad. Se nos olvida a nosotros, que nuestra identidad cultural proviene de eso que negamos. De esta manera, leer la novela Una familia de héroes, puede convertirse en una invitación del autor al lector para explorar los rincones de nuestro país, porque de la sublime patria que nos narra, aún quedan territorios donde la mano del hombre no ha intervenido en su transformación.

 

 

Bibliografía.

Guedea, Rogelio, (2001). Los decimonónicos. Antología poética colimense del siglo XIX. México: Universidad de Colima.

López Rivera, Rigoberto, (1965). Antología poética colimense. México: Al libro mayor.

Serrano Álvarez, Pablo, (1994). Colima en el camino de la literatura. Novela, cuento y poesía. (1857-1992). México: CNCA.

Torres Quintero, Gregorio, (1961). Una familia de héroes. México: EDITORIAL PATRIA, S.A.

Torres Quintero, Gregorio, (2010). Una familia de héroes. México: Universidad de Colima.

 

 

Juan Carlos Recinos. (Pichucalco, Chiapas, 1984). Director de Jaguar Ediciones. Es poeta, ensayista y traductor.  Lic. En Ciencias de la Educación por la Universidad Vizcaya de las Américas,  campus Colima. Mención honorífica en el concurso de Poesía FIL Joven 2002 y en los Juegos Florales de Zapotlán el Grande 2007. Becario del FECA del Estado de Colima 2012, en poesía. Autor de los poemarios “Cantos Peregrinos (2008, 2011 y 2012), y de “Cartografía íntima” (2015). Ha traducido a Georges Schehadé, Saint John Perse y a Yves Bonnefoy. Del 2006 al 2010 fue director adjunto del suplemento cultural Altamar, del diario Ecos de la Costa, junto al poeta Alberto Vega. Ha sido antologado en Panorama de la poesía mexicana (2009), Antología Poemas al padre y a la madre  (2011), El festival de la palabra (2011), Gregorio Torres Quintero. Enseñanza e historia  (2012),  Arte efímero. Fotografías del proceso de construcción de La Petatera (2017) y en Fragilidad de las aguas.  Antología poética del sureste mexicano 1980-1989 (2018). Actualmente forma parte del consejo editorial de la “Revista Morbo”, editada en Campeche. Forma parte de la Asociación Poetas del mundo. Textos suyos han sido publicados en México, Estados Unidos, Brasil, Ecuador, Perú, España e Inglaterra. Parte de su obra ha sido traducida al maya y parcialmente al portugués, francés e inglés. Recientemente fue incluido en la Enciclopedia de la Literatura en México, de la Fundación paras las Letras Mexicanas del Gobierno Federal y actualmente escribe la columna La espiral de Elliot en El Comentario Semanal del periódico El Comentario de la Universidad de Colima y Apuntes de poesía en la revista Marcapiel.

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