Dramaturgia contemporánea: Esteban de Héctor Cisneros

Esteban

Mario.

Esteban.

Una sala de un departamento. Está sucia, descuidada, como si no hubiera sido habitada en mucho tiempo. No hay muebles más que un sillón con la vestidura ya rasgada. A la derecha, la puerta del baño; está cerrada. Entra Mario.

No viene nadie, ya vi por todas las ventanas, no se oye nada… Güey, güey, ya sal del baño, carajo… ¡Güey!… ¡Mejor ve por la ventana a ver si no vienen!… ¿Seguro que nadie nos vio?… ¿Güey? ¿Esteban?… ¿Y si sí nos vieron?… o… o… ¿si alguien oyó?… ¡Esteban!… ¿Cuánto tiempo vamos a estar aquí, eh?… ¡Esteban!… (Pausa) Oye, oye… ¡Revísate! ¿No se te cayó algo? (Mario se busca en los bolsillos, saca unas llaves, las guarda, saca un pañuelo, se le queda viendo) Usaste el pañuelo, ¿verdad?… No dejaste ni una huella, ¿verdad?… ¡Te estoy hablando! (Esteban tose desde el baño)… ¡Carajo! ¡Reacciona!… ¡¿Dejaste huellas, sí o no?!… ¡Esteban!… (camina de un lado a otro de la habitación) Carajo… ¿Para qué nos metimos en esta? ¿Para qué nos metimos en esta? (desde el baño se oye toser a Esteban, se oyen algunas quejas) ¡Tú primo y su encarguito! ¡Tú primo y su encarguito!… ¡Me lleva…! ¡Al diablo con tu primo y su encarguito!… ¡Maldita sea! ¡Esteban! ¡Mal…! (se interrumpe; atento escucha; Esteban vuelve a toser) ¡Cállate, carajo! (Esteban se calla; Mario se lleva una mano a la oreja para oír mejor; se quedan un momento en silencio) ¡Te digo que hiciste mucho ruido, pendejo! (Esteban vuelve a toser) Nos han de haber oído… Alguien ha de haber llamado a la policía… No, no, a lo mejor ni le llamaron, vecinos huevones… o tal vez sí… ¿Para qué me metí en esta?… Ya nos han de andar buscando (otra vez da vueltas por la habitación) ¿Y el dinero, güey? ¿El dinero cuándo nos lo dan? ¿Eh?… La chavita gritó re feo… ¡Y sí la amordacé! ¡La amordacé como me dijo el Pedro! ¡La amordacé justo como me dijo! (Deja de caminar) Lo bueno es que cuando gritó ya era la última… Si no, no nos hubiera dado tiempo de limpiar nada… Si hiciste un batidillo… Qué idea de despacharlos a cuchillo… Hubieras seguido tratando de ahogarlos. Pero te tenías que desesperar, güey. ¡Cómo apesta tanta sangre! (Esteban hace ruidos de querer vomitar; vomita) Ni te has bañado, ¿verdad, cabrón? (va y golpea la puerta del baño) ¿Y qué esperas? Y enjuaga también tu ropa, que eso es lo que te da asco… No manchaste la camioneta, ¿verdad, pendejo? Te cambiaste y te trajiste toda tu ropa sucia, ¿no es cierto?… ¿Esteban?… ¡Esteban! (patea la puerta; Esteban vomita) Más te vale que no la hayas ensuciado, cabrón ¡Me lleva la chingada! (Se sienta en el sillón) ¡Maldita sea, tú y tu primo! ¡Qué ni tu primo es!… Nos debieron de haber oído, las luces de la casa de a lado estaban prendidas cuando nos fuimos… Si nos atrapan no hay dinero. Tu primo ni sabe que tengo familia, y no nos visitará a la cárcel para preguntar… Todo se va a ir a la chingada ¡Todo al carajo!… necesito ese dinero, lo necesito… Ya nos han de estar buscando… Esteban… ¡Esteban!… ¡Apúrate, carajo! Que quién sabe cuando van a venir por nosotros. A ver a qué hora se presenta el Pedro. (El ruido de una sirena) ¡Ya vienen! ¡Ya vienen! (se tira al suelo; del baño hay ruidos de que se caen algunas cosas) ¡Ya nos agarraron! (La sirena pasa de largo) Nos han de estar buscando ¡Has de haber manchado la camioneta!… (se incorpora) Nos van a agarrar cabrón, nos van a agarrar. El grito de la chamaca se ha de haber oído en cuatro cuadras… ¿Qué vamos a decir, eh? ¡¿Qué vamos a decir, Esteban?!… Nos van a agarrar y no sabemos qué decir (Esteban tose) ¡Ya, cabrón, ya! En vez de chillar ponte a ver qué vamos a decir, ¡maricón!… No nos debimos de haber metido en esto, ni por la plata ni por nada… ¿Qué vamos a decir, güey? Si mentimos se dan cuenta; nos preguntan por separado… ¡¡¿Qué podríamos decir?!! ¡¿Qué se suicidaron?!… ¡Puta madre!… (Larga pausa. Mario piensa) No vas a decir que fui yo, ¿verdad? No nos conviene contradecirnos… Digamos la verdad, Esteban, quizá así y hasta nos bajan la condena por arrepentimiento, por cooperar con la justicia, por yo qué sé. Digamos la verdad, es más fácil. No me vas a echar el mitote, ¿o sí? Vas a decir la verdad, ¿no es cierto, Esteban?… ¿Esteban?… ¡Esteban!… ¡Vas a decir que los mataste porque tú los mataste, carajo!… ¡Tú los mataste y eso vas a decir! ¡Tú fuiste el que los agarró a cuchillazos!… Yo sólo cuidaba a los otros…No voy a pagar lo mismo que tú porque yo no hice nada… Mi familia me necesita, Esteban. Tú no tienes ni perro que te ladre. Ni tú ni yo queremos acabar en el bote hasta pudrirnos, pero tienes que decir la verdad; es más fácil… Esteban, no me vas a echar la culpa, ¿o sí?… Cuando nos separemos no me delatarás si te atrapan, ¿verdad? No lo harás, ¿verdad?… Sólo tú me puedes echar la culpa… ¿Esteban?… ¡Esteban!… ¡Carajo! Sólo tú me puedes echar la culpa. No me vas a traicionar, ¿verdad? Tú no eres un cobarde y aceptas tus acciones. No eres un cobarde, ¿o sí?… ¿Esteban?… Esteban, te estoy hablando… ¡Esteban!… No me puedes traicionar, cabrón (llevándose la mano a la pistola que tiene a la altura del cinturón, por debajo del pantalón) No lo harás, ¿verdad? (camina hacia la puerta del baño) Digamos la verdad, porque se debe decir la verdad… ¿Esteban? Si te atrapan no les dirás nada sobre mí, ¿no es cierto? Les dirás la verdad: que tú los mataste y nada más tú. (Saca la pistola) Eso harás, ¿no es cierto, Esteban? (pone la otra mano en la chapa de la puerta, levanta el brazo con la pistola, listo para disparar) No vas a salir con que yo los maté y tú no hiciste nada, ¿verdad? ¡Contéstame! ¡Te estoy hablando!… Tú los mataste y ahora tienes que cargar con eso, tienes que cargar con que los mataste y es una carga pesada, muy pesada… así como te sientes (le tiemblan las manos; quita la mano de la chapa) tienes que cargar con su muerte, con su muerte (baja la pistola)… Digamos la verdad, eso es todo (se vuelve, da la espalda a la puerta y se aleja. Se pasa las manos por la cabeza) Sólo digamos la verdad… Fuiste tú… (La puerta del baño se entreabre, suenan un poco sus goznes) La verdad… (Sale una mano con una pistola, apunta contra Mario) Eso es todo… La verdad, y nada más… (La pistola hace fuego. Mario cae. La puerta del baño se cierra rechinando. Esteban tose y se oye alguna queja; vomita).

 

Héctor Cisneros Vázquez (México, DF). Diplomado (SOGEM), licenciado (UACM) y maestro (University of Texas) en Creación literaria. Fue becario del programa Fulbright de Estados Unidos, del programa de estudios en el extranjero del FONCA y del Dodson Research Grant de la Universidad de Texas. Ha sido ganador del concurso nacional de poesía Dr. Enrique Peña Gutiérrez (Sinaloa, 2016) y del concurso de poesía Timón de Oro (Secretaría de marina, 2017). Ha publicado y traducido poesía en varias revistas. Sus cuentos han sido premiados en el Concurso de cuentos y tradiciones nacionales (UAM, 2011), en el Premio de literatura Joven Max Rojas (Iztapalapa, 2011) y han sido publicados en antologías como Minotauro (LHF, 2011). Es miembro fundador de la Red iberoamericana de estudios sobre la oralidad y ha expuesto en conferencias internacionales sobre oralidad y literatura. Ha sido jurado literario para los Estados de México y Guerrero.

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