Presentamos seis poemas de Artemio González García (1933, Arandas, Jalisco, México). Poeta, narrador, dramaturgo y ensayista.

 

 

ELEGÍA Y FUGA SOBRE LA MARCHA HUMANA

 

Voy perdiendo la estrella poco a poco

irremediablemente

cada instante que pasa

soy el huérfano de algo que se muere.

Estoy abriendo la cápsula

del silencio más virgen,

porque me estoy quedando solo

y evidencio

que me estorban la luz y la palabra.

Paso… a… paso…

así… me deshereda

la rosa del perfume,

y en el despojo de mi flor terrestre

¡me hiela la orfandad de la belleza!

Paso… a… paso

se apaga la mujer del plenilunio,

y el basurero del olvido humano

atraviesa el jardín muerto del mundo.

Se hunde mi voz y se desploma

el edificio del idioma

donde

Dios está en su inconsútil epicentro…

No hay duda, voy al bálsamo y al sueño.

Ya, en la acechanza humana

se pierde lenta… hasta el jamás…

inexorablemente el ansia viva de sonatina

¡con que pasó a mi lado la mujer de la fiesta!

Ya sin viento de tierra,

sin la tierra del viento

ni el diptongo del lírico quejido

podrá venir conmigo…

 

 

A LA MUERTE DE LA COMEDIA

 

Brújulas negras. Nortes muertos.

Luto en el meridiano.

Avería en el rumbo.

Dirección dislocada.

Se reventó el camino

y en el hirsuto lazo de la desgracia

cuelga una marioneta…

Este es nuestro cadalso. Nuestra horca.

¡Allí está nuestra farsa!

Rumbo amputado.

Pierde un zanco el oriente.

Tiene parálisis de olvido

la pata del camino…

La ortopedia está inválida

y la desgracia estira…

¡por su lazo paseamos la equilibrista farsa!

El sol perdió el zanco del oriente…

Rumbo amputado.

Tiene gangrena de cansancio

la pata del camino…

Parálisis del viaje…

La desgracia se enrosca,

¡por su lazo paseamos el saltimbanqui orgullo,

y el quejido inalámbrico…!

La fatiga es una inválida ortopedia.

 

Y se hizo nudo el viaje…

¡La fiesta estrangulada columpia su pecado

iridiscente!

y allí donde paseamos la equilibrista farsa

¡con la lengua sacada

cuelga la polichinela!

Murió nuestra comedia…

(Y en el sótano hay una caricia carismática).

 

 

EL APÓSTATA

 

En una hora de aguja de dolencia,

cuando el minuto humano afila más el péndulo

y la noche cuelga como bellota tácita

de la orfandad del mundo…

Entonces… Sin figura

sin acta y sin Artemio,

soy el nombre de aquello que se resiste al nombre,

el apóstata huraño de la fe del bautismo.

Soy lo que se deserta para exhalar el alma

como sonata en quiebra en una vía de osario…

Cuando la noche cuelga una bellota tácita

de la orfandad del mundo.

 

 

PLATERO DEL SILENCIO

 

 

Nací en la elegía de la ceniza…

Y he crecido y crecido

envolviéndome en la bandera del humo

y acrecentando, dentro,

el evangelio lírico que vive en el rescoldo.

Soy el mesías de la ceniza…

Joyero del silencio

cultivé orín y niebla

con la herramienta estética que me hizo

¡alcanzar las corolas del poema!

Ardían gardenias de oro y pájaros de fuego

abajo, la patria de los otros

era un mitin fangoso de gritos y de risas.

Pero apagué la fiesta con ceniza

para encontrar mi pueblo,

y a través de la herida

sombría de mi ostracismo

¡reventaron las llagas del sol introvertido!

Esta es mi joyería:

flor de polvo de noche,

estrella de ostracismo

con la que soy ahora

platero de silencios de ceniza…

Rosas de sangre estallan en el mundo…

Es un congreso fértil de pétalos la fiesta

la patria de los otros…

 

 

UN SOLO PAN

 

 

Un pan largo el camino

y el hambre de mis pies

desmigajándose en caídas,

siento

el horno del planeta que se pega

al paladar de mis pisadas,

muerdo

todo el estío de un migajón llorado

por el cielo;

luego

me hago harina en el polvo

para ser

un solo pan fundido con la tierra.

 

 

EL CERRAJERO

 

 

Yo viví haciendo llaves con palabras

para abrir con sigilo

la cerradura material del mundo.

Desde que supe que pensar

es un oficio de forzar las puertas,

limé con la dialéctica el silencio

para malear la voluntad del verbo,

y todavía el aldabón hermético

sostiene la unidad de la frontera.

Antes de mí, vinieron doctorales filósofos

con ganzúas lucubrantes

y el corazón del ser sigue en su chapa.

Después de mí, vendrán científicos de plaza

con herrumbrosas fórmulas moldeables

y seguirá inasible la clausura.

Pensadores andantes harán alto

y enmohecerán sistemas en la puerta.

Los poetas darán a sus motores

un metal de palabra adelgazada,

harán la misma llave en otro tono

y romperán su intento en herejía.

Yo viví haciendo copias de la llave

que sonaba a pregunta amordazada

ante el misterio del espanto frío:

la ganzúa y el metal fueron los mismos,

pero auscultaron de distinto modo

en la misma insondable cerradura.

Enmohecida la llave, pero en alto

la mano que lucubra en el candado,

cuando vengan los nuevos cerrajeros

así quiero que me hallen.

 

 

Sobre el autor: 

 

Artemio González García (1933, Arandas, Jalisco, México). Poeta, narrador, dramaturgo y ensayista.  Fue cofundador del Ateneo Summa, encabezado por el maestro Arturo Rivas Sáinz, en 1970. Ha publicado los libros Erial del cero (1967), Estrellas de la obscura miscelánea (1969), Orfandad de la flor (1969), El velador de espantos (1974), La eternidad del humo (1982), La luz bajo la piedra (1984), Entre los simulacros y los signos (1994), Coloquio de silencios y otros cuentos (1971), La traducción del polvo (2002), Oficio de solista y solitario (Antología personal) (2004), Cerrojos (2009), Sótanos de luz (Antología) (2017).

Además de la obra poética referida, incursiona en el cuento y el ensayo, parte de cuya producción ha sido publicada en libros y periódicos de Jalisco.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *