Ciencia ficción actual de México: Carlos Rangel

Presentamos el cuento “Departamento 9” del narrador Carlos Rangel, que se basa en algunas ideas sobre la cuarta dimensión escritas por el inglés Charles Howard Hinton. El cuento fue escrito con el auspicio de la beca del PECDA de Aguascalientes. Carlos Rangel ha participado en los talleres “Taller de estructura dramática para la creación de series” y “Taller de escritura, desarrollo y producción de series dramatizadas” ambos organizados por el IMCINE, en 2016. En 2009 obtuvo por parte del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Aguascalientes una beca en la categoría de joven creador. Publicó cinco cuentos cortos en una antología de jóvenes creadores. En 2015 se incluyó un cuento suyo en la antología Around the world in more than 80 SF stories que recopila una muestra de la narrativa breve en el género de la ciencia ficción de todo el mundo.

 

DEPARTAMENTO 9

 

Juan creció intrigado por esa historia: en el 75 un hombre se suicidó saltando del edificio frente al parque municipal. El cadáver llevaba aparatos electrónicos en los bolsillos que nadie en el servicio médico forense pudo identificar además de una escueta nota póstuma que decía: no aguanto más. Ninguno de los vecinos del edificio lo conocía. Un albañil que trabajaba en la acera de enfrente dijo haber visto al suicida sacando la cabeza por la ventana antes de saltar.

El hecho se siguió contando por décadas, pues al hacerse público que el cuerpo había desaparecido de la morgue y que las pertenencias que estaban con el cadáver no se encontraron por ningún lado, la gente comenzó a imaginar. Juan creció escuchando las diferentes versiones del cuento; que si el hijo loco del señor del cuarto piso, encerrado por su propia familia para evitar vergüenzas; que si el espectro del conserje enojado, que si un viajero en el tiempo. Cuando fue mayor, y su gusto por lo extraño, lo paranormal y lo fantástico se volvió parte de su personalidad, supo que deseaba vivir en ese lugar donde el suicida misterioso estaba antes de saltar: el departamento nueve del edificio frente al parque.

Se instaló. Por fin estaba en el sitio donde hace años un hombre se lanzó al vacío para después desaparecer sin dejar rastro. Hubo programas de televisión en honor a ese misterio. Jaime Maussan grabó un par de programas en el edificio y después Carlos Trejo. Las creepypastas que hablaban solo del suceso estaban en toda la red.

Una tarde mientras leía le dio hambre y salió a la calle para comer algo. Pensó, mientras caminaba, que el hombre es incapaz de conocer todos los recovecos del universo; que se veían milagros y espectros donde operan fuerzas que aún no han sido comprendidas por la ciencia. Su lectura de esa tarde lo confirmaba; C.H. Hinton escribió sobre la cuarta dimensión en 1884 y desde entonces la forma en que veíamos el universo había cambiado. Se sabía que desde una cuarta dimensión se podría acceder a cualquier punto en nuestro universo tridimensional, cualquier punto, incluso en el tiempo. Lo que le ocurrió a ese hombre en el 75 bien pudo ser un traslape de tiempo debido a un desgarre en el tejido de la realidad. Era un viajero temporal, pero posiblemente no uno que hubiera deseado serlo y ya no encontró forma de regresar a su época. Regresó para leer otro poco del mismo libro de antes, pero en un capítulo diferente, antes de quedarse dormido sobre el sofá.

Lo despertó un sonido en la calle: la música era acompañada por la voz de un hombre que prometía progreso, cambio, bienestar. Otro político, pensó Juan y se puso de pie para cerrar la ventana. Llevó las manos hasta el armazón de metal que rodeaba al vidrio sin reparar mucho en el exterior, hasta que vio la camioneta que pasaba dando publicidad al candidato. Era un modelo de Chevrolet 64, portando tres altavoces en el toldo, y con el escudo de un partido político sobre las puertas.

La calle estaba llena con automóviles de modelos antiguos y niños jugando a la pelota; las personas que caminaban por la acera vestían ropas de estilo anticuado y llevaban peinados pasados de moda como los que veía en las fotos de sus padres cuando tuvieron su época disco. Se contentó con observar. Sacó la cabeza para verlo todo con detenimiento, el viento le enfrío las orejas y revolvió su cabello.

En la acera opuesta un hombre instalaba un andamio junto a una pared a medio terminar. El trabajador lo miró un momento antes de acercar algunos ladrillos. Juan le gritó tratando de llamar su atención, pero el otro continuó en lo suyo sin volverlo a ver. Se dio cuenta que todo eso le parecía muy familiar y un vacío se formó en su estómago pues, durante años, la gente había estado contando historias sobre él y su cuerpo sin vida en el pavimento.

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