Poesía de Colombia | Víctor Rivera

Presentamos nueve poemas de Víctor Rivera (1980, Popayán, Colombia).

 

 

Altamar

…las mareas estremecidas bailarán airoso otro

plazo, otro ritmo sanguíneo más fresco,

lo que por contradanza hará

que el hombre entre en su humus de una vez y sea

más humilde, más

terrestre.

 

Gonzalo Rojas

 

I

 

SIENDO UNA PROMESA guardó silencio,

y presintió su ciencia derrocada.

 

Vio que la ciudad llegaba a su fin,

pero se contuvo porque sus habitantes no morirían de sed,

esa costumbre de ser áspero cactus.

 

El árbol de palabras desde hace tiempo se venía derrumbando,

hasta quedar el huerto desnudo a plena lluvia.

De claro en claro frente al azul inhóspito,

fue la voz del espacio el fin del agotado lenguaje.

 

 

 

 

 

II

 

 

CONTESTARÉ a los llamados

con la misma constancia de las olas,

aunque nada tenga que decir.

 

¿Quién al ver el mar no quedará inmerso

para guardar sus razones?

 

El elemento habla por mí.

Soy la condición temporal de mis hermanos,

el agua de sus emociones,

el diluirse sin término de su anatomía.

 

¿Quién dará la espalda desde una muralla

que ya el tiempo corroe y la sal ha empezado a sitiar?

 

 

 

 

 

III

 

 

DESHOJARSE en el invierno

Para que un rayo de sol baje directo a la raíz.

 

No temer el impetuoso mar

Que nos persigue hasta la sangre

De las nuevas hojas.

 

 

 

 

IV

 

 

LENTAMENTE sales del mar cuerpo mío.

Alguien llama.

La voz en la superficie

no comprende tu nuevo oficio entre corales.

 

Y sales a flote pez azul, palabra mía,

dices tiempo de ser aire,

dices hora del lenguaje entre los hombres.

Y como Venus

te ve nacer la espuma y el corazón ciego.

 

Abres las aguas corazón mío,

ahora puedes abrir la puerta,

solamente,

a quien sepa hablar con la calma de un universo que respira,

y lleve en los ojos el signo de haber visto el mar durante horas.

 

 

 

 

V

 

OLA A OLA tiendo cuerdas de espuma

que recorrerán la casa con la propagación de su sonido,

hasta que se derrumben los cimientos

y quede sólo el invisible cordel de la noche marina.

 

Aquietado por el ritmo de esos puentes que revientan en sí mismos,

dejo ir esa carcasa que entrego al agua como alimento,

y parte sin dueño.

 

Un instrumento se me ha otorgado a cambio,

su música ya me pertenecía,

las antiguas vibraciones recorren de nuevo mi caja de resonancia.

 

 

 

 

VI

 

 

CUANDO ESTUVO a punto de cerrarse el círculo de la noche,

a la soledad marina que se consumaba

llegó la lámina de un relámpago.

Lomo de pez

que acercó la honda corriente.

 

Hizo mover al nadador hasta la playa

donde las fragatas batían el aire que acercaba la voz de los bañistas.

 

Con su cuerpo aún mojado recogió las noticias

y el incendio del cielo amarillento quemó los ojos

que ya pedían una nueva inmersión.

 

Cruzados por la densidad de lo salobre

en su antiguo recogimiento de meteoros que caían a la profundidad.

 

 

 

 

VII

 

NOS ENCONTRAMOS siguiendo el mismo llamado:

tendernos durante horas en la arena a esperar la llegada de una nave,

del mar que nos hace diminutos,

cómplices de una antigua nostalgia.

 

Un embrujo cierra nuestras bocas

y nos entrega religiosos.

La percusión de las olas quiebra la armadura,

cambiamos el tumulto por un ritmo que traspase cada cuerpo.

 

 

 

 

VIII

 

 

UNA VOZ clara de pocas palabras,

un pájaro rasante desvanecido agua.

Así el fruto que se derrumba por las parcas

y cae en la precisión negra de la tierra.

 

En la arena breves huellas,

cedieron al oleaje,

barcos idos hacia la noche marina.

 

Detenidos en la región de Orión nos dimos vivos,

nos descubrimos en el espacio templado de lo directo.

 

 

 

 

IX

 

SEÑOR,

permíteme llegar al puerto desde donde zarparan los navíos,

soy el navegante que busca el extravío en el azul ignoto.

 

Se alistarán mis manos para tomar el pan y lanzar la ceniza,

para templar mi lira en tu presencia.

 

Intensidad de luz donde no me extrañará la tierra.

Llegaré como el primer hombre a la tierra.

 

Sobre el autor:

 

Víctor Rivera (1980), Popayán, Colombia. Músico violinista de la Universidad del Cauca. Integrante de varios ensambles orquestales, de música de cámara y música antigua. Miembro por más de 10 años del grupo de música antigua Kalenda Maya, especializado en música medieval, renacentista y barroco latinoamericano.  Actualmente es  Estudiante de Maestría en Literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá y Maestro de violín. Parte de su poesía aparece en el libro Llama de piedra. Poesía contemporánea en Popayán (1970-2010) del Ministerio de Cultura. En el 2011 publica con la Editorial Gamar, su libro de poemas La Montaña sumergida. Recientemente obtuvo el Premio de Poesía Editorial Praxis 2016 en la Ciudad de México, por su poemario Libro del origen. En el 2017 publica con la Editorial Praxis su poemario Libro del origen.

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