Dante Pop muy a su pesar | Antonio Nazzaro

Presentamos un ensayo de Antonio Nazzaro (Turín, 1963). Periodista, poeta, traductor, video artista  y mediador cultural italiano.

 

 

Las vicisitudes de la vida de Dante, en gran parte rodeadas de misterio durante su exilio, y el éxito del “poema sacro” (poema sagrado) de la “Alta Comedia (como se llamaba la que hoy en día conocemos como la Divina Comedia)  justo después de su muerte, y a través de las polémicas religiosas y políticas que provocó, nos han dejado la increíble trasmisión de la obra misma antes de la llegada de la imprenta.

No obstante las numerosas copias manuscritas, que hacen casi imposible su catalogación y reseña, no se han encontrado variantes de la redacción de la obra de Dante. Además las transcripciones de la Comedia llegaron a ser ediciones de lujo sobre pergamino, acompañadas por orlas y miniaturas, sobre todo en el norte de Italia.

El texto de la Comedia se difundió tempranamente en la Toscana y sobre todo entre el pueblo, dando vida a la que se define la “suerte oral” de la Comedia, es decir una amplia difusión a través del aprendizaje de memoria y la recitación, que solo la Jerusalén Liberada de Tasso,  lograría igualar tiempo después.

Antes de centrarnos en el público que hizo famosa (o para utilizar un término moderno: Pop)  la obra de Dante, queremos resaltar cuál era el público para el que Dante deseaba escribir.

En el Convivio (El Convivio es un ensayo doctrinario escrito por Dante durante el exilio, entre 1304 y 1307) Dante traza el retrato del lector de los textos escritos no en latín, sino  en “volgare”, y en vista de la sociedad comunal medieval italiana, Alighieri piensa en escribir para los que no habían podido estudiar porque la familia y la vida política les había obligado a ocuparse de cuestiones prácticas. Pero al mismo tiempo acepta, aunque en una posición de segunda clase  a los que, por cuestiones debidas a su entorno (el campo, el lugar defectuoso), han vivido desinteresados por los estudios.

Es pues un Dante que ocupa la posición típica del intelectual del siglo XIII que no da a la clase política herramientas para la acción política, sino que la prepara para la contemplación de la Verdad, filosófica y poética.

A Dante en realidad no le gusta  la nueva clase de intelectuales que, junto con pueblo, le hará famoso, y en el citado Convivio, condena a los nuevos intelectuales,  es decir, a los notarios, juristas y maestros universitarios, por el hecho de aspirar a que se les reconozca su labor intelectual.

Es decir, un Dante incapaz de apreciar a quienes harán inmortal su obra, obstinado en su idea de un saber desinteresado y no finalizado a una utilidad profesional.  Así pues, desea escribir para lectores que tienen “buen corazón” pero desconocen el latín; “vulgares y no literatos”. Dante va precisando su idea de público, un público amplio pero socialmente elevado “príncipes, barones, caballeros y mucha otra gente noble y no solamente varones sino hasta las mujeres”.

En realidad Dante quiere salvar su idea de religioso respecto al texto literario, por su función de desvelar la verdad y por añadidura la imposibilidad de aceptar la vulgarización del mismo texto o, si prefieren, su llegar a ser Pop.

Al respecto es interesante leer el ensayo La tradición  * de las obras de Dante de Gianfranco Folena (*los filólogos utilizan el termino tradición en el significado de “transmisión” de un texto) donde se encuentra una anécdota de Franco Sacchetti¹.

Yendo Dante a sus asuntos por Porta San Pietro – cuenta el escritor Franco Sacchetti -, ve – y aún peor, oye – a un herrero que mientras batía el hierro en el yunque, cantaba a Dante como se canta un cantar, y desbarataba sus versos, cortando aquí y pegando allá; pareció a Dante que se le hacía así gran ofensa. Sin decir nada, se acerca a la fragua del herrero, donde éste tenía los hierros para su mester; agarra Dante el martillo y lo tira a la calle, agarra las tenazas y las tira a la calle, agarra unas pesas y las tira a la calle, y así fue tirando muchas herramientas. El herrero, revolviéndose furioso, le dice:

– ¿Qué diablos hacéis? ¿Os habéis vuelto loco?

Dice Dante:

– ¿Y tú qué haces?

– Yo hago mi mester – dice el herrero – y vos me estropeáis las herramientas, tirándolas a la calle.

– Si no quieres que estropee tus cosas, no estropees tú las mías.

Dijo el herrero:

– ¿Qué os estropeo yo?

Dijo Dante:

– Tú cantas el libro y no lo dices como yo lo hice; yo no tengo otro oficio y tú me lo estropeas.

Sacchetti relata otra anécdota parecida sobre un asnero que iba tras sus asnos recitando en voz alta el libro de Dante, y cada tanto, sin dejar de recitar, azotaba a un asno y exclamaba:-¡Arre!.

La respuesta de Dante se hizo proverbial:

– ¡Yo no puse esos “arre” allí!

Hay que subrayar que estas anécdotas son pura invención pero de todas formas son significativas de la fortuna Pop de Dante.

En realidad la transmisión de las obras en “volgare” de Dante pasa por ambientes culturales variados: en Florencia el público es la burguesía culta, mediana y pequeña; en Boloña son los ambientes universitarios y en Venecia los aristócratas.

Otro elemento fundamental de la confirmación popular de la comedia, fue su uso enciclopédico por partes de estudiosos y mercantes. De hecho, el texto contiene casi todo el saber de su tiempo, el conocimiento alto y bajo: es suficiente pensar que los mercaderes de la época, si tenían una disputa sobre cómo medir una tela o pesar un producto, tomaban como referencia el texto de Dante para conocer cuál era la forma correcta.

Y no hay que olvidar que fue relevante para el éxito de la obra,  la utilización que hicieron de la misma los franciscanos, para infundir el temor en su evangelización de las masas populares, aunque haremos bien en recordar que los suplicios del infierno dantesco surgen de las torturas hechas en su época y por antonomasia bien conocidas a los ojos de los oyentes.

Un Dante número uno en el hit parade de quienes él nunca hubiese pensado que pudieran entenderlo y que con el tiempo sus lectores han convertido en un mito, quizás porque él de su tiempo la única cosa que no había aceptado era la nueva sociedad que estaba surgiendo.

1 Franco Sacchetti B. (Ragusa, Croacia, 1335 – San Miniato; (Pisa), 1400), escritor y diplomático italiano.

 

 

Sobre el autor:

Antonio Nazzaro (Turín, 1963) Periodista, poeta, traductor, video artista  y mediador cultural italiano. Colabora con la revista italiana de poesía Atelier y con la revista Fuori /Asse. En la revista digital, también de Italia, Parco Poesia es curador de la sección de poesía latino americana y colabora con la revista Buenosairespoetry. Sus poemas han sido publicados en revistas nacionales e internacionales.

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