Minificciones de Iliana Hernández Arce

Presentamos cuatro minificciones de Iliana Hernández Arce (Guadalajara, Jalisco).

 

 

El marinero ladrón

 

Sentada sobre una llaga, Verónica mira las olas del desierto. Sobre la arena humeante, su mirada se desliza hasta donde las palabras alucinan de sed. Su pecho tiene un hueco por donde circulan el viento y la desventura. Un marinero le ha robado el corazón. Verónica resiste la intemperie, ve morir los días y las noches, mientras el marinero ladrón navega en su navío lleno de corazones robados.

Ella y su hueco, se vuelven una estatua de arena, el marinero muere ahogado en un hilo de sangre.

 

 

 

Serenata triste

 

Alda llega a la iglesia batiendo alas, muy blanca y con velo, zapatos de raso perfectos igual que sus azahares color pasión. La boca le tiembla mientras el corazón le late descompasado.

En la iglesia revolotean rostros familiares, hay tanta gente que no alcanza a verlo.

El cortejo formado en la puerta de la iglesia le anuncia que ha llegado el momento. Vuela sujetando su vestido para no pisarlo. Alguien intenta detenerla, imposible, detiene su vuelo hasta la puerta. El murmullo de voces calla de golpe, los ojos de los presentes se abren descomunales    la abrazan para detenerla. Ella desconcertada mira hacia el sacerdote,  se lleva la mano al corazón. Héctor, que un día le escribió sonetos en la piel, hoy va a entrar a la iglesia con otra novia.

Tras las rejas, Alda comprobó que en el manicomio no caben los sueños.

Las más bellas poesías se escriben

Frente a un altar vacío

Rodeado de agentes

De la divina locura-

Alda Merini

 

 

Safari

Por un golpe inoportuno de mi ingrata timidez, como siempre que la veía, en lugar de abordarla, me encogí hasta quedar del tamaño de una mosca, lástima que me faltaban las alas. Pero ahora tomé el valor suficiente y no hui. Tremenda pirueta con salto de longitud para caer en su escote. Un viaje por mis sueños más mórbidos, besé cada poro de esas montañas suaves, hasta que una gota de sudor me arrastró a la fosa de su ombligo y de ahí hasta el cielo, me enredé en un caos selvático, cumpliría el más grande de mis sueños pero a un segundo de alcanzar mi meta, caí en un abismo, parecía no tener salvación, por suerte pude agarrarme de la costura de su media, esa sensual certidumbre que desde atrás recorría todo lo largo de su pierna. Arrastrado en la caída y asido tan solo de un hilo, iba dejando atrás el sueño de esa mujer. Caí con estrépito en un pantano, justo a tiempo para fumar mariguana con los cocodrilos.

 

 

 

Desencanto

Cada que lo veo mis ojos salen de sus cuencas, corren tras él, saltan de gusto, si tuvieran cola la moverían. Pero luego, sus ojos la miran a ella, los de ella a él; sus miradas hacen versos de aire. Entonces mis ojos estallan.

 

 

 

Sobre la autora: 

Iliana Hernández Arce (Guadalajara, Jalisco). Licenciada en Psicología, Maestría en Terapia psicoanalítica, Maestría en letras de Jalisco. Diplomado en creación literaria: SOGEM. Con el libro de cuentos Suicidario, ganó la Beca 2013 del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Jalisco. Relámpago Inmediato. Poesía  2017. Ediciones de la Noche.  Ha publicado en revistas nacionales e internacionales. Coordina el Taller de poesía La calle de Cervantes. Conduce el programa de radio Poesía on the Rocks en C7 Sistema Jalisciense de radio y Televisión.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*