Muchacho mordido por un lagarto | Bruno Pólack

Fe (Vallejo & Co., 2016)

 

3

 

La angustia es un pájaro que bate sus alas en el corazón humano/

y su correlato en el mundo es el viento que sacude, trémulas, las altas

ventanas de esta cocina.

Luego cierro la puerta, eso es, veo la luz de la refrigeradora brillar

en los vidrios de tus lentes.

¿Qué figura, qué imagen,

qué antiguo reflejo, ha fenecido hoy en mi alma?

Irredento rostro iluminado. Irredenta

ropa al sol que flamea heroica desde el borde de las cañerías.

Cierras la refrigeradora, pones platos sobre la mesa, miras el reloj.

Porque cada segundo es una migaja de luz/

que solo nos será permitido remontar/ en el momento

posterior a nuestra muerte/

oh muerte que brillas como una moneda de oro en el bolsillo de todos

los momentos felices

oh gardenias, oh mantel de la mesa,

oh tiempo que avanzas como esta

fila de hormigas cruzando los cuadrados rojos, los cuadrados blancos,

los cuadrados rojos

/y así nos recibía el futuro como un arco voltaico/

flameantes camisas blancas, flameante sol del obrero.

En todos los pisos siempre es alguien el encargado de la fe

y de la poesía/

la poesía es ahora la piel del tambor y es la canción que el agua canta

sobre el círculo azul de fuego

“…yo vengo de un pueblo lejano -te digo- y en un pueblo lejano…”

luego extiendo el mapa de la ciudad sobre la mesa

/detrás de la puerta

el perro de Federico sube y

baja las escaleras ladrando extrañas canciones de amor/

extiendo el mapa y oímos crujir la punta del bastón

sobre las tablas de madera.

Nuestro corazón palpita porque de seguro el peso de la muerte ha

sido mayor al peso de un racimo de versos/

el cuerpo de la humanidad se ha rendido a la sombra oscura del olivo

¡Buenas tardes, Federico! – gritas con las manos levantadas y su sombra

reverbera junto al trueno sobre el árbol de la resistencia.

Sirves el vino, llamas a la mesa,
mientras continúo/ con la mano izquierda en el bolsillo/

jugando a adivinar el altorrelieve/
de la moneda/ que arde/ en el anular/ entre las falanges/ y lleva tu nombre/

hermano mío.

 

4

 

Nada es lo suficientemente digno para malgastar las fuerzas de la juventud.

Y deambulamos, calle abajo,

entrando a la plaza por Calle del Amparo/

cada transeúnte lleva la partitura de su vida bajo el brazo.

Pero hoy ha terminado exitosamente la noche y

ruge la señal plateada de las rejas de los establecimientos/

los baguettes y las bicicletas suplantan las espadas y los caballos.

“Porque el dios de la poesía era de cristal y ha explotado en los

cielos sobre todas las cosas”

me dices, mientras

ves caer las últimas gotas de lluvia de la cornisa del teatro.

Pequeño pájaro dormido/ luz salvaje sobre los capiteles.

Ningún hecho, ninguna labor, es lo suficientemente digna para

malgastar la impecable fuerza de la juventud,

quizás sí el amor procaz, la vagancia desmedida,

la transmigración del lenguaje a las cosas

del mar a las cosas

porque hoy la poesía es una labor doméstica

(amas de casa leen mientras hierven las verduras)

“tomas una bolsa plástica, la oprimes entre tus manos y la lanzas sobre la mesa;

observa cómo se expande”

como se expande el universo,

como se expande la mitocondria el fuego la raíz

el vuelo de los cormoranes en nuestro cuerpo.

¡Oh Saint Rene Quinton, veo el mar y veo mi casa!

Porque el corazón humano es 70% agua oceánica/

porque el corazón late y se expande sobre la mesa como se expande el  Universo,

como se expande el fuego entre las nubes

como se expanden los sueños humanos que son también 70% agua que

se evapora sobre nuestras cabezas/ ¡oh Saint Rene Quinton!

¿quién no ha imaginado alguna vez el sol brillando de noche,

en su estómago, mientras duerme?

¿quién no ha imaginado alguna vez que son sus palabras

soles incandescentes que brotan de su boca y caen

en tierra fértil hasta dar hermosos brotes de fuego?

Horrendo mundo el que te obliga a esconderte para llorar.

Horrenda angustia que aleteas como un pájaro dentro del corazón humano/

y seguimos, calle abajo, el vuelo mágico del polen sobre las cosas reales,

bandadas de turistas rodean y

disparan sus cámaras de fotos contra la estatua del poeta.

El amor es un animal onírico

que no sé si alguna vez, tú y yo, con todo el viento

a nuestro favor, hemos podido presenciar.

 

 

El pequeño y mugroso pólack (Lustra, 2007).

 

Muchacho mordido por un lagarto

 

 

Rispondere no

a una vita che adopera amore e pietà,

la famiglia, il pezzetto di terra, a legarci le mani.

                                              Cesare Pavese

 

 

 

Chico del mundo,

si cae España -bueno claro, si cae es tan sólo un decir-

digo: si cae,

prenderás la estufa de butano y un cigarro/

quisiera ver manchas de sangre como pétalos de rosa

sobre la alfombra del vagón.

Rezar al Cristo tallado en Cinc que pende de tu cuello/

 

No puedo decir la verdad acerca de ti/  no eres

Dios,                                                 no eres Antonio,

y lo lamento.

 

Sin embargo

amaba leer mi futuro en la sombra de tus piernas mien-

tras leías a Kipling/

verter mis manos en la palangana de leche,

distorsionar tu rostro contrito tras mi botella de vidrio.

 

Adentro/ frente a ti. Hermoso el mar se

levanta por ratos

como una serpiente encantada.

 

 

Muchacho/ dos puntos,

debo admitir que muchas veces

en los campos,  he fingido.

No pude echar nada dentro de los surcos

y esmeradamente, con estas manos,

los he tapado.

 

 

Luego he

regresado a ti, a la calle del Carmen, con la satisfacción del

deber cumplido/

y

yo mismo soy un surco vacío

que vieras con que esmero

hubo sido regado.

 

 

Viento, oh bien,

regresa al fruto del canasto

al futuro rojo que descansa entre nosotros, en el canasto.

 

 

Y tú, no llores así contra

el vidrio,

pues si cae,

España digo,

si cae,

¡exulcerada política diestra!

¡indeseada atona de lengua y atrezzo!

 

¡Cuántos mares señalados en contra nuestra!

¡Cuántos crucifijos incrustados en nuestros corazones!

 

(…)

 

 

 

Vemos por la ventana los frutos luminosos de la noche/

Para cuando despiertes muchacho,

una herida penderá de ti,

 

como una insignia.

 

 

Bruno Polack

 

(Lima, 1978) ha publicado los poemarios (Alegorías hiperbólicas) o Las ruedas del beso de Reinaldo Arenas (2003), El pequeño y mugroso pólack (2007), Poemas médicos (2009), Universal/ Particular (2013) y Fe (Vallejo & Co.,  2016). Ha participado como editor en la revista de creación y crítica Evohé, así como en el sello Magreb. Es cofundador del Festival Internacional de Poesía de Lima y dirige la web literaria Vallejo & Company. Licenciado en Derecho de la Universidad de Lima con la tesis El último virrey del Perú: Patricio Lynch y la administración de justicia en la ocupación de Lima, de pronta publicación.  Es magíster por la Universidad Autónoma de Barcelona.

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