Cinco microcuentos de Jorge Chípuli

 He aquí una muestra ilustrada a manera de “fotografía literaria” como lo llama el autor, cinco microcuentos sobre niñas malas, errantes y una que otra buena.

Exenta de alas

esa roja libélula

sería gajo.

Anónimo

 

ANITA

Ana era fea. Mató a su papá por haberle dado unas piernas tan flacas y una nariz tan voluminosa. Su mamá, preocupada porque se llevarían a su única hija a la cárcel, escondió el cuerpo en el refrigerador y a ella la encerró en el sótano.

Ella se puso a buscar una salida. Su mamá abrió la puerta y arrojó comida y agua en bolsas de plástico. Cerró la puerta antes de que Ana pudiera traspasarla.

Buscando en las cajas llenas de polvo, Ana encontró una peluca rubia, un vestido rojo, maquillajes viejos, secos, pero que disueltos en saliva podían ser utilizados de nuevo. Se vio reflejada en un espejo churrigueresco y dorado. Bueno… no se veía tan mal después de todo.

CECI 

 

Una niña se sentó en medio de la casa. Espera el regreso tuyo, porque tú le prometiste volver. Pasó el tiempo. La casa se llenó de polvo, se derrumbó convirtiéndose en un terreno baldío. Con el crecimiento de la ciudad construyeron ahí una carretera.

Al fin llegas, la encuentras sentada en su misma silla, esa que estaba al lado de la tuya.

-Es tiempo de irse, le dices.

Pero ella no te puede ver ni oír. Te quedas ahí de pie, esperando que termine la eternidad.

DORA

 

Sus padres la vendieron a una feria ambulante, en la que trabajaba como la gran y fabulosa y única niña adivina y psíquica. Yo no la acompañé en ese viaje, pero a través de sueños me contaba que estaba muy triste, que no había pedido esos poderes.

Las personas preguntaban cosas que ya sabían, le pedían que los llevara a lugares ya conocidos, que se tomara una foto con ellos.

Cada vez las imágenes me llegaban más borrosas, a veces incompletas, o mezcladas con las de sus sueños diurnos, aquellos por los que cobraban sus dueños.

Escapa de ahí, le dije.

Ella sonrió resignada y me miró. Me dejaron abandonada en medio de la nada, dijo, ya no funciono y, aunque tenga mucha hambre, me he quedado dormida por el cansancio.

Quiso decir algo más, pero se convirtió en humo.

ELIZA

 

En el funeral se quedó sentada mucho tiempo, sin expresión alguna. Los asistentes se asomaban a su mirada de sangre fría. No había órdenes que cumplir ni lágrimas que llorar.

Finalmente se acercó al cadáver de su padre. Un mecanismo se activó al detectar la presencia infantil. Los ojos sin vida se abrieron y emitieron una última señal infrarroja: ella debía eliminar a todos los presentes. También tenía que besarlo en la boca para extraer la última pieza del rompecabezas. Tragó el contenido, el cual se integró a su organismo entibiando su sangre.

Recordó cada una de las ejecuciones efectuadas en su pasado. Miró a las personas que pronto tendría que hacer pedazos, al hombre que yacía ante ella, y rompió en llanto.

PAMELA

 

Su voz quería escapar a donde nadie pudiera escucharla. Los niños en la escuela le pedían una y otra vez que cantara la misma canción. No, esa ya la canté muchas veces, les voy a cantar tal otra. Estaba harta de que la acosaran con sus súplicas.

Un buen día, aunque no muy bueno para ella, sus papás se mudaron a otro lugar y la inscribieron en una escuela donde las niñas eran blancas y usaban trajes negros con holanes blancos. A ella también la vistieron así.

Tenían muchas reglas. Entre otras, nadie podía hablar, a menos que se le diera una indicación previa. No pudo cantar en mucho… mucho tiempo… pero una vez sucedió algo muy raro para los parámetros de ahí: la maestra salió del salón y Pamela pudo hacerlo, cantó con las más hermosas entonaciones y el más profundo sentimiento. Se escuchó su alma exprimida en el sonido porque ahora estaba dispuesta a morir en cada nota y en cada palabra. A entregar su vida, a morir por dentro.

Todas sus compañeras se le quedaron viendo con sus miradas frías. Pamela tragó saliva. Se sentó. Las demás niñas volvieron a sus posiciones originales.

Sobre el autor:

Obtuvo el premio de cuento de la revista La langosta se ha posado 1995, el segundo lugar del premio de minicuento: La difícil brevedad 2006, el primer premio de microcuento Sizigias y Twitteraturas Lunares 2011 y en 2017 el premio internacional de cuento de Noviembre Nocturno que se lleva a cabo en España. Fue becario del Centro de Escritores de Nuevo León. Ha colaborado con textos en las revistas Armas y Letras, Hiperespacio, Deletéreo, Literal, Urbanario, Rayuela, Oficio, Papeles de la Mancuspia, La langosta se ha posado, Literatura Virtual, Nave, Umbrales, Armas y Letras, Miasma, Tiempos Oscuros (Número dedicado a México), Levadura y Axxón. Ha sido incluido en las antologías: “Columnas, antología del doblez”, (ITESM, 1991), “Natal, 20 visiones de Monterrey” (Clannad 1993), “Silicio en la memoria”, (Ramón Llaca, 1998), “Quadrántidas”, (UANL, 2011), “Mundos Remotos y Cielos Infinitos” (UANL, 2011) y “Teknochtitlán, 30 visiones de la ciencia ficción mexicana” (Gobierno del Estado de Tamaulipas, 2015). Ha publicado el libro de minicuento: “Los infiernos” (Poetazos, 2014), “Binario” (Fantasías para Noctámbulos, 2015), “Deconstrucción de Eva” (Gato-Lunar, 2015), “Niñas” (Gato-Lunar, 2015), próximamente publicará: “Para cantar en los patios” y “Sueños que riman” (poemario para niños). Su obra infantil: “Sueño de una noche en la Mancha” fue presentada en el Teatro de la Ciudad (2016).

Cine y animación:

Desde el 2001 ha trabajado en diseño y animación de gráficos para diferentes casas productoras y agencias de publicidad, realizando motion graphics, animación de personajes y diseño de páginas web e interactivos. Ha impartido cursos de animación en D4. Fue nominado al premio Pantalla de Cristal por mejor animación en 2008. En 2016 participó como camarógrafo y editor del corto Rizomas, dirigido por la artista Aurora Boreal y presentado en la segunda edición del evento 12 Registros.

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