Lo que resta es ver.

LO QUE RESTA ES VER (Selección de poemas)

 

He parado de soñar

con avionetas y decapitados

otro sentiría alivio

yo me siento sola

irremediablemente

 

el otro que está en la cama

no piensa ni poquito en Scheherezade

mientras yo no dejo de estilar

por todas partes

Las mil noches y una noche.

 

 

Rilke murió en el 26

(señor, en ti confío)

murió de anemia

(señor, guárdame)

qué haría yo con la sangre rebajada

con mi atrofia poética asaltándome todos los días

(señor, nútreme)

 

Rilke murió en el 26

todos tienen un perro o un gato

yo requiero tres golpes de suerte

plas

plas

plas

tres… y contando

 

el piano me dictaba otra nota

yo me aferré a la caricia rápida

pronto

pronto

pronto

el placer

 

te di la misericordia con el sadismo de

“aquí nada ha pasado, todo está bien”

(la salubridad de nosotros los caídos y equivocados

para los perfectos y bien nacidos;

les damos nuestro perdón más fingido, escúchanos, señor)

para que tú te fueras sin remordimiento

para yo quedarme con el pecho tranquilo

y la respiración sincronizada

tres

golpes

tres

 

Rilke murió en el 26

ese día la poesía se equivocó

con ella misma

como el día en que viré para encontrarte

 

porque en mí se reflejó el caos

la sustancia del abismo

la no poesía

mi pensamiento merodeó un número (siempre par)

o un nombre o un cuerpo

hasta que la histeria del claxon

me devolvió a la intermitencia del camino.

 

 

Grandes planes para la esperanza

 

Escribo. La rima corre riesgo. El ritmo corre riesgo. El verbo se parte y preguntas sobre la orientación de calles ¿de poniente a oriente?, ¿para qué el sur, el norte?

Pienso. Te ruego no me consueles en comerciales, me explota tanto tu agenda de hombre ocupado, tus días sin poesía ni café, con pastillas de terapia. Sólo a tientas te atreves a confesar “cómo, no entiendo”.

Reniego. Otra vez Europa y la pintura. Hago como que comprendo pero el parpadeo me delata, me delatan la fiebre, el sudor en la frente y ese movimiento de mi pie izquierdo. Me ponen tan nerviosa las cuestiones históricas, quedarme sin papel y lápices para los datos. Quedarme sin la Luna en noche de luna llena. Quedarme en el fondo del día (como en el de un hoyo) donde falten réplicas y respuestas, sin el eco de una majadería siquiera.

Pienso. La rima corre, recorre el peligro de desnudarse de vocales y acentos que le salven el pellejo. El verbo es verbo y crea, recrea la porqueriza en mi lista de nombres.

Rezo. Una eme hecha de tres arcos no es eme, es bóveda triple sin ladrillos. La bóveda tambalea, pierde un arco… ya podemos decirle Eme con Todas sus Letras. Así la historia principia hasta que cae un muro o un hombre se queda ciego.

Los grandes poemas apenas sueltan una que otra eme, las grandes historias empiezan en ruinas o caos, pero no en emes.

Observo. No, cariño, no me acaricies la cabeza distraído, al asomo de tu sentimiento bienintencionado me revientan las entrañas. Me revuelve el estómago el beso en la frente.

Escucho. “Estamos tan acostumbrados a fingir por miedo”, dices y yo voy comillando todas tus citas como secretaria en apuros por si un día es necesario traerte a cuento, pero me canso de memorizar y miro por la ventana el cerro lleno de casas, el rostro del hombre con fuego y ya no quiero verbos, y no sé si me entiendas cuando digo ya-no-quie-ro-ver-bos, pero no importa hace siempre que no nos entendemos.

Repaso y critico. Son sólo apuntes cuadriculados. Mañana tal vez me dedique al verso.

Y ya no escribo, ya no rezo, ya no pienso, ya no te escucho, cierro los ojos y me imploro:

 

No, otra vez no, hoy tengo grandes planes para la esperanza.

 

Del libro Mazo de Hércules.

 

 

¡Oh!, y la noche, la noche, cuando el viento

rebosante de espacios de este mundo

viene a roernos la cara.

Rainer Maria Rilke

 

 

La noche de tu cuerpo

 

 

Tu espalda me daba la espalda

en aquella idea equivocada del deseo.

Nos desnudábamos a prisa,

inconscientes cada uno de su propio corazón,

lastimándonos en los besos.

 

Había humo, mucho humo

de todas las historias

contadas todas las veces,

pero estaba tu cuerpo, erguido frente a mí.

Yo hablaba, hablaba, contaba mis dolores aprendidos

tú abrías la boca y de tu pecho salía una carcajada

no sé si loca

no sé si cruel.

 

Afuera se orquestaba nuestro juicio,

el jurado preparaba la horca.

Así empezamos a perseguirnos,

a mover nuestros pies

para la danza de la culpa.

 

En el apuro del día y la salida

la ciudad nos recibió con una lluvia fina,

regalo del cielo que decidimos ignorar.

 

Yo entonces no bendecía nada

ni descifraba signos;

en mi cabeza dos niñas jugaban,

corrían riendo y hacían del día un gran círculo.

Tu espalda me daba la espalda,

veintinueve letras: tu nombre.

Yo formulaba rezos inconexos

para pedirle a dios que te acompañara.

 

Cayó un pétalo dulce con su sabiduría milenaria

mi índice lo repasó una y otra vez

hasta que la delgada película transparentó.

 

Así sobamos a la bestia de la mentira y el prejuicio,

hasta amansarla, y nosotros con ella a aprender

del ardiente amor.
Del libro El otro sol.

 

poemas para no seriar

 

1

 

camafuera

Esperas que el archivo complete la descarga, eres una chica paciente. Aguardas mientras el cursor da vueltas en círculo infinito, no desesperas, eres una joven moderna pero con mucho carácter. Tienes paciencia y piensas que quizá tu madre, que es todas las madres, mantuvo el temple como tú, pero en situaciones más rústicas. Hablas diariamente con otras mujeres y les das noticias del hombre, que no es todos los hombres, explicas por qué se mantiene camafuera. Te alegras del sol, de la lluvia, de cualquier novedad idiota del clima alterado, agradeces también la intuición que te permitió no desbordarte, eres una chica inteligente. Nadie lo duda, haces bien en seguir el camino del Tao, sobre todo auxiliándote de dos frascos de somníferos al mes, de esos que te regresan al día después de seis horas de inconsciencia pura. Requieres un cuerpo nutrido para bien vivir, de alimentos orgánicos y evitar comer el plástico peligroso de los súper mercados, eres una muchacha de épocas recientes y renovadas. Te lo advertí, había demasiadas hormonas manipuladas en laboratorios gringos en esa pierna de pollo que devoraste con tanto entusiasmo, eres obstinada. Comprendes que ha llegado el punto en que debes mirar a otra parte, comprometerte contigo misma, dejar las tradiciones que te dicen que te estés quieta, que no alteres, que aguardes, eres una joven confundida. Has podido encontrar el hilo negro de la novela negra que supones es la trama de esa relación que no es sólida, formal, que no es normal, que te aleja de ti y de todos y de él principalmente. Al final del día parece que tu pensamiento no ha evolucionado, que comenzaste el martes con la misma idea fija de estar cometiendo un error, pero que puedes amarlo así y dejar de pensar en la culpa, en el qué dirán, eres una mujer independiente. Lo lograste, despojaste de tu cabeza esos viejos patrones que te decían “no hurtarás, no levantarás falsos testimonios ni mentiras”. Puedes estar tranquila él duerme camafuera y no sabe todo lo que pasa por tu mente, eres una mujer libre.

 

2

 

No escribes como cadáver, estás viva. Abres el libro que en la adolescencia te hacía llorar. Los mismos poemas: otros.

Te repliegas en tu derecho a la duda, te repliegas en la lágrima, en la pequeña noche en la que intuyes todo se desbarata. Lees el poema y sabes que nada está bien a pesar de la posdata que dice te amo, a pesar de la elocuencia. A pesar de tu absurda felicidad y del sol.

Te lo confirma el azar de la página que has abierto. Te lo confirma el verso que has leído. No escribes cadáveres, no escribes historias, estás viva. Sabes en el fondo que ese entusiasmo con que te habló algo tenía de malo, lo supiste cuando en tu cabeza se repetían las palabras, cuando recreaste la forma en que acabó. Lo sabes porque has despertado a medio sueño y de súbito vino la mala certeza. Sabes que no, que no está bien.

Sin embargo, vuelves a tomarte el pelo a ti misma y evitas hablar del tema, confrontar. Cierras el libro, es espantoso que otro sepa que lo sabes. Cierras el libro, esta vez con furia y te prometes, casi te lo juras, que no confiarás en sus poemas. Te lo dices bajito, en susurro mientras tus párpados entreabiertos piensan en el día siguiente y el trayecto al trabajo.

 

 

3

 

Fuiste más allá de los límites, pero no quieres estar ahí para ver el final. Para darte cuenta cómo el engaño no se sostiene por más argumento audaz que te lance. No quieres ver cómo el mundo creado en la página, que en principio fue blanca y poco a poco se tiñó de negro, no funciona fuera del laberinto literario. Te has recortado el cabello como señal de agradecimiento a la claridad que te dio la distancia. Observas en el producto de limpieza la fecha de su elaboración y recuerdas que justo ese día, ese mes, ese año, te encontrabas en otro país, uno ajeno al tuyo (muy al norte de tu cabeza). “Bajaste” para abrir el pensamiento, para entregarte a un cuerpo que no sabías falto de vitalidad, de empuje, del sencillo coraje de la honestidad. Te lo tragaste todo, como verdad absoluta y no sabías que el vómito no era un recurso, que el llanto no te salvaría, que sólo te quedaba la risa, la pequeña sonrisa de una mujer condicionada por sus propios pensamientos.

Nadie predijo, nadie te advirtió que así sería. Aún así piensas que a falta de toda advertencia, lo que resta es ver cómo zumban las moscas del recuerdo y desbaratan gustosas la apología de su poesía.

 

 

acercamiento al morir/ variación

 

Tallo mis piernas con el debilitado estropajo, cuido muy bien de enrojecer mi epidermis para cumplir con los efectos higiénicos. Alguna vez leí que nuestras células, conforme van envejeciendo, se recorren de los epitelios más profundos a los más externos, así mi cuerpo muere todos los días. Tallo mis piernas con fuerza, la fricción del estropajo hace sangrar un poco mi axila izquierda, no quiero morir de a poco, limpio la muerte de mi cuerpo. Las células sufren cambios, les crecen los citoplasmas, los núcleos se les hacen pequeños. Entiendo muy bien el proceso: mueren. Las mitocondrias pierden energía. Sé que están ahí, pero no las veo. Como la muerte que rodea todo. Como cuando años ya un amigo me narró el suicidio de su padre, sin mucho encanto tomó un cuchillo y se rasgó el vientre, “delante de nosotros no, él nunca haría eso”.

 

 

díptico de las buenas maneras

 

Lanzaré mis perlas a los cerdos, sólo por perdonar, por rendirme, por ser buena a la mala.

Quizá, cuando recapacite, les tire la primera piedra y esconda las dos manos.

 

 

Marlene Zertuche (Guadalajara, México, 1983), editora, gestora cultural y poeta. Estudió Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara. Ha participado en festivales de literatura en México, Colombia, Uruguay y otros países de América Latina.

Es autora de Mazo de Hércules y El otro sol. Sus textos aparecen en revistas de literatura y arte como Aurora Boreal, para los amantes del español (Dinamarca, 2012), Vía Cuarenta (Colombia, 2013), Espacio Luke (España, 2016), Electrón Libre (Marruecos, 2016), Odisea Cultural (España, 2017) y La Guardarraya (Los Ángeles, Estados Unidos, 2017), también en los libros El viento y las palabras. Renovación poética en Jalisco (La Zonámbula, México, 2014) y 20 años, Creadores Literarios FIL Joven (FIL Guadalajara-UdeG, 2014).

En 1999 resultó ganadora del Premio Creadores Literarios FILJoven en la categoría de cuento.
Actualmente se desempeña como gestora cultural y editora independiente. Junto con la poeta argentina Marta Cwielong, realiza la investigación Las vírgenes terrestres. Observaciones de poetas latinoamericanas, trabajo permanente sobre mujeres poetas latinoamericanas que tiene como objetivo la difusión de la obra de autoras nacidas en la primera mitad del siglo pasado XX, cuyo primer resultado se presentó en octubre de 2015 en la Primera Bienal Internacional de Poesía en San José de Mayo, Uruguay.
Es productora ejecutiva de la serie documental “Poesía viva del mundo”, producción cinematográfica sobre los principales festivales de poesía en el mundo, proyecto compartido con la productora cinematográfica Mental Revolution, que lidera el director de cine Rocko D. Márquez.

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