Poemas de Leticia Cortés

Presentamos cuatro poemas de Leticia Cortés (Guadalajara, 1980). Autora de los libros de poesía “Lámparas de sueño”, “De tu ausencia y mis pérdidas” y “Habitar la muerte”. Ha sido becaria del PECDA en su emisión 2006-2007 y del CECA en el año 2011.

 

Él me habló de las plantas carnívoras.

Me dijo que era mentira que comieran moscas. Que la gente tiene una mala idea de ellas. Que en realidad son peces que se paralizaron en el sueño. Que a veces se suicidan, se autodevoran y luego se escupen. Me habló de sus tiernas fauces. De los sueños que tienen cuando flotan sobre pantanos. Me dijo que cuando es de noche la odre produce una sinfonía capaz de provocar la muerte de todo aquel que la escucha. Me dijo que hay quienes observan con detenimiento el borde de la trampa, que a veces resbalan y caen y una vez que la planta los atrapa mueren ahogados. Pero no. Es mentira que se alimentan de insectos. Es mentira que la lluvia los mata. El néctar del cuerpo que contiene bombea y vuelve a florecer una planta carnívora. Hay quienes confunden sus labios con puertas falsas, ventanas engañosas y es imposible no caer en la trampa. Él me habló de la odre. Me dijo que no era cierto que se alimentaran de moscas. Quise creerle. Me alejé de él. Algo en mí comenzaba a resbalarse en el borde. Temía caer y ahogarme. Estoy frente a esa puerta falsa. Frente a esa ventana sin salida. Estoy enamorada de esa planta carnívora. Y no soy mosca.

 

1/4 del cielo despojado de tu menuda cabeza.

Un cuarto y medio siglo por vencer. Pequeño el espacio pequeño. El puño de tu mano no es tu corazón. El puño de tu mano es el golpe que revienta en la corteza de tu raíz invertida. Dime qué se siente abrasar la rendija del olvido. Dime qué se siente vomitar boca arriba. Dime qué se siente el miedo golpeando el vientre dime. Permanecer no es quedarse. Permanecer es huir en forma de fantasma.

Si por lo menos pudiera mantener

tus dedos lejos de la ceniza
alejados de las ruinas
que ahora son.
Mantenerte al borde,
lejos de toda destrucción.
Pero te empeñas en sostener
esto que apenas he sido
: de esta devastación que soy

 

Me dijo “Escríbeme” 

Lo repitió mucho tiempo
durante toda la noche
mientras acariciaba mi rodilla
mi cuerpo desconocido
me agarraba
se escapaba por mis ojos
después me soltaba y giraba
me tocaba con sus palabras la boca.
Con sus dedos, los labios.
Me habló de un amor
de los golpes
Me habló de mí
me conocí
a través de él
en su mirada
en él
Luego el whisky y la cerveza
Me recordó lo que son las palabras
“Escríbeme”
lo dijo al salir de casa,
después de besarme dos veces la frente.
Después de penetrarnos en la oscuridad
a ciegas
pidiendo no derribarnos
ni destruir algo de lo que aún queda del corazón.
“Escríbeme”
Y con la lengua le escribía el idioma de los pájaros
le hablaba de los acantilados que tengo entre los dedos
de las tantas costuras que tiene mi plexo solar
“Escríbeme”
y quería decirle
quería hablarle de lo rota que estoy
de las veces que he intentado
pero sigo teniendo ese sabor a descompuesta
a amarga
a enferma
Mi saliva a veces es ácido
a veces es veneno dulce
y pretendo no entregarme
pretendo escaparme apenas llegue la luz
pero casi siempre es oscuridad
y me quedo atrapada entre las costillas
del que me explora
del que a tientas me dice
“Escríbeme”
y lo hago
por permanecer
por dejar el preciso instante aquí
el beso inédito
la muerte precisa
el olor de su cuerpo en mi vientre
sus manos tibias buscando mi sexo
El universo entero en su cuerpo
Las luces de la galaxia en la habitación
Los sonidos estridentes
Sonidos verdes y luces
“Escríbeme”
y asentí
lo deletreo a cada instante
lo busco en mi monte
pero sólo encuentro una letra muda
Y su ausencia me llena
acentúa cada instante en el que tiemblo
Siempre hay soles negros
Soles que se apagan apenas llega el amanecer
Aves que en las alas contienen el alfabeto del aire
Aves que al abrir los ojos quedan ciegas
“Escríbeme”
y quería decirle
quería hablarle de lo rota que estoy
de las veces que he intentado
pero sigo teniendo ese sabor a descompuesta
a amarga
a enferma
Mi saliva a veces es ácido
a veces es veneno dulce
y pretendo no entregarme
pretendo escaparme apenas llegue la luz
pero casi siempre es oscuridad
y me quedo atrapada entre las costillas
del que me explora
del que a tientas me dice
“Escríbeme”
y el veneno fue él

 

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