Poemas de Jorge Orendáin

Presentamos cinco poemas de Jorge Orendáin (Guadalajara, Jalisco, 1967).

 

 

No soy costumbre

 

 

No hay peor costumbre que mirarse solo en la ciudad

que no te mira cuando le hablas,

que no te escucha si la contemplas.

 

No soy costumbre de mí mismo.

Espero. Me balanceo en la sombra que de un árbol nace.

Miro el abandono de los otros y no entiendo sus risas.

 

Tanto ruido de la ciudad me cansa.

Moriremos de sólo vivir para no estar viviendo

lo que de vivir no entendemos.

 

Somos tantos y estamos solos en nuestra creencia

de residir en una patria que nos custodia.

Nos han engañado.

 

Miramos en pantallas la felicidad.

Si un otro nos mira, un extraño dolor

se asoma por los ojos. Retiramos

las sombras a otras latitudes y lloramos,

lloramos por los atardeceres que se fueron

y por la tanta oscuridad que ya nos pertenece.

 

Somos la costumbre de lo diario.

Tomarse una taza de café con Dios. Mirarlo como se mira a un Dios que toma café. Decirle unas palabras. Dejarlo ir sin que pague la cuenta. Al séptimo día regresará.

Cajón de horas

 

 

Un cajón para que Dios guarde la hora.
Alicia Robles

 

 

En un cajón de mi armario

guardo todas las palabras que de la infancia dije.

En ese cajón

habita aún una esperanza que destrozada vive

cada vez que la recuerdo.

 

Desde hace varios años

ese cajón permanece cerrado por miedo a descubrir

todas las horas reunidas que perdí

mientras me distraía descifrando la mirada de Dios.

 

Hoy quiero abrirlo, pero tengo miedo de encontrar

un regaño de mi padre

y una caricia perdida de mi madre.

Envida

 

La vida está rodando por la pendiente del bosque
Hugo Gutiérrez Vega

 

 

 

La vida se detiene en un claro del bosque.

Todo el verde se hace silencio

para mirarla con la quietud que se merece.

No hay cielo

ni una mirada mínima de Dios.

El bosque es un ojo que mira,

que calla luz,

que engulle noches,

que se embosca en su sí.

 

La vida está rodando en el bosque

y no la vemos.

Nuestra vida está rodando en la vida

y no la vemos.

Al final de nuestra vida tendremos una sola llave.

No habrá puertas con cerraduras.

Sólo una aldaba y la esperanza

de que alguien nos abra.

 

 

 

Sobre el autor: 

Estudió la maestría de Literaturas del Siglo XX en la Universidad de Guadalajara, y la licenciatura de Ciencias de la Comunicación en el ITESO. Fue subdirector de la revista Trashumancia y cofundador de Ediciones Arlequín. Formó parte del consejo editorial de las revistas Reverso y Caminos de Jalisco y del diario Milenio-Jalisco en el área de cultura. También fue consejero en el área de letras del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Jalisco. Trabajó en la Gaceta Universitaria de la UdeG, el Iteso y Tec de Monterrey.

Actualmente trabaja en la Editorial Universitaria de la Universidad de Guadalajara, coordina el taller de poesía de la SOGEM y dirige la editorial La Zonámbula. Ha publicado los siguientes libros de poemas: Animalías (1994), Telescopios de papel (1996), Por demás la lluvia (1996), Ciudad a cuatro ríos (1999), Patio exterior (2008) y Marpa (2014).

También sus poemas forman parte de varias antologías locales, nacionales e internacionales.

 

 

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