Hija que cuelga del deseo

Sara Castelar Lorca
Sara Castelar Lorca

El animal sonoro que se mueve y respira en la escritura de Sara Castelar es un mamífero doliente. Se contonea, ensaya la voz, abandona el nombre propio. Luego imagina: Que hay un cuerpo encerrado. Que está encendido. Que no hay impedimentos, que no hay errores. Así va y recupera un éxtasis. Lo que debajo del cielo está temblando es otro cuerpo y también lo escribe.

 

Lisboa

 

Las calles de Lisboa se muerden las esquinas

y lamen en secreto la pobreza,

suena un gemido frágil que roza como un fado,

como lágrima dulce,

como un verso sanguíneo de Pessoa

fluyendo por la vena del farsante.

 

Caes sobre el mundo como un crujido obsceno,

niña de rodillas sucias,

arena penetrada de palidez y escombro,

las orillas del Tajo te escupen en las nalgas

cuando estás más desnuda,

cuando suenas a carne y a pendiente

y lésbica te agitas.

 

No hay palabras que toquen este silencio sucio

que brota en todas partes,

ese aroma lascivo de los perros subiendo por los muslos,

y tú, tan suya

balbuceas en la lengua del vencido toda oscuridad perversa

y ofreces al amor el esqueleto.

 

Vas a la noche azotada de cal, preñada de claveles,

y amas, amas como no es posible amar

sin la prolongación del ángel,

sin el tiempo que lentamente curva tu honda anatomía.

 

Tu desnudez ya no te pertenece

ni tus rezos

ni la espina cruel de tu blancura donde se rompe el aire.

 

Porque tú, niña despeinada de río,

con dulcísimo temblor de gorriones

has girado en el mar.

 

 

Pulso VIII

 

Sí, perdóname el cuerpo,

perdóname la sangre que me agita, roja y sucia

que me embiste por dentro y se contiene

para no salir de golpe hacia tu corazón dormido,

desnudo de niñez, ciego de árboles.

 

Haz de mí un animal sonoro

y dame la palabra para que la mastique

para hacer con ella ave funeraria o pedregal

donde el tiempo nombre sus raíces

y sume al alfabeto su condición de espora,

vida de cuantas vidas sucesivas leguen sus multiplicaciones.

 

Dame la voz enferma, mutilada

para que sólo yo la escuche y la consuele

y me inyecte en los años la mitad del dolor

que por tu faringe cruza

o cae,

como sonámbulo erial de invierno.

 

No perdones los ojos, los ojos de mi madre,

las colecciones de ojos que apuntan a la nuca,

los ojos de mis hijos, de los hijos varones de la noche

o de las hijas ciegas que cuelgan del deseo.

Marca con el dedo cada franja de blanco,

cada pregunta que en la luz detiene la retina

y en un himno carcelario condena la hermosura.

 

Derríbame en la rabia de mil generaciones

y sígueme desnudo, muerte adentro,

con la boca cosida de cadáveres

hasta poder fingir, como Pessoa,

que alguna eternidad nos alimenta.

 

Sé verdugo de todo cuanto nombre

y deja que me incline para morir despacio

mientras siembro naciones en el verbo,

hazme negación y tinta,

pero deja este armazón que late

y me sostiene

para que te columpie,

para que te resbale como gota incendiaria

y amadamente tuyo surja de tus huesos.

 

Ahora que caemos sobre el día

ya sin alas

y el corazón nos ata con el látigo agudo de la tierra,

haz con tu voz un nido

 

y perdóname el cuerpo.

 

 

(Poemas de El pulso)

 

 

Mimario IV

 

Acércate, aún no sabes cómo suena la noche,

no escuchaste el zumbido de la tierra

detrás de los insectos,

el cuerpo,

sus aristas dóciles:

hay una mujer desnuda desvelando la sombra.

Voy a hablarte del canto funerario del metal

que indaga en las esquinas más dulces de la muerte,

del frío que serpea entre los dioses zurdos

sentados a la diestra de sus hijos.

Cuando nada sucede,

sólo el blanco temblor de los alambres

o el surco que se inflama para recibir la raza,

un animal descansa en los racimos púrpuras,

sobre la idea misma de la muerte

o viceversa.

Voy a darte la llave de mi panal oscuro,

voy a beberme el mar,

a desatarlo.

 

(De La hora sumergida)

 

 

La urgencia

 

Cuerpo que sobrepasa la dimensión del hielo

y caliente aletea en otro cuerpo.

Vienes en las cadenas de la sombra,

en la erosión del vientre,

donde el vuelo desgrana su seminal lenguaje,

existes,

 

sobre el matiz sangrante del descenso

o en la farola tibia que curva su cartílago

y sus membranas ciegas.

 

Yo te amo en el vértigo del mundo,

con la piel traspasada por los hilos

donde se amarra el aire con tu aire

y el sonido corrige sus fisuras.

 

Mi corazón es una urgencia líquida,

bebedizo para tus labios rotos.

 

Soy esa niña sucia que juega entre los nardos,

el alfiler desnudo que te perfora el nombre.

 

 

Viaje a la piedra

 

De mi lengua despiertan las aves de la noche

y el idioma del hambre,

estoy pensando en ti como se piensa en la avaricia,

penetrada de aliento.

 

Tú cruzas la respiración y los escombros

y juegas a mi nombre,

 

yo, viajo hacia la piedra.

 

Sucedo en el desorden

mientras las piernas gritan el lenguaje del vértigo

y la palabra cae,

extensa

como tu cuerpo en la memoria:

 

el yugular gemido,

la sangre con sus perros.

Viajo hacia la piedra, sí,

donde la voz gotea las manzanas obscenas

y bebo un corazón

y escupo pájaros:

 

putas golondrinas que regresan siempre.

 

(Poemas de Verso a tierra)

 

SARA CASTELAR LORCA 

nace en Hannover, Alemania, en 1975, poeta granadina residente en Valencia. Cursó estudios de derecho en la Universidad de Granada. Es autora de los poemarios El pulso (EH Editores, 2010), Verso a tierra (CEDMA, 2010), La hora sumergida (Turandot, 2012) y Aspirantes al paraíso (2016). Ha ganado numerosos certámenes poéticos, entre los que destacan el X Certamen Internacional de Poesía Ciudad de Ronda, 2009; VII Certamen de Poesía de la Fundación de la Mujer de Cádiz, 2008; Premio de Poesía Juan Cervera 2009 y el Certamen poético Pilar Paz Pasamar, 2009. Ha publicado poemas en las revistas Aldaba (Sevilla), Aguamarina (Vizkaia), Espantapájar@ (La Serena, Chile), así como en Antología de poesía erótica El búho rojo, 2008; la antología de poetas andaluces Y para qué + poetas (Eppur Ediciones) y en la antología Versos para derribar muros (Los libros de Umsaloua, 2010), Ida y vuelta (Fin de viaje, 2011) y Andalucía en el verso (Depapel, 2012) entre otras. Actualmente dirige el proyecto editorial Karima Editora.

 

 

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