Progreso 2012 De Sergio Eduardo Cruz.

Progreso, 2012

 

En su constitución básica, una isla

no es más que un ente fragmentario:

un pedazo de tierra, un país abortivo

donde nunca eclosionó la carne.

 

La península, en cambio, es otra cosa:

la vasta, la innombrable

caridad del tiempo brotando sus ejes,

la voz que murmura en sus amantes

el silencio;

y esta península es también otra cosa

más allá de todas las terrestrias: es,

cuando te levantas a medianoche, un gajo

del mundo despierto que no sabe

dónde empezar

ni terminar,

víbora en el eje de todo: apéndice

correctamente señalado en mapas

donde cada río, reconociéndose,

escinde. Una casa vacía, un jardín,

unos muebles tomados del basurero

y un par de caguamas intercambiables

que arrastras a la oscuridad de tu habitación

en la hora postrer del mundo vivo

son todo el talismán de tu aventura.

 

Una isla es como una verdad solemne:

vacía y ciega, pero hermosa, al menos

cuando puedes alcanzarla. Toda ella

es luz donde se pierde la materia,

 

donde la imaginación arrastra al tiempo

hacia sus límites. Yo soy una isla,

por ejemplo: supe que lo era cuando,

hace unos doce años, vi a los montes

resguardando mi ciudad de la tormenta

por estar tan separados de ella

y frente al mar.

Una isla

cuando está cerca de tierra firme

genera esos efectos: sirve de guía,

de protectora, de constante al infinito

y los que en tierra le agradecen

la toman por sentada. Pero lejos,

sin embargo,

de la tierra,

una isla es nada más un triste lujo,

una verdad que se lleva en carne

a veces, luego se pierde y qué más da,

luego se olvida. Soy una isla

que busca echar raíces en arena

de una playa: apeñuscarse, peninsularse

y busca cómo sin hacerlo y queda

flotando nada más ante el océano,

en lo invisible.

 

La voz de las islas, penínsulas, canta:

todo lo que significa esta noche

será olvidado por la luz de aquél mar,

aunque la toquen mis manos por siempre

 

pero en el cuerpo de heridas que ando

nada más soy otro que no encuentra

las llaves, y pasan tantos, gente sin cara,

y sé que no hay lugar a donde ir.

 

Acerca de :

Sergio Eduardo Cruz

(Estado de México, 1994)

Poeta, traductor y crítico literario. Su trabajo ha sido publicado en revistas mexicanas e internacionales. Estudia en la UNAM y es coordinador de traducción en la revista electrónica Círculo de Poesía.

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