Juan Carlos Recinos: Mapas como el lugar de la memoria

 

I

Hace un par de años comenzó mi acercamiento con la obra de Juan Carlos Recinos. Su primer libro, Cantos peregrinos, pude leerlo en su tercera edición, perteneciente a su editorial Jaguar Ediciones. En aquel momento, 2012 o 2013, la lectura dedicada de este poemario, me llevó a escribir:

En Altazor existen unos versos que valen para mí, en cuanto a que invocan la calma al final de la vorágine del canto I: “Silencio / Se oye el pulso del mundo como nunca/ pálido/La tierra acaba de alumbrar un árbol”. En este punto, la palabra de Vicente Huidobro nos recuerda que es necesario hacer a un lado la velocidad de la vida moderna y su ruido, para escuchar las cosas verdaderas que palpitan en el mundo. “Cantos peregrinos” de Juan Carlos Recinos, que está lejano de muchas de las propuestas huidobrianas, parte de esta premisa y es una buena opción en la poesía mexicana actual. Los poemas que integran este volumen apuestan por el cuidado técnico, así como el manejo de una temática clásica y sencilla, que exige al lector detenerse en algunos versos para reflexionarlos.

Escribí aquello, porque ese primer libro suyo me parecía una apuesta diferente, muy sureña diría hoy, a lo que se suele impulsar en el resto del país (la violencia en sus múltiples facetas, la experimentación formal), una apuesta difícil de emprender y sostenida por tonos, temas y figuras retóricas clásicas. La innovación era sencilla, consistía en darle una frescura diferente a lo ya visto tantas veces en la poesía en castellano, esto es: darle un giro de tuerca al lugar común. No voy a mentir, la idea me pareció buena en su momento y aún hoy pienso que se lleva a buen término en algunos momentos clave, como en el poema Levante.

       Ahora bien, Cartografía íntima, segundo libro del poeta chiapaneco, es la evolución de aquella propuesta que les venía platicando. Los poemas de Recinos alcanzan su mejor factura y densidad. Ahora, poeta con mayor oficio, se atreve a probar el timbre de su voz con poemas de varias longitudes, incluyendo formas breves y poemas en prosa. Estos últimos, son en lo que más se profundiza y, luego entonces, lo mejor del libro.

En esta ocasión no voy a analizar de forma exhaustiva el poemario, le arrebataría al posible lector el gusto de visitarlo a su manera, pues, como decía Octavio Paz: “Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre. Ya lo llevaba dentro”. Los poemas que me gustaría abordar son dos, que me parecen los de mejor factura y que marcan las claves para adentrarnos en las páginas del poemario: Celebración e Inscripción.

II

Celebración. En general, todo Cartografía íntima puede ser leído como una oda al cuerpo humano y sus sentidos. Es importante recalcar el concepto de oda, pues abundan pocos ejemplos en el panorama poético actual mexicano. En poesía uno encuentra mayor facilidad en el tratamiento de temas tristes, amorosos, urbanos y tremendistas, no al ensalzamiento del hombre por medio del erotismo:

“Enciendo la noche por tu cuerpo. Trazo una línea en tu piel, como una ofrenda, en esta suave madrugada”.

Celebración es el prólogo del poemario. No sólo eso, el tema del poema le da su título definitorio: Cartografía (referente a la idea de mapeado) íntima (que denota una lectura del cuerpo erótico, pero no sólo femenino, también masculino). La excitación o exaltación ocurrida en un determinado cuerpo, se refleja en el otro:

“Toco las grietas de tu cuerpo. Me conducen al jardín de palabras

amordazadas”.

cartEl yo poético palpa, siente e inmediatamente es guiado por las geografías del goce. Es a partir de la línea antes citada que el poeta es acercado por su propio sentido del tacto hacia su amoroso destino. No un destino manriquiano que compara la vida con un río que se pierde inevitablemente en el mar, sino como un lugar permanente, un cuerpo de agua detenido al interior de un espacio cerrado. Es importante subrayar el hecho de que el poeta es dirigido, pues le da un giro especial a la relación amorosa. El hombre adquiere un rol pasivo, a pesar que desde su mirada ocurre el universo, y la mujer uno activo: ella  actúa y da las pautas en la relación amorosa. Sin el personaje femenino el mundo desplegado en Cartografía íntima sería un océano de sustantivos y adjetivos, pero yermos, vacíos, sin la movilidad necesaria que otorga el verbo.

Inscripción. Es el primer poema del apartado Travesía de la noche, marca la mitad del libro. También funciona como parteaguas, pues aparece, ligeramente, un nuevo tono que prefiere describir lo que ocurre alrededor del instante amoroso y alejarse someramente del yo poético; en otras palabras, el poeta sede su rol protagónico-guiado por la mujer, y toma el de testigo:

La noche inicia aquí. En este sitio que arde, nos hunde y engendra el primer

relámpago.

El poema se encuentra nutrido de acertadas paradojas, dando cuenta así de un universo poético formado por claroscuros: “La noche inicia aquí / engendra el primer relámpago”. “Al centro de la noche. / La luna”. “La luz / se consume en silencio”. Tampoco debemos olvidar la presencia de imágenes plásticas: “Ha caído la lluvia en la ciudad y un espejo es el asfalto”. Es verdad, durante y después de Inscripción hay un cambio de objetivos en la poética del libro de Recinos, sin embargo, los temas abordados siguen siendo los mismos: la mujer, la noche, la alcoba, la persistencia de la sombra frente a la luz. Temas que son los que le dan su unidad sólida a cada una de las cinco partes del libro.

III

Acaso lo único criticable que podemos decir de Cartografía íntima es el hecho de que el sustantivo noche se repite en la mayor parte de los poemas. El lector se preguntaría: ¿No basta con nombrar la noche en algunos versos clave, para saber que en tal atmósfera transcurren los poemas? Acaso esa insistente repetición se deba a un término poco usual que Rodolfo Hinostroza llamaba el lugar de la memoria. Dicho término, supuestamente perfeccionado por Giordano Bruno, refiere a un lugar específico, por ejemplo una sala bien amueblada, que sólo existe en la memoria del sujeto, donde cada cosa en él contiene recuerdos o significaciones importantes.

Si trasladamos este término al lenguaje de la poesía, encontraríamos que el lugar de la memoria de los poetas está comprendido en su propia obra; es decir, elementos recurrentes se repetirían en algunos poemas, e intentarían delinearnos en nuestra mente lectora la forma que podría tener dicho lugar de la memoria. La noche, entonces, es una de las partes de la representación del lugar de la memoria de Juan Carlos Recinos, el cual, a partir de Cartografía íntima comienza a construirlo arquitectónicamente en su obra: un setting en el cual plenamente convive la pareja amorosa, según se lee en el poema 12 de Ascensión de la luz:

El esplendor de tu cuerpo es la habitación más sublime donde una vez recorrí, a tacto, el mapa de esa noche.

Antes de concluir con mi presentación, me gustaría hacer énfasis sobre la tradición poética a la que Juan Carlos Recinos pertenece. En primera instancia es sureña, preocupada por las descripciones de los elementos y sentimientos comunes que han rodeado al hombre desde hace siglos, es decir, su materia de trabajo es la naturaleza permanente, ya sea aquella que actúa dentro o fuera del ser humano. Su insistente recurrencia en el setting nocturno y a las diferentes tomas focales de la recámara nupcial, hechas no con morbo, sino con un erotismo que se acerca a lo místico, nos recuerda la poesía del tabasqueño Ciprián Cabrera Jasso, poeta hoy por hoy olvidado por aquellos críticos que, con sus trabajos intelectuales, se encuentran construyendo el canon de la poesía mexicana.

Es, entonces, la poesía de Juan Carlos Recinos una opción seria en la literatura mexicana reciente, que se baña ampliamente en el pozo de la tradición, no sin antes demostrarnos que todavía se puede decir algo más sobre ella, sin tener que recurrir a la imitación o a forzar el aparato literario a través de una innovación que más tiene que ver con la artificialidad que con el acto poético en sí.


Sobre el autor:

Marco Antonio Murillo

MFA en Creative Writing por la Universidad de Texas en El Paso. Lic. en Literatura Latinoamericana por la Universidad Autónoma de Yucatán. Premio Nacional de Poesía Rosario Castellanos, en 2009. Premio Estatal de la Juventud 2014 en artes. Asimismo, ha obtenido la beca de Jóvenes Creadores del PECDA (2009) y la University Grant de la Universidad de Texas en El Paso (2013-2016). Es Autor de los poemarios Muerte de Catulo (La Catarsis Literaria, 2011; Rojo Siena, 2013) y La luz que no se cumple (Artepoética Press, 2014). Ensayos suyos aparecen en los libros: En la orilla del silencio, ensayos sobre Alí Chumacero (FETA, 2012), Museo de esperpentos y ensayos en prosa bárbara de Josué Mirlo (Verso Destierro, 2015). Como antólogo ha sido coautor del libro Casi una isla: Nueve poetas yucatecos nacidos en la década de los ochenta (SEDECULTA, 2015) y coordinador de los dossiers “Poesía hispanoamericana de la década de los 80” (Río Grande Review no. 44) y “Mexican Contemporary Literature” (Río Grande Review no. 45). Ha sido editor de la revista Bilingüe Río Grande Review y parte del Consejo de Redacción de la Revista de Literatura Mexicana Contemporánea Actualmente es becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de ensayo.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*