Francisco Trejo

Presentamos una selección de poemas de Francisco Trejo, en ellos el lector encontrará una visión muy fresca sobre la tradición del epigrama grecorromano, que consiste en tomar elementos cotidianos y poetizar sobre ellos. Podemos decir, entonces, que los poemas de este autor nacido en Ciudad de México tienen una voz equilibrada entre lo solemne y lo conversacional.

 

Reconcilio del agua

 

Padres,

perdonen el oficio de verterme a cántaros.

No puede el agua tolerar la sed por mucho tiempo

como la que invadió nuestro hogar

durante los años de palabra incultivable.

Entiendan hoy al hijo lluvia que optó por el mutismo

y después de su niñez desarrolló un estero

en la hondura de su alma

para que otros beban de él.

 

 

 

 

 

 

 

 

La tristeza de las garzas

Para Armando Trejo

¡Quién pudiera

sencillamente mirar,

sentir,

y expresar la poesía

como los niños!

ELÍAS NANDINO

 

 

Hoy, mirando el lago seco del Bosque de Tláhuac

—estéril como un ojo sin párpado—,

presencié que mi sobrino, luciérnaga del mediodía,

extendió las alas de su niñez

al descubrir la tristeza de las garzas ocultas en la sombra:

 

“Tío, nosotros también nos secamos”

 

Y sus palabras fueron raudal,

diáfana lluvia en mi huerto

vulnerado

por funestas sequías.

 

 

 

 

 

 

 

 

La posibilidad en los hoteles

 

Unos van a sus guerras

otros al corazón de los hoteles

 

ABIGAEL BOHÓRQUEZ

 

 

 

Tengo miedo de las calles,

de su angustia y de sus vísceras expuestas al sol

como lirios dormidos en la peste.

Pero existe en ti, amante,

la posibilidad del sueño alado de las larvas.

Más me valdría morir

en tu marsupio emprendedor del vuelo,

guardar —desnudo— el reposo

después de la labranza

y de mi libación sobre tus frutos.

Más me valdría hallar

aquí mis huesos

que hallar la vida afuera

—infecta y voluptuosa—

bailando

con su vestido de sangre.

 

 

 

 

 

 

 

 

Petición del amante

 

Encuéntrame en los hoteles.

Ocúltame en ti.

Ven a llorar conmigo lo irreparable del mundo.

Las lágrimas son, en estos tiempos,

el ansioso mar

que siempre busca otras orillas.

 

 

 

 

 

 

 

 

Una idea sobre la ausencia de dios

Para Beatriz Camacho

La compasión de Dios me resulta dolorosa

como el mutismo del que canta para no colgarse de la higuera

y fingir ser miel adentro

del oscuro de su vida.

 

Caer es natural:

cae la lluvia y la placenta que abrazan las crías de los cerdos,

cae la vida

como cayó la gata que enterré, trémulo, en el jardín de las caléndulas.

 

Cae despacio el peso de mi congoja

porque sé que sin caer en mi tumba

he caído

en el hueco de esta soledad que lleva

el nombre desgastado de mi especie.

 

Y sé que Dios no está más entre nosotros,

porque todo creador,

después de descubrir la joroba de su alma en su poesía,

se angustia y se da un tiro —es natural—

o vive en el engaño del aplauso para siempre.

 

 

 

 

 

 

Francisco Trejo (Ciudad de México, 1987) estudió la Especialización en Literatura Mexicana del Siglo XX en la UAM Azcapotzalco. Ha publicado en diversas revistas nacionales e internacionales. Entre otros reconocimientos, recibió el Premio Nacional de Novela y Poesía Ignacio Manuel Altamirano 2012. Sus libros publicados son: Rosaleda (Rojo Siena Editorial, 2012), La cobija de Ares (Praxis, 2013) y El tábano canta en los hoteles (Ediciones Monte Carmelo/CONACULTA/Gobierno del Estado de Guerrero, 2015). Una muestra de su obra está incluida en la Antología general de la poesía mexicana. Poesía del México actual. De la segunda mitad del siglo XX a nuestros días. Formó parte de la generación Jóvenes Creadores del FONCA 2014-2015.

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