Entrevista a Marco Antonio Murillo

Hablar de Marco Antonio Murillo es hablar de actualidad y presencia en la poesía yucateca y mexicana. Marco a través de un cuidado lenguaje, que asemeja a un hábil esgrimista, logra mantener esa poesía para leer lentamente y disfrutar de todas sus imágenes. Marcapiel tuvo la oportunidad de platicar con Marco en su anterior visita a la ciudad. Rodeado de libros (como si este fuera su ambiente natural) tuvimos a bien realizarle una pequeña entrevista:

MPL- Marco, ¿Cómo es ahora tu perspectiva de la poesía mexicana  y en especial de la yucateca, luego de tu estadía en el extranjero?

Haber vivido en El Paso, Texas te mantiene alejado de los círculos literarios del Estado y del País. Por tanto, uno puede ver con mayor claridad qué está ocurriendo en el ámbito literario. En Yucatán no está pasando nada que me llame la atención, está igual que cuando lo dejé en 2013, hace no mucho. De todos modos hay que reconocer la suma de esfuerzos que la Red Literaria del Sureste (vía Ricardo E. Tatto y Rodrigo Ordóñez) ha logrado llevar acabo en eventos importantes como: Las Jornadas García Poncianas, El Coloquio del Cómic, así como el Encuentro Literario del Sureste. También es importante nombrar a Katia Rejón que con su revista Memorias de nómada y algunos eventos que promueve en el Centro Cultural El Colibrí, anda haciendo cosas que los de su generación le agradecerán en el futuro.

Respecto al ámbito nacional, se han acrecentado las luchas de los grupos de poder (estar ahí es garantía de premios, becas, publicaciones), que falsamente se han disfrazado del debate “vanguardia vs tradición”, ya desfasado, por cierto. Ahora dicho diálogo ha llegado a un clímax, no de propuestas, sino de escándalo con la publicación en Francia de una antología de 20 autores mexicanos. No la critico, pues no la he leído, ni conozco la obra de todos sus integrantes, pero supongo que el prólogo tendrá el sustento necesario para rebatir la mayor parte de las críticas que está recibiendo. Por otra parte, pienso que apostar al 100 por ciento por la tradición o por la vanguardia, o bien, atacar la obra de unos autores y defender la de otros, sin bases críticas, creyendo que así estamos colocando una piedra viva en la poesía mexicana, es tapar un hueco a la canoa y dejar destapado el otro. Con esto quiero decir que todos los estilos poéticos de México podrían convivir exitosamente sin perder en tiempo en una lucha, que simula a la de clases sociales, poco enriquecedora, que más bien lleva a la pérdida de lectura de autores importantes.

MPL – Entiendo. ¿Entonces cómo concibes ahora el futuro de la escena literaria yucateca?

Me parece que, por el momento seguirá igual: la generación de los ochenta ya hizo lo suyo en Yucatán y ya están dados los nombres de los que están trabajando constantemente, que son los que aparecen en la antología Casi una isla, que se publicó el año pasado. Estos autores, sin embargo, muy poco pudieron hacer por Yucatán (o acaso sea mejor decir: quisieron hacer). Muy poco, porque, a pesar de que el resto de la República conoce el nombre de uno o dos poetas yucatecos, no se interesa y desconoce realmente el panorama estatal. Ahora bien, la estafeta de estos autores está siendo tomada por aquellos nacidos en los noventa. Al respecto puedo decir que ya existen dos libros interesantes: La sal enferma de Rodrigo Quijano, el cual tuve la fortuna de prologar, y Mímesis para gusanos de Daniel Medina. A ellos les corresponde juntarse, conocerse, criticarse (esto sobre todo), con el fin de abrirse camino y seguir podando y regando el césped de la poesía yucateca

MPL – Si el día de hoy tuvieras que elegir, (si pudieras desde luego)  una generación a la cual te gustaría pertenecer ¿Cuál sería?

Pienso en las generaciones nacidas en la primera mitad del siglo pasado. Eran generaciones que, si bien se enfrentaron a grandes problemas sociales (el asentamiento de las instituciones mexicanas, el difícil acceso a la educación y los libros), estuvieron presentes en los grandes momentos históricos del México posrevolucionario y postsegundaguerra: la expropiación petrolera, el 68, el zapatismo.Estar presentes en estos momentos históricos, sino te da tema directamente para la poesía, la provoca. Con esto quiero decir que los personajes protagonistas de aquellas generaciones tuvieron sus dificultades, pero también estuvieron presentes en los grandes hitos de nuestro país. Es bien sabido que la poesía, la grande, no solo requiere talento o lecturas, sino estar en el lugar y momento correctos.

Voy a poner un ejemplo, esperando no ser agarrado a patadas por ustedes o los lectores, se dice que el mejor libro de poesía de los sesenta es No me preguntes cómo pasa el tiempo de José Emilio Pacheco, no solo representa el hastío que la juventud tenía para con las instituciones priistas, sino también el inicio de la cultura retro, que hoy en día es lugar común en la literatura mexicana (vaya, el título lo tomó Pacheco de un poeta chino). Si Pacheco hubiese nacido hoy en día y no justo en ese tiempo, hubiese sido un buen poeta sí, pero no escrito las obras importantes que dio, o si lo hubiese hecho, no tendrían el impacto que tuvieron, ya por desfasadas.

Luego me gustaría hablar del caso de mi generación: nos han tocado grandes ventajas: el conocimiento del mundo a nuestra disponibilidad en aparatos no mayores a un libro, las grandes bibliotecas, el dinero dedicado para la literatura. Pero, viene la pregunta que Paz hiciera alguna vez: ¿Y yo de quién puedo hablar?, o más bien, ¿De qué puedo hablar? Vivimos en un tiempo de guerras y problemáticas sociales, pero de esto ya se habló hartamente en décadas anteriores, entonces, no son hechos nuevos, sino repeticiones cuya culpa recae en nuestra falta de memoria como seres humanos. A nosotros lo nuevo que nos tocó son cosas que, según yo, son inalcanzables para la poesía: las redes sociales, el internet. Lo son por efímeras e inabarcables, no porque los poetas no quieran tematizarlas. Por su parte la poesía, y aquí citaré a Bachelard en un texto que me parece resume la tarea que siempre ha tenido: “Una imagen le cuesta tanto trabajo a la humanidad como un carácter nuevo a la planta”. Si esto es así, ¿Cómo hablar de algo que al siguiente día ha quedado obsoleto? Además, ¿El facebook, el internet, de verdad valen la pena como temas para la poesía? Me refiero a que son maquinarias virtuales que se significan por sí mismas, y no requieren de la poesía para legitimar sus funciones para con la humanidad.

MPL- Citas algo muy cierto. Hace poco nos tocó leer unos textos (digitales como debe de ser) de una joven, llamémosle escritora, donde todo el texto gira alrededor de tres tópicos: tecnología, sexualidad y  amor. Si bien el trabajo no fue del agrado de todos, no dudamos que le ha de agradar a alguien pero viene al caso porque citas lo efímero de la actualidad y la forma en que los autores abordan estas situaciones   ¿De qué forma entender este fenómeno, que pasará con estos trabajos, estarán vigentes en 50 o 100 años, es una expresión natural del poeta joven  o es un intento de prolongar  su propia actualidad?

Como todo en la vida, hay colores distintos para distintos tipos de gusto. Pero lo que sí es cierto es que el poema se debe juzgar de acuerdo a los elementos que lo constituyen, no de acuerdo a nuestra moral o cierta afiliación poética. Gerardo Deniz, por ejemplo, es un autor que no me gusta, pero reconozco que es un gran poeta, imprescindible para nuestra literatura.  Ahora bien, sobre la pregunta puedo decir que precisamente en la incertidumbre de qué textos serán leídos dentro de 50, 100 años, está la belleza de la literatura, y debo decir su justicia. ¿Quién lee actualmente a Campoamor, quién recuerda algún verso de Sully Prudhome, o quién tiene en casa un libro de poemas de Santos Chocano? Ellos fueron muy famosos mientras estaban vivos, ahora tal vez no sean necesarios, o no hemos buscado como hacerlos necesarios a las necesidades literarias de nuestros tiempos. Esto ha pasado a lo largo de todos los tiempos, sólo un puñado de obras ha salvado siempre la prueba del tiempo. Ariosto en el canto 34 de su Orlando furioso tiene un pasaje bellísimo al respecto.

Siguiendo con la pregunta, puedo decir que cada quien escribe sobre lo que le toca vivir y no hay de otra. Darío escribió sobre el entusiasmo y la decepción por la modernidad, Lezama Lima escribió sobre Cuba y las inmensas lecturas que tuvo sobre el arte de todo el mundo, Eduardo Milán lo hace sobre su exilio. Escribir es una tirada de dados: no es tarea de los vivos ni de los muertos el preocuparse de la trascendencia de este oficio, más bien es tarea de gente que no ha nacido. La tarea de un escritor debe ser, antes que cualquier cosa, dar todo de sí en sus textos, con sinceridad. No sabemos qué poeta o qué obra será la insignia de los tiempos futuros. Eso será determinado por las necesidades de la sociedad que se haya construido. Nuestra sociedad actual, donde el hombre medio es el protagonista, tiene encumbrado por sobre todo al Quijote, antes estaba el Orlando furioso, porque era una época de formación territorial en donde la epopeya era necesaria para delinear un conjunto de leyes, valores y territorios que todavía no eran llamados países.

MPL-bien Marco para ya cerrar esta breve entrevista ¿qué viene para ti como persona y como poeta?

Como persona: seguir mi vida diaria, como hasta ahora la he llevado, no creo que, ahora que acabo de concluir mis estudios en El Paso, cambie radicalmente. Como poeta: seguir leyendo y escribiendo con la misma velocidad de siempre. No me gusta hacer muchos poemas, para realizar uno me lo pienso bien y necesito que me funcione ideológicamente. Así me siento cómodo: dar lo mejor de mí en poco. Aunque seguramente muchos dirán que no es suficiente, ahora que publicar demasiado parece estar de moda en México.

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