Desde Chetumal un cuento

Procrastinación

Sabes que has tomado café, pero que no te gusta lo suficiente como para hacerlo de manera habitual, no obstante, comienzas a sentir cómo el sueño se va metiendo de a poco en ti, desde las puntas de los dedos de tus pies, viajando lentamente a los ojos, intentando impregnarte poco a poco con el fin de apoderarse de tu cuerpo sin que logres percibirlo e intentas detenerlo. Tu cama, a escasos pasos de ti, te llama, aún destendida, lista para que te eches de nuevo en ella y te envuelva entre sus ropas hasta que logres quitarte la pesadez de los ojos y se difumine, aunque sea un poco, aquel morado grisáceo que pinta su contorno. Y están los pendientes, aquellos que no parecen desaparecer nunca, que siguen estando ahí a pesar de las horas y los días, pegados a tu espalda, cargándolos contigo a donde sea que vayas, y te preguntas si es acaso por ellos que la mochila te ha pesado tanto los últimos días…

Por ratos te duele la rodilla mala y maldices los ensayos a los que has tenido que asistir los últimos días, por los minutos que has tenido que sostenerte sobre ella y que de cuando en cuando hacen estragos, y recuerdas el tiempo que el montaje te ha robado, y quisieras responsabilizarlo de las prisas en que ahora estás, pero en el fondo sabes que aunque no hubieras ido, seguramente estarías tal como ahora. Sientes que te mareas y maldices al sueño, a la escuela, a los maestros, a las horas, a ti y a tu indisciplina… y te gruñe el estómago y ya no sabes si es hambre o si acabarás con diarrea por los desajustes de las últimas semanas, por el café con chocolate que te tomaste hace un par de horas, o simplemente como parte de las malas rachas que suelen perseguirte cuando más suerte necesitas.

No te sientes nerviosa, pero la cabeza te da vueltas… piensas que terminarás vomitando o que quizá sugestionarte es una nueva forma de procrastinar, distrayéndote de lo que deberías estar haciendo en lugar de augurarte puros males. Y te decides a tomar más café, no sabes si en realidad te funciona, pero aun así te diriges a la cocina con la taza en la mano, piensas en repetir la combinación con el chocolate, de pronto recuerdas a tu amiga contando que ha tomado café con agua de té verde, y le agregas un sobre de té de manzanilla a tu agua. Piensas en cuando te quemaste la lengua el lunes pasado, por andar tomando del capuchino de alguien más, no se ha recuperado del todo, aún está sensible. Tomas la taza, le viertes café y después chocolate, y lo pruebas: te gusta. Dudas un poco acerca de agregarle azúcar, tal como lo hiciste con la primera taza, pero decides no hacerlo, pues aunque te gusta lo dulce, el café lo prefieres amargo… probablemente por aquella idea tuya de degustar todo en su sabor “natural”, por lo cual evitas en lo posible echarle salsa a la comida, sobre todo cuando los sabores son fuertes.

Piensas en lo revuelto que está tu “escritorio”, y sabes que tu cuarto está igual, y que incluso tú lo estás porque esos espacios son un reflejo claro de lo que eres tú, en ellos se aprecia lo apretada que has andado con el tiempo, pues no has podido reacomodar la ropa en su lugar, ni siquiera has lavado la que está en el canasto, y en el piso hay dispersos seis pares de zapatos que no han conseguido entrar de nuevo a sus cajas o a su lugar en la zapatera. Ya casi se termina tu bebida combinada y aún te sientes mareada, y aún piensas en tu cama, sobre todo al sentir tu espalda, que en las primeras horas de la mañana ya se siente cansada. El hambre se ha ido de manera momentánea, pero sabes que en cualquier momento regresará porque ha sido uno de tus males desde que el cuarto comenzó a desordenarse, ya no sabes si comes por ansiedad o si es hambre real, pues últimamente te llega cada mañana apenas abres los ojos.

Recuerdas tus inasistencias a las clases, aunque quisieras no hacerlo, pero sabes que no puedes engañarte pues te conocen lo suficiente como para saber que en estos días has sido una de las ausencias, y te lo reprochas, y te das golpes de pecho, pero terminas reconociendo que no has sabido organizar tu tiempo… evitas pensar desde cuándo ha sido así, pero te das cuenta de que en realidad ni lo sabes, no tienes una idea clara de en qué momento exactamente te volviste lo que eres, en qué etapa de tu vida, o a qué edad te dejaron de importar tantas cosas… inevitablemente piensas en tu madre, posiblemente decepcionada porque dejaste de ser brillante incluso antes de que el brillo comenzara a notarse, pero tampoco te importa ya.

Siguen los pendientes, te has bloqueado de nuevo y ya no sabes cómo retomar el ritmo que un par de horas antes habías agarrado. Sigues sin sentir el estrés, pero sabes que no estás bien, pues en este momento deberías estar en la escuela y no estar haciendo un recuento de cosas que sabes, pero que sigues sin evitar… y últimamente te ha costado más, has prolongado las cosas más de lo normal, y cuando lo piensas no entiendes por qué, y te preocupas, pero después lo olvidas y sigues haciendo otras cosas menos lo que deberías. Se te ocurre que quizá no funcionas bajo presión, pero reconoces que es así como has estado trabajando tal vez desde el último mes, y sientes que entras en contradicción, pero tampoco importa ahora. Sientes que todo da igual, ni siquiera te pone nerviosa saber que por la tarde estarás frente a un público, aunque seguro al momento tu cara quedará roja, pero no lo piensas más.

Llevas media hora escribiendo, te acabaste el preparado de café con chocolate y té de manzanilla, y los pendientes y el acecho constante del sueño siguen ahí, y el tiempo no ha dejado de correr, pero tú sí.

 


Sobre el autor:

Anahí Chamlati Juárez

(Chetumal, Q.Roo, México, 1993)

Actualmente cursa la licenciatura en Humanidades en la Universidad de Quintana Roo.

Como parte de su formación literaria, he tomado algunos talleres, desde el 2014 a la fecha: 1) De la lectura a la Escritura, por Antonio Ramos Revillas; 2) Voces Narrativas en la Literatura Mexicana Contemporánea, por Agustín Ramos; 3) Taller de Escritura Testimonial, por Agustín Labrada,  Y los signos en rotación, por Mario Bojórquez, en el marco del Festival Cultural Interfaz.

 

Sobre administrador Marcapiel 34 Artículos
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