Hay pocos autores como Juan José Macías (Fresnillo, Zacatecas, 1960), que se desenvuelvan con soltura en el verso y en la narrativa. Acaso él escuchó a Baudelaire cuando éste aconsejaba a los escritores “Sé poeta, siempre, aun en la prosa.” Presentamos aquí cuatro poemas de su último libro, publicado en 2018, testimonio del oficio que lo acompaña como poeta, de su conocimiento de los metros y de la responsabilidad que tiene como creador literario.

Juan José perteneció al Taller Literario de la Casa de la Cultura de Aguascalientes, coordinado por David Ojeda y más tarde por David Huerta. Ha publicado ensayo, cuento y poesía en diversas revistas del país y del extranjero.
Parte de su obra poética ha sido traducida al francés, alemán y portugués.

Es autor de las novelas El nuevo liguero de Maruja (y otros fetiches) (Ediciones de Medianoche, 2008), La meiga y el trovador, historia nueva y verdadera del poeta bajomedieval, Macías el enamorado (Taberna Libraria Editores, 2013); y Nadie se pasea impunemente bajo las palmeras (Azafrán y cinabrio ediciones, 2014), del libro de ensayo La experiencia del pensar: filosofía y poesía en Antonio Porchia y Roberto Juarroz (Conaculta, 2009) y de los volúmenes de cuentos “Páginas escogidas de las muy estrenadas memorias de un escribano, víctima de un amor correspondido, y otros cuentos inmorales”, en José Arturo Burciaga y Juan José Macías, Juntos diablo, carne y mundo. Una historia moral en la Nueva Galicia (Taberna Libraria Editores, 2017) amén de diversos estudios críticos.

Así mismo, Juan José escribió los poemarios Sensualineal (Premiá Editora, 1989); Ánima ascua(Universidad Autónoma de Zacatecas, 1994); La Volenté de Dieu/ Deo volente (Écrites des Forges/Mantis Editores, Canadá, 2001); La venue d’Hölderlin/ Viene Hölderlin (Écrites des Forges/Mantis Editores, Canadá, 2005); Dos máscaras para Dionysos (Ediciones sin nombre, 2005); Expansión de las cosas infinitas/Expansão das coisas infinitas (español-portugués, Mantis Editores Selo Sebastião Grifo, 2010); Novela para Mozart y otros poemas (Azafrán y cinabrio, 2010), Buen uso de mi buen derecho (Taberna libraria editores, 2018).

En 1993, fue merecedor del Premio Nacional de Poesía «Ramón López Velarde», en 2005 del Premio Nacional de Poesía «Efraín Huerta», y en 2008 del Premio Nacional de Ensayo «Abigaél Bohórquez».

Coordina el Taller de Crítica y Creación Literaria de la Universidad Autónoma de Zacatecas y es Director General de Taberna Libraria Editores.

galop

he dicho adiós a mis rodillas el sol perfuma mi cabeza
anda de pie mi vida oh paloma tu accidentado valle nos dirige
el viento eleva su pilar de puentes yo inspiro a las distancias
la nube que rompe apaga los ocasos carbonosos oh paloma anúdame a tu estrella
que yo pueda seguir viviendo hasta arribar a tus respiraciones
antorcha a la que avivan los estíos comienzan a despertar los guardabosques
más lejos más lejos todavía anda el búho por los caminos del sofista
otro día regresa limpio tras la vendimia de la lluvia
como uno coge una brizna el tiempo escapa por los arenales
queríamos una vida aquí un desenfreno en la noche
y de las cosas conocidas entregarnos aún a los asombros
te acuerdas la noche incubaba un ojo en la cerradura de la puerta
la misma noche que movía tus sedas amorosas a mis manos
te dije vámonos la miseria golpeaba con la aldaba el temporal mecía las mieses
o era el adepto o era la muerte coja con su pierna sujeta a la retranca
la pena pendía del hilo en el ajado huso de los días
detrás de las vacas paciendo el alba se calentaba en el estiércol
o era el devoto que pide el pan al cielo y no lo exige en la tierra
dejamos la sed disuelta en agua el fuego depositado en la hornacina
la lluvia que barría sobre las fidelidades del olvido la siembra malograda
aquí me paro a comparar el místico ascenso de la espiga con la rebelde caída de las hojas
de lo que apreso en mi puño te digo paloma puede surgir un almendral
tú vas delante luminosa por los caminos como tu sombra sola
en tu corpiño se almizcla la pena vieja la vida vuelve a florecer respira

canción de retorno (ritornello)

luces callejeras que se ven a lo lejos desde el puente
de vuelta estoy por mi canasto de peces caídos del otoño
mi sol de noviembre encima de la vida que no dura
mi amor y una maceta que dejé una mañana de abril en la ventana

luces callejeras qué cerca vuelan los naranjos
madura el sentimiento crece el tiempo en las hierbas
llueve de los amparos gofio de los molinos
hermosas mujeres ofrecidas a la contemplación
fogosos apetitos curvarán en adelante sus espaldas
oh mejor estofado habrá jamás para paliar la hambruna

luces callejeras que se ven a lo lejos desde el puente
hay mucho por hacer: acercar leña a los inviernos
desenrollar los cortinajes hacer correr el ábaco
aprender de la fuerza que se sabe alabar en el trabajo
no me equivocaba no es extraño estar vivo
qué cerca el lunes y el primero de enero
el perfume del tomillo cuelga aún del viento de la noche
mañana habrá que medir por litros el tamaño de las ubres en la ordeña

luces callejeras qué lentas las horas como mujeres mal calzadas
sobre el camino los huertos penden todavía para mí sus canciones
¿qué será del cuerpo hermoso de aquella que amé junto al zarzal?
amor más salvaje jamás dejó jirones de ropa en esas ramas
una aldeana con dos cubetas de agua atravesaba delante
mi madre plantaba su sombrilla crecida entre las madreselvas
dormían los campesinos una espiga de trigo sostenía sus cabezas
bajaba la tarde con su taller de moscas a instalarse en las cuadras
oh el paseo por el río donde el cortejo es nativo

luces callejeras que se ven a lo lejos desde el puente
allá me espera el árbol y las nubes de infancia
la naciente primavera demasiado blanca para mi orgullo de chaval
la niña de mis sueños que se abrían como la puerta de un albergue
cuando uno iba al río las jóvenes avivaban sus mejillas
entonces yo era perseverante en eso de punzar hoyuelos
diezmado el día la noche nos iba envolviendo en su capullo
oh el zodíaco que se acordonaba con las líneas de la mano
y esa lechecita involuntaria algunas noches de nuestra adolescencia
bien que se hacía cuesta arriba no pensar en la desnudez de las muchachas

luces callejeras cómo ponerle al tiempo su cabestro
no era extraño estar vivo no me equivocaba
había menos hombres en el cielo que en los sembradíos
la vida bullía con el sazón de las recetas
y ese ruido de vajilla que adelantaba los aniversarios
¿qué será de la hermosa que amé junto al zarzal?
¿guardará para mí todavía su mirada?

luces callejeras que se ven a lo lejos desde el puente
de vuelta estoy por mi amor
y una maceta que dejé una mañana de abril en la ventana

salutación a febrero (réquiem en re menor)

cuando febrero viene resuelto a lavar los vergeles
la osatura del aire da contra los terrados
y las ramas de los sauces que cuelgan como un vestido propio de señoras antiguas
bellas como las bienquistas de los administradores
febrero un puente donde las nubes se amontonan
un canasto bien abastecido de ramajes y escombros
oh mes funerario mes del lavado y la purificación
sabemos que llevamos la muerte con nosotros
que madura en nosotros y no tenemos miedo
la muerte los restos de una fiesta en los bordes del día
y ahora llueve como debe llover en febrero
cuando la lluvia sirve de cabellera a las mañanas
y de pesados cortinajes a las furias del amor
llueve y la lluvia rompe contra los adoquines
el portón relacionado con los amores furtivos
donde hay esa mirada de dulce remordimiento en el rostro de las adolescentes
mes de la limpieza para acoger la primavera
yo amo a esas mujeres azules que se le parecen
mujeres con una gran cubeta de agua sobre su cabeza de adorable hortelana
mujeres voluptuosas en la adherencia
de la ropa de lino que la lluvia ha mojado
nosotros sabemos del frío que se abriga en el brezo
que ir de compras es menos compensativo que las cálidas colchas
que el hojaldre que se hornea para los sinsabores
sabemos también que la lluvia alegra el corazón de las floristas
en un país donde la pena es añeja y los autos son nuevos

§
el día comienza tarde y cuando oscurece
es el raudal de febrero que espesa
la muerte aproximativa a cada número de las camas de hospital
a cada vuelta de la calle
en las casas donde a la miseria permanecen inútilmente cerrados los postigos
porque es febrero un vals acorde al compás de los remeros
río abajo sobre corrientes bien crecidas
fregaderos con que se han de nivelar los callados estiajes
lavar las tosquedades los estandartes mal cosidos
los residuos adheridos al peltre en que se han enfriado los antojos
así terminan los días de fiesta reunidos en nosotros
nosotros que sabemos de la vida y no tenemos miedo
de la fatiga que se engancha por la tarde a los arreos
y a la ergonomía del arnés durante las duras escaladas
nosotros que sabemos de las íntimas catástrofes y las treguas del amor
que la marcha de la vida se organiza con las asambleas y las prédicas obreras
con la memoria como maleta durante las repatriaciones sucesivas
mes funerario el hogar bajo las zarzas
del rayo en el momento de agrietar el corazón de lo absoluto
oh febrero yo vendimio tus tormentas
el sobrante de tus cielos entre la hierba apretujada

lady godiva (canción de trabajo)

paz en la tierra a los hombres de buena voluntad
fiesta en todos los rincones del planeta
cerveza en abundancia
pan de centeno y rodajas de cebolla a los hombres de buena voluntad
buena fortuna
frutos de la pomarrosa ninfas de magnos pechos
lindas golfistas desnudas en campos de azucenas
y sueños febriles a los hombres de buena voluntad
que despierten tus orejas yo retomo este antiguo canto
oh el amor es el único arte de morir
el amor y su pata de conejo y su ojo de venado
contra los malos vientos y los malos oficios de los jefes de sección
ven conmigo muchacha todo el año será abril
hay una taberna cerca hay un hotel
y si prefieres abundante forraje en los apriscos
no hay muerte más bella que el amor
los lecheros como en otros tiempos llevan la leche a casa montados en pollinos
de contento un conejo con levita fuma una zanahoria
suenan los tambores se oyen las trompetas
frutos de la pomarrosa senos mórbidos y ebrios
y nubes de primavera a los hombres de buena voluntad
me acuerdo de ti lady godiva cabalgando desnuda en un potro alazán
oh tú tienes tienes en verdad todavía un corazón de luz
contigo yo me muero muchacha el amor es una muerte hermosa
brilla un sol de antiguos días en un país de nuevos hombres
que estoy hecho de cuadrúpedos y pájaros es un verso de walt whitman
canta la esperanza un blues como en los campos de algodón
vibran las arpas se oyen los laúdes
nada es real salvo las bellas costumbres del azar
nada salvo las calles vueltas ríos
y esos precarios barquitos de papel que llevaron nuestra infancia por mares de los que homero es erudito
ven conmigo muchacha vayamos a esos días de azules claridades
tendremos buen tiempo pese al boletín meteorológico
y una bonita pelota de playa para jugar en el verano
otra ciudad nos espera otro país
donde los niños y los mendigos juegan en el alcázar de los víveres
no adoraremos el miedo
en sus falanges no nos formaremos
no negaremos frenesí frente a los jueces de instrucción
nada es más real que una cubeta de agua en las jurisdicciones proletarias
bajo una luna turca las noches se multiplican como cuentos
otra mesa nos espera con lechones y avutardas
me acuerdo de ti lady godiva
por ti ocupo tierras antes dominadas por castillos
fuerte como la muerte es el amor dice el rey salomón
que despierte el leñador es un poema de neruda
oh los viejos blues hacen reverberar aún los densos bosques
frutos de la pomarrosa senos firmes y lascivos
buena fortuna sueños febriles
paz en la tierra a los hombres de buena voluntad

Del libro: Buen uso de mi buen derecho, Taberna Libraria Editores, México, 2018.

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