Presentamos como parte de la muestra de Poesía Salvadoreña actual preparada por nuestro editor Alberto López Serrano una muestra del poeta Salvadoreño Vladimir Amaya (San Salvador, 1985). Profesor de Bachillerato.

 

Sentado al revés, el noveno poemario de Vladimir Amaya, es un mapa del dolor de nuestras ciudades y sus personajes. No solamente es un digno homenaje a nuestra diario vivir, sino también un homenaje a aquellas voces poéticas de nuestro propio patio que ya antes se habían levantado y nos habían regalado este tipo de poesía: cálida, dolorosa y muy nuestra, por cruel: Oswaldo Escobar Velado, Pilar Bolaños, Rodolfo Jiménez Barrios, Salvador Juárez, entre otros.

Manuel Ramos.   

 

 

 

 

SEGUNDA MELODÍA SORDA

 

           “La niña

           quiere llamarse Viento”

                Leopoldo Marechal

 

La niña ha anochecido

en los brazos de su madre.

 

Come las cáscaras de sus ojos,

con añicos de manos que no parecen haber sido sus manos.

 

La niña es la lágrima del lodo.

Es la noche del frío que jamás había llorado su lágrima.

 

Del agujero sacaron su cuerpo,

y dejaron en el fondo de los lamentos a la niña,

envuelta con las primeras hormigas y las últimas estrellas,

estropeada, apagada, irrecuperable.

 

Su corazón se ha hecho corteza de esos árboles que silban en los sueños.

 

 

Y por más que la rabia nazca de nuestras plegarias inútiles,

por más que el cielo,

por más que la lluvia se pronuncien,

jamás podrán dulcificar ese silencio

que la niña es hoy en cada palabra.

 

 

 

 

EL TITÁN MENOR

 

Mi padre, héroe de guerra con problemas de hemorroides,

pide al cielo por primera vez morirse en serio.

 

Él estuvo en medio de las granadas,

del ruido a tren descarrilado de los proyectiles.

Perdió a su mejor amigo

(La Guardia lo golpeó hasta reventarlo en el 85)

y a una novia suya la decapitaron en el 89.

 

Ahora a sus manos se la ha comido la vergüenza de no matarse.

 

Padre no soporta las luces de las pantallas electrónicas de la ciudad.

Han deformado, dice,

su vecindario de niño

para convertirlo en centros comerciales.

 

Mi padre no puede con esta guerra de la paz ensangrentada,

con estos días digitales que escapan de sus dedos.

No puede, dice, y duerme por horas soñando que se muere.

 

Al despertar, come yogurt light –único consuelo,

y maldice a los traidores que ahora son personajes públicos.

 

Pobre hijo perdido, mi pobre padre.

 

«¿A dónde está el valor de la vida?,

¿por qué se ha de luchar ahora?»,

me pregunta muchas veces

mientras sostiene la bolsa de papitas fritas en oferta.

 

Miserable mi papá,

con dos hijos, una esposa, un perro

y sin nadie a quien dispararle.

 

Sentado en la acera de la casa,

aún me habla de esa lágrima

que un día lo lloró en las montañas.

 

 

 

 

ERROR-HORROR

 

                El Salvador ha vivido uno de los peores  años

                en cuanto a violencia.

                El 2015 cerrará con más de 6,500 homicidios,

                muy por encima de los 2,513 y los 3,912 de 2014.

                En el balance final, agosto, fue el mes más violento,

                con 918 muertes, y el tercer trimestre fue también

                el que más más muertes registró: 2,073.

               

                                      La Prensa Gráfica, 28 de diciembre de 2015.

 

Sabes que tu nombre

es la historia de todos los venenos,

que cabalgas un gusano muerto cuando te enamoras.

 

***

Has acumulado ya, uno a uno, los cuellos degollados de tus años,

y no haces nada en esta habitación  imposible de la esperanza.

(¿Aún podría existir la esperanza?)

 

La calle aún continúa en los edificios,

en los cohetes de la lujuria,

en el asesino que prepara su truco de magia.

 

Sabes que todo viernes volverá la próxima semana

con la misma cuenta irremediable

de linternas fundidas y ataúdes acerados.

 

Nada has de entender de tu cuerpo destruido.

¿Habría algo qué entender en los pedazos?

 

Sólo un “tú” deshecho habrá de quedar

en esos oscuros sudores de todos aquellos

que llamarás con ternura y violencia:

«tus queridos malditos muertos».

 

 

 

 

HAMBRE

Ella me decía:

primero es la salsa de tomate y luego la mayonesa;

por último la mostaza,

y si el cliente lo pide: chile al gusto.

 

A una velocidad prodigiosa envolvía el pan

y lo daba aún caliente a las manos de los albañiles,

o a las de los niños que salían de la escuela.

 

Ella empujaba su carrito destartalado

hasta esas calles relegadas al olvido,

y ahí

le hacía la guerra al hambre de quienes

nunca conoció nombre ni domicilio,

pero despedía con una sonrisa de ajonjolí de diecinueve años.

 

Una tarde no llegó, usual, a la esquina del suburbio,

y la vida perdió, desde entonces,

su olor a hogaza, a mortadela y a esperanza.

 

Su sangre debió aderezar las rocas

de aquella quebrada donde la encontraron desnuda y sin cabeza.

 

Ahora el hambre sigue aferrada en los ojos

de quienes la buscan a la salida de sus trabajos,

 

y no lo saben,

y ni se imaginan.

 

 

 

 

CÁBALA INHUMANA

 

Estefanía reconoce a su madre muerta.

Observa los tres disparos en el rostro.

Y en ellos recuerda los tres lunares que su padre tenía en la espalda,

lunares por los cuales, tres años antes, la señora

pudo reconocer el cadáver de su marido

cuando fue trasladado desde el desierto mexicano.

 

Estefanía reconoce a su madre.

No por el rostro que ya no tiene, no por las ropas que viste,

sino por esas tres cicatrices en el brazo izquierdo,

memoria de cuando niña, aquella vez que rodaron juntas

sobre las piedras camino a la poza.

 

Estefanía ignora

que dentro de tres años,

su hermano menor llegará al mismo cuarto frío,

y reconocerá su cadáver

al ver esas tres puñaladas

en el pecho que le habrá construido

el hombre que la haya violado.

 

Su hermano, entonces,

será tres lágrimas durante los nueve años siguientes.

De sus manos, los gritos;

de sus euforias, la sangre derramada;

de la desolación y la furia, su dolor;

y después de tantos alaridos y de muchas quemaduras

nadie vendrá a reconocer su cuerpo marcado

con dos letras sombrías.

 

Nadie entenderá por qué se habrá tatuado

esas tres pequeñas cruces

en la frente.

 

 

 

 

SOBRE EL AUTOR

Vladimir Amaya (San Salvador, 1985). Profesor de Bachillerato.

Trayectoria

A los trece años comenzó a escribir poemas. De los trece a dieciocho escribía como cualquier otro, como catarsis, como Hobbie, y a los diecinueve años se decidió a estudiar letras porque le gustaba y quiere escribir. Los autores salvadoreños que lo han marcado, que tienen influencia en lo que el escribe son: Roque Dalton, Pedro Geoffroy Rivas y Hugo Lindo Olivares.

Ha participado en recitales y conversatorios, ganó el primer lugar en el Certamen Universitario “Matilde Elena López” en el 2008. Representó a El Salvador en el VI Encuentro Internacional de Poetas “El Turno del Ofendido”, en mayo 2009 y ese mismo año en el VIII Festival Internacional de Poesía de El Salvador y en el 2013 en el IX Festival Internacional de poesía de Granada, Nicaragua.

En mayo de 2013, la Secretaría de Cultura de la Presidencia lo declaró Gran Maestre en el género de poesía, tras haber ganado varios certámenes de los Juegos Florales.

Obras
Ha publicado los poemarios: Los ángeles anémicos (Editorial EquiZZero Soyapango, 2010), Agua inhóspita (Colección Revuelta, volumen II, San Salvador, 2010), La ceremonia de estar solo (Leyes de Fuga Ediciones, San Salvador, 2013), El entierro de todas las novias (Editorial Universitaria, San Salvador, 2013), Tufo (Laberinto Editorial, San Salvador, 2014) y el tristemente celebrado Mausoleo familiar (plaqueta, Editorial EquiZZero Soyapango, 2012).

Además, las antologías: Una madrugada del siglo XXI (s/e, San Salvador, 2010), Perdidos y delirantes: 36-34 poetas salvadoreños olvidados (Zeugma Editores, San Salvador, 2012), Segundo índice antológico de la poesía salvadoreña (Editorial Kalina/ Índole Editores, 2014) y Torre de Babel. Antología de la poesía joven salvadoreña de antaño (Editorial EquiZZero, 2015). Es uno de los 9 poetas incluidos en la antología “Las otras voces” (Dirección de Publicaciones e Impresos, 2011). Ha publicado poemas en revistas, antologías y periódicos nacionales y extranjeros. Se dedica a la docencia e

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