Presentamos como memoria del gran Cantautor Argentino Luis Alberto Spinetta unos poemas extraídos de su material inédito  durante mucho tiempo, su libro “Guitarra Negra” que en el año 2004 fue publicado en argentina por GPL ediciones y rescatado de una edición de los años `70.  Sin duda un material Histórico destinado a la humanidad que continuación compartimos con nuestros lectores:

 

 

 

 

LA MUJER

Una mujer
desde otra tarde,
salpicada por un profundo espejo.
Tirada en el abismo
con sus menstruos carmín
depositados en el limo natural
con la precisión de besos.

Una damisela realmente celeste.
Vestidos de espumas dilatados,
corsés rosa,
adornos y teñidos.
Una mujer con collares
con ojos manuscritos
con pezones labiales y suaves
con sombreros de pétalos tan claros.

Una mujer dada a su propio mundo,
mundo que la deglute
y que le da los rayos.
Le da canastos con frutas e hijos,
miembros que la deshacen
y la vuelven a nacer.
Barriletes en azoteas,
ligustros blancos.

Una mujer transportada es un misterio.
Donde rozan sus pies dialogan flores
y aparecen sangres.

 

 

EN EL BAILE

Una centena de sapos
bailan alegremente.
El sol ilumina sus cráneos
tan parecidos a los nuestros
y sus uñas
tan enormemente crecidas
como las uñas de un hombre.

Una muchedumbre de piojos
ejecuta una danza
y crece la temperatura de sus corazones
tan apropiados para los agujeros
que nos sobran,
y sus risas se elevan desde el balde.

Al abrir la puerta de la casa
cesan los zumbidos y los gritos.
Entonces se ve cómo la sirvienta barre
y acomoda las alfombras
mientras la melodía que musita el jardín
retumba entre los pliegues de la rumorosa corona.

 

 

 

DESACELERACIÒN

I
Toma tus terráqueas y ásperas sogas
y despréndete humildemente de tu trono.
Los arbustos que temblaban en la colina
se han cansado de palmotear.
Es insólita tu alma.
Tantas cosas de pie
elegidas de entre millones,
saturadas por vivir aquí.
Tantos cometas inconmensurables
surcados de cielo (cielo, donde tú habitas).
Y los hombres, tú y yo,
un conjunto en lo absurdo.
En lo que el sentimiento de una magia
se une a la forma
alejada de toda indigencia sin vida,
comenzada a ser hacia el futuro.
Futuro que tarda en abrir sus ojos
que tarda en ansiar su trópico
que nos da de comer hasta la muerte.

II
Pero la atrofiada mandíbula?
Estamos atrofiados por demás.
Aún si no tuviéramos bocas
estaríamos comiendo carne apenas con los párpados.

III
Por la orilla secreta
Ovillan las sentencias
Rebalsa la magia
Ruedan las calles.

IV
Lo importante es que escriba cómodamente:
“Repite con la persona que amas
que eres responsable del destino”.
Brama en la penumbra de tus días.
Consigue exhalar la muerte, deslizándote.
Derroca al líder de tu maldad y ahórcalo.

V
Cántate una canción reivindicatoria
mata al hijo de los dioses
conecta tu máquina al tiempo.

 

VI
¿Consigue aquel disfraz parodiarte más que tú mismo,
en tu carcomida vislumbre?
¿Ves nacer algo o crees que sólo hay muerte?
¡Vamos!
Rodéate de tus espejos
y cuando entumecido,
cuando despreciado por tanto abuso
y tan descarada mentira,
intentes absolverte con una ráfaga de emoción,
verás que su corazón se pudre
irremediablemente seleccionado para caer.
Entretanto se enceguecerá la imagen de tu alrededor
quemado ya por la última farsa.

 

VII
Así comenzó tu propia maldición.
En tantos años de vigilia,
a través de una locura de largo tiempo,
a la que escondiste vanamente
entre tus mártires.
Y tu cara comenzó a rasparse
contra la calavera,
tiñéndose de la humedad típica de la muerte.
y manos desconocidas
cavaron una desolada porción de tu tumba
para ser completada con unas tristes violetas.

 

VIII

Pensé
que habías salido de viaje
acompañado de tu sombra,
silbando,
hablando con ti mismo.
Por atrás de una llovizna.

 

 

LAS HORDAS SOBRE ITALIA
Está humeante el volcán
sereno terror de lo rojo.
Los rumores escuchados por doquier
disimulan apenas al hombre,
allá lejos,
así confiando en su agonía
por el imperio del Retorno.
Se alza en lo alto esa brisa hirviente
que destruye las cabezas de los pájaros
en un rondar de muerte.
La noche de las hogueras
reclama soldados y difuntos.
Algunos niños han quedado dormidos
entre los senos de sus madres perdidas.
La pira estimula a los perros.
Las lúes envenena el agua y el vino.
Las trompetas de toda una vida
han quedado maniatadas atrozmente a sus sones,
como recortes unidos a un tallo burilado.
Las letrinas ahogadas
escogen el bazar para la compra del sol.
¡Qué eternidad!
¡Qué canción diabólica!
¡La vastedad del silencio sería el rasguño!
¡La hecatombe sería peor!.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *