Nuestro editor Internacional Jorge Contreras Herrera director del prestigioso Festival Internacional de Poesía José María Heredia en Toluca, preparará previo a este magnánimo evento de la literatura un Dossier especial con los poetas que formarán parte de este festival a manera de presentación. A continuación les dejamos  una muestra del poeta Mite Stefoski  (1975  Struga, República de Macedonia). 

 

Renovación

poética de recreación

 

Abajo en la tierra

hay un templo con la imagen del cielo.

Arriba en el cielo

hay un templo con la imagen de la tierra.

La gota contiene

la imagen de la inundación,

la piedrita la imagen de la roca,

la chispa la imagen del fuego,

el instante la imagen del tiempo.

La semilla contiene

la imagen del árbol.

 

Sólo el viento no tiene imagen.

A través de los tiempos sus abrazos

amontonaron polvo en esta ciudad desierta.

 

En otro tiempo el mismo viento

desde las ruinas desenterrará y diseminará

esa risita integrada en los huesos

en la muralla del enigma. Para respaldar.

 

En la sombra del manuscrito de este poema

escrito en mi prohibida lengua madre

se esconde la imagen de la que

de las palabras olvidadas desde hace mucho

de nuevo se renovará el Mundo.

 

Traducción de Marija Petrovska

 

 

Calor

 

La ciudad se alejó detrás de las murallas.

Sisea como una culebra peligrosa

que huye por las hierbas altas

en lo repentino del mediodía.

 

Desde sus escondites

en las grietas del tiempo

salen volando enjambres de mariposas negras

y cubren el sol.

 

El silbato de las chicharras ensarta

los últimos momentos del calor

e invita una llovizna veranea.

Golpetea sobre los techos de hojalata,

como una batería anuncia la tormenta.

 

El grano de venganza

es sediento por mi sangre

para cerrar el círculo

al cual pertenecemos todos.

 

El mundo se derrite en la oscuridad

como un poco de sal en un mar hirviente.

 

Traducción de Marija Petrovska

 

 

Constantinopla

 

Desde la torre abajo ruedan cabezas.

Los gusanos que se deleitan en roer

los cadáveres decapitados de los rebeldes

enferman el reino.

Ruedan cabezas

desde la capital hasta la provincia.

Desde la provincia hasta la capital.

En algún puente ensartados en una estaca

les hablan a los transeúntes:

“La cabeza inclinada no vale la pena cortar”.

Ruedan cabezas y rumores.

Desde las afueras hasta la capital.

Desde la oscuridad hasta la luz.

Como dientes de león volados

las cabezas decapitadas de los rebeldes

pasean por el reino.

 

Traducción de Marija Petrovska

 

 

La manzana y el gusano

 

desde la creación el gusano duerme en mí

si primero hiciste

que el árbol floreciera abundantemente

porque pusiste el gusano

 

cava por mi interior

escarba en mi centro

para penetrar la última membrana

para escapar del baúl

 

y de nuevo me dejaste sin respuesta

yo o el gusano

que convierte mi carne en vuelo

mutilando otra flor

de la que nacerá una manzana

 

cuál era tu providencia

 

Traducción de Marija Petrovska

 

 

 

 

 

Las cosas ya no son las mismas

 

¿Debería suceder todo esta mañana?

Los periódicos escriben:

                 Apareció un nuevo mar.

                 En algún lugar de África el sol

                                          pasó demasiado bajo

                                                y prendió fuego a los baobab.

                  Los profetas no saben a quién anunciar primero.

                  Los santos a parecieron  varias veces en vano.

 

Las televisiones anunciaron:

             Desde anoche hay varios continentes inundados.

             El sol se incendió.

             Se encontró una cura para una enfermedad desconocida.

             Los dioses regresaron a la tierra.

             Lucrecia vuelve  a violar en los parques.

 

Todo pasa antes de que despierte.

No debería levantarme tan tarde.

 

                                 

diciembre 2001

 

              

 

Traducción de Marija Petrovska y Javier Bozalongo

 

 

 

 

Un poema sobre la repetición

 

Una nube de dudas se acerca

y empieza a llover sin parar.

El cielo ya no tiene nombre.

La tierra, también sin nombre,

cansada de parir, desolada,

sube hacia el cielo que se está cayendo.

En el crepúsculo las cosas desnudan las palabras

como zapatos viejos .

Vagan hasta encontrar un refugio, un escondite,

una salida desde la que repoblar el mundo.

Una red ajena espera un poco más lejos

para cazarlas, atraparlas,

para encontrarles un nuevo hogar.

Un nuevo cielo y tierra nueva.

Y otra vez el mismo juego.

Mientras alguien

allí atrás

sonríe ante la repetición

del error.

A pesar del recordatorio de la promesa,

esparcida por el cielo azul

como esta tinta

que contiene todas las anteriores

y las noticias anuncian una nueva inundación.

 

                                          

Traducción de Marija Petrovska y Javier Bozalongo

 

 

 

 

 

Un tiempo nuevo

 

una llave perdida

de la alcoba de los sueños

algunas fotografías

de difuntos que se están riendo

una calle

que recuerda mis pasos

el pensamiento

antes de recurrir al cuchillo

el vuelo

de ese mismo pájaro

algún río

que inundó mi sueño

silencio

separado del sonido de la salida

dos manzanas

que pudrieron en la alacena

una nave de papel

que zarpó para no regresar

la bestia

que ruge en la noche larga

la garza

que pica la mañana

el tiempo

leía

mientras yo escribía

 

 

 

 

 

Traducción de Marija Petrovska y Javier Bozalongo

 

Frase

 

Me maravilla la anguila

que encuentra su camino

a través del agua

Sombres cercanas y blancura lejana

abiertas en canal

se abre como un suspiro

y se marcha en el silencio

 

Me maravilla la anguila

atrapada en esta frase

que se marcha a través del silencio

 

(5 septiembre, 2000)

 

Traducción de Raquel Lanseros y Marija Petrovska

 

 

 

 

 

 

 

ANOTACIÓN DE UN POEMA

 

Aquí está ese poema:

 

El poema desaparecido

 

Una casa de piedra y ladrillos rojos mano que alcanza

había en esta calle, una región llena de risa

ventanas con arcos quebradiza e inconstante como reflejo

y pino que crece sobre ellos. dibujo en el agua

Avenida con acacias que florecían pared que escucha conversaciones ajenas

lagartos, horizontes, dibujos y nombres

como si cayera nieve oscuridad que se derrite en el cuenco oval

cuyas aromas tintineo de la moneda metal

se mezclaron con las aromas de las lilas bolsillos llenos de pequeñeces

había en la calle. gatos que pasan desinteresados

Un adoquín desgastado y liso neumáticos que ruedan

que revelaba aquellos compresas de codos y rodillas heridos

que pasaban por aquí en la noche cicadas

cubría esta calle lluvias de verano, aleros que golpetean

Niños que jugaban a escondite hasta tarde calcetines rotos

estaban en esta calle ojos llenos de polvo

Dos gran cerezos en el patio desde los que

caían las cerezas pachuchas e inalcanzables

en la calle que una vez existía. silencio

Tal vez hubo alguien que caminó por esa calle.

 

25 agosto, 2002 completado en 30 agosto, 2004

 

Este poema no es un gran logro, seguramente no encontrará su lugar en las antologías, no es poema de programa, no es auto poético, ni siquiera está publicado. Todavía está escondido dentro de mis anotaciones, no leído por ningún otro; a veces lo encuentro por allí y sin falta lo leo. Lo veo especial, aunque no lo es. Sin embargo, digo sin embargo, porque tengo la intención de continuar como si algo me hace regresar a este poema. Entonces ¿qué hay en este poema?

Hay una calle, y esa no es una calle infinita, interminable, sino tiene exactamente 373 pasos – medidos con los pasos de un niño de 10 años, con una mochila escolar en la espalda, bastante pesada, ya que el niño la lleva encorvado, encontrando el justo punto de gravedad – desde el principio, donde termina el asfalto y empieza el adoquín viejo, desgastado y en algunas partes desnivelado, donde las lluvias hacen charcos, 373 pasos desde el callejón inclinado que cubre el adoquín viejo hasta la otra calle, hasta el asfalto nuevo. Esa calle no es espaciosa, ancha y llana con aceras bonitas, con filas de árboles ordenadas y candeleros, sino es un callejón desnivelado, curvado, y se parece más a una callejuela, con casas viejas, con ventanas mirador que resaltan sobre ella; con tejas que se pusieron verdes y oscuras de musgo y liquen; con aleros sin desagüe, que gotean en la calle cuando llueve, y se hacen filas de largos carámbanos en invierno, y cuando hace más calor, de improviso se caen en la tierra como si se rompiera un florero de vidrio, ventanas que miran una hacia la otra, patios con vallas y cercas de todo tipo, árboles viejos con copas irregulares, y una cosa más. Ni siquiera es especial por el hecho de que una persona conocida e importante vive allí; no hay monumento de mármol o bronce que indica que en tal y tal casa pasó eso y eso, y por esta razón se levanta ese monumento en memoria de ese evento.

En la calle del poema hay una casa hecha de piedra hasta cierta altura, y arriba está construida de ladrillos, que se asoman detrás de algunos lugares donde el revoque se cayó de las paredes; tiene ventanas con arcos, rajadas, divididas en varias pequeñas partes de vidrio, bordeadas de marrón, que daban la ilusión que eran más grandes, una puerta de madera con candado viejo, valla de ladrillo cubierta de tejas semicirculares, sobre las que se asoma un pino alto que esconde la casa un poquito, cuyas ramas se tocan con las ramas de uno de los dos cerezos del patio vecino. Por la otra parte una fila de acacias que emblanquecen en la primavera y que recogen las abejas venidas de quién sabe dónde, invitan a las manos infantiles estiradas arriba hacia las flores para que las prueben. Aromas que sólo pueden prevalecer sobre las lilas enflorecidas en los rincones de los patios y el alboroto de los niños que hasta tarde juegan al escondite durante la noche de verano en esa pequeña calle con sólo 4 postes de luz, de los que sólo dos tienen bombillas. Entonces ¿qué es tan importante en esa calle para que se escriba un poema?

Esa es mi calle, yo le doy nombre y la dejo sin nombre, yo pongo números en las casas, yo la pueblo y la despueblo, yo construyo y derrumbo las casas, yo hago madurar las cerezas, yo rompo los calcetines, me daño mucho las rodillas y los codos, yo empujo llantas en el adoquín, invito a los amantes que susurren dulcemente apoyados en un muro escondido, yo dirijo al cartero en rumbo correcto para que distribuya las cartas.

Esa calle no existe fuera de mí. Ahora mi memoria se esfuerza mucho para llenarla de objetos. A pesar de mí, hay una prueba más de la existencia de esa calle – mi poema. Todavía no está publicado, sin embargo existe. Si desaparece, desaparecerá la calle. Cada regreso la extiende, la hace más real, más pintoresca a pesar de las cosas comunes que pueblan esa calle. Ésa es mi fabricación, sólo mía. Nadie la puede encontrar en los planes de ninguna ciudad y nadie puede caminar por esa calle.

Esa casa en la calle es mía. Yo no vivo en ella, pero ella vive en mí. Con cada regreso es más acogedora, más clara, más cercana. Unos detalles más, unas pequeñeces más aparecen en esa calle, una novedad que desde siempre ha sido presente allí, emerge y se asoma, como si fuera la primera vez, a veces tan maravillosa y detalladamente hecha, como si hubiera necesitado meses y días para hacerla, y ahora, aquí aparece toda y brillantemente hecha; de repente, la encuentro en ese lugar enrejado con mi fabricación.

Un día probablemente sabrán que yo inventé ese poema, pero nadie sabrá con certeza que también inventé la calle, con todo lo que hay allí. Supondrán, sin embargo, convencidos que esta es una calle de mi infancia, una calle real, una calle diferente, que por alguna razón merece que se escriba un poema sobre ella. Algunos a lo mejor la buscarán. Algunos no leerán ese poema, sobre la calle estrecha y adoquinada. Algunos intentarán caminar por allí. ¿Será mi calle en su imaginación la misma que yo inventé? ¿Caminaré yo por mi calle o caminaré por sus calles desconocidas? Construirán una ciudad con calles parecidas, así, y sin embargo, diferentes, ajenas, sombrías, siniestras. Sin embargo, mi calle remanecerá una y única en esa ciudad única. O tal vez, ¿desaparecerá el poema?

Es de noche y yo estoy soñando a un Borges que sueña con tigres. Ese tigre ardiente de Blake, ese tigre de Hugo, el malo Shere Khan del Libro de la selva, finalmente se mueven sus tigres también, de color azul oscuro, diversos. Ya no existe ese Borges que de vez en cuando sueña con algún tigre, pero en el futuro también, aparte de todos los remanentes tigres en las selvas, sus tigres soñados, tigres de sueños no terminados, caminan por las bibliotecas, desde allí en los libros, los versos, las palabras. Todos los tigres pasan por los jardines de Borges. Sólo a veces, muy tarde en la noche los dejo pasar por mi calle. ¿Sigue allí Borges, ese otro Borges, que sueña con Borges que no está y envía a los tigres en mi calle?

A veces pienso que yo soy más irreal que esa calle, casa, árboles, objetos. Como si hubiera escapado o como si fuera expulsado de allí. Como Chuang Tze yo vacilo entre cuál de las dos cosas es más real. Vacilo si mi calle es como el tigre de Borges, una forma de sueño o eso soy yo? Cuyos pasos escucho ahora en mi calle…










SOBRE EL AUTOR:

Mite Stefoski nació en 1975 en Struga, República de Macedonia. Trabaja como Director de Struga Poetry Evenings, el festival de poesía internacional más antiguo que cada año desde agosto de 1962 se celebra en Struga. Es poeta, escritor de cuentos, críticos y editor.

Se graduó de la Facultad de Filología “Blaze Koneski” en la Universidad “Ss. Cyril and Methodius” en Skopje en el Departamento de Literatura Comparada y Teoría de la Literatura. Publicó ensayos sobre genología (novela lírica), poesía contemporánea y teoría de la ficción (adaptación de la novela al cine).

Es miembro de la Asociación Internacional de Literatura Comparada y de la Red Europea de Estudios Literarios Comparados, miembro de la Comisión Nacional para la UNESCO de la República de Macedonia.

En 2012 fue iniciador de la fundación de la Asociación Internacional de Directores de Festivales de Poesía, que se fundó oficialmente en 2013 en Berlín.

En 2014 fue iniciador y uno de los fundadores del proyecto Versopolis, primera plataforma literaria respaldada por el programa “Europa Creativa” de la Comisión Europea.

 

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