Presentamos como parte de la muestra de poesía chilena que prepara claudia Isabel Vila Molina una muestra de Daniela Sol (Talca, 1983)

 

INSOMNIO
Tanto se adentraron mis pies
en el núcleo total de
los murmullos foráneos
que se secó el torrente
de tos con que alimentaba
las ganas, el aguante,
la certeza.
((A veces pierdo el horizonte
y sólo deseo un regalo magnético))
Invocar al silencio
para callar el ego
las ataraxias del ego
las cátedras del ego
los intentos por parir una escritura simétrica.
Diseñar un anhelo,
usar el lenguaje
para algo más que no sea
poner límites a los principios
deductivos de color carmesí.
Y respirar el éter constante
del sol cuando amanece.

LEGITIMIDAD DEL SER
A Stella Díaz Varín
La muerte no pudo conmigo
ni con los tejidos erróneos de mi silencio.
Los intentos por apagar mi canto fueron absurdas
maniobras de las miradas negligentes
escandalizadas ante la decadencia de mis yemas.
Tengo tatuada la soledad como un versículo constante
un mantra que repite, anárquico, las horas marginales
de mi risa, de mi sexo, de la palabra escondida pendiente
en racimos.
Cincuenta estrellas reciben mi llanto
aquel capítulo que gemí al ver morir a mis hijos
o cuando la insensata tortura se dibujó en mi cuerpo.
La muerte no pudo conmigo
ni con el humo ensordecedor que le dio
color a esta voz de acero.
El tiempo, en cambio, viene despacio
a instalarse en mi nombre
y limpiar la indecencia empañada en el espejo
que poco a poco reivindica mis pesares.

 

IMPROMPTU
En aquél pérfido acto
de cerrar los ojos
surge el sutil deseo
de escritura intangible.
Un espejo que rodea
las simbiosis hasta reducirlas
al ronroneo de la arena.
Hay estéticas azules que
sólo aparecen en el sueño
dimensiones y acuarelas
prohibidas para el alma
del que respira las horas despiertas.
Cerrar los ojos es un acto
político. Viajar por universos
parecidos al océano y quitar
el velo cíclico de las horas
es deshacer nudos
darle sentido al presente
escuchar el corazón
del mirlo que emigra.
Despertar. Regresar
sintiendo el suspiro
del gato
percibir la saliva en la
almohada como cuando
la tierra otorga ese olor a
humedad, y recibir luces
como este poema
que no es más que un regalo onírico
de una siesta otoñal.

 

PARTÍCULAS INNECESARIAS
Ciertos extraños profesores
ajenos a mis sosiegos de vidrio
han dicho que yo no soy brillo ni soy seda
porque no abro mi boca carnosa en sus clases.
No necesito –como ellos–
dar gritos desesperados al mundo
para vomitar todo lo que conozco,
todo lo que mi retina bebe.
La academia, madre estricta
del conocimiento empapelado, alimenta a sus hijos
constipados de un ego voraz y rojo.
Que Benjamin, que Ricoeur, que Joyce,
que la oscura objetividad histórica,
que el absurdo discurso unicolor,
que la retórica, que la prosaica, que la poética.
Y ellos, mientras intentan desnudarme
con cuestiones del vértigo
no sospechan que mi aroma vital
no es la doxa añeja de caminos
sino la contemplación lenta y azul,
el asimétrico encuentro de las miradas misericordiosas,
la vasta amplitud que me otorga el gato dormido.
Mi poética, profesores, es sólo
esta respiración,
es ese poder observar
con el otro ojo
el canto profundo de los días.

 

DESAPEGO
Logré crear un sueño versátil y floreado
en cada elemento, como una llave
que me condujo a la célula original.
Cajas de madera que al abrirlas
escupían olor a reinas y frutas.
Campos/Sonidos
palabras/letras
recortes/cuerpos
témperas/sílabas
El árbol danzante testigo de la saliva vertida
también esconderá silenciosamente los estridentes
gemidos
de las alianzas púrpuras.
Comienzo a desentenderme del infinito elixir
que me dieron los 2190 amaneceres,
72 bolsas de té, trozos de vidrios de colores
en los que me perdí mirando este techo de estrellas
bipolares.
Aunque respirando la inercia
percibo la lenta, la tan lenta
despedida del aleteo de mis plantas.
A diario me abandonan. A diario las ausento.
Renuncio a todo.
Bien lejos, por allá en otros caminos
los intrigados me preguntan:
“¿y no te quemas al entregar
tu construcción de calcio y coral?”
Cierro mis salados ojos.
Desaparezco al unísono
de toda esta constelación amarilla.
Nada soy

 

SOBRE LA AUTORA

Daniela Sol (Talca, 1983) es poeta, mamá y académica. Profesora de Filosofía y Licenciada en Educación, realizó su Maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente concluye sus estudios de Doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Alicante, España.

Es autora de los poemarios Sonidos Errantes (Xaleshem, 2014), Postales y Espejismos (Helena, 2016) y del soliloquio Fractura (Alauda, 2015), y ha participado de diversas actividades y encuentros poéticos en Chile, México, Argentina, Canadá y España. Su obra ha sido incorporada en las antologías La Palabra Escondida, homenaje a Stella Díaz Varín y Ludwig Zeller: Componiendo una ilusión. Un diálogo antológico en sus noventa años, ambas publicaciones editadas por Xaleshem el año 2017.

Es compiladora de la más reciente antología de Poesía Social en Chile: Verbo Latente (Helena, 2017), y actualmente antaloga IXQUIC: Antología Internacional de Poesía Feminista, proyecto inclusivo e independiente que ha incorporado a mujeres poetas de diversas partes del mundo.

Como profesora e investigadora, ha realizado quehaceres pedagógicos y académicos en diferentes instituciones de Chile, México y España, tanto en niveles secundarios como de pregrado y posgrado. Desde esta esfera es coautora de los libros Retóricas de la Otredad: Relatos de Trabajo Social en mundos de vida contemporáneos (U. Autónoma de Chile, 2016) y Narrativas de Otros Ojos: Testimonios de mujeres migrantes en la Región del Maule (U. Católica del Maule, 2016).

Desde el año 2017, es miembro de la Sociedad Chilena de Estudios Literarios.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *