Roberto Piva, por Edgar Saavedra

(Crédito de la imagen: Mário Rui Feliciani)

 

Tenemos el gusto de presentar a nuestros lectores el texto introductorio a la primera edición en español de Paranoia del poeta brasileño Roberto Piva. Este libro fue íntegramente traducido por el escritor peruano Edgar Saavedra y publicado en 2016 por la editorial argentina “nulú bonsai”. Asimismo, se ofrecen dos poemas pertenecientes al mismo libro y dos más extraídos de 20 Poemas com Brócoli y Ciclones, en versiones del mismo traductor. Roberto Piva (1937-2010) fue autor de la plaquette Ode a Fernando Pessoa (Massao Ohno, 1961) y varios volúmenes, entre los que destacan  Paranóia (Massao Ohno, 1963), Piazzas (Massao Ohno, 1964), Abra os olhos e diga ah! (Massao Ohno, 1975), Coxas (Feira de Poesia, 1979), 20 Poemas com Brócoli ((Massao Ohno, 1981), Quizumba (Global, 1983) e Ciclones (Nankin, 1997). Marcada por el experimentalismo y múltiples diálogos con la tradición de la poesía portuguesa, la obra de Piva es una de las más intensas de la poesía brasileña contemporánea.

 

“Poesía es iniciación”

Por Edgar Saavedra

 

En una época envilecida por la propaganda y la homogeneización, pocos son los lugares de resistencia. La poesía, probablemente, seguirá siendo uno de ellos; aunque no se trate de escribir o publicar, sino de hacer de ella un camino que involucre necesariamente una posición diferente. No es fácil entrar en este mundo, y no porque requiera más esfuerzo o inteligencia, sino porque, como dice Piva, “reprimiendo al niño que existe en él, el hombre moderno aniquila a los dioses del júbilo en su corazón. Deja de improvisar su vida, encuadrándose en la marcha uniforme de la sociedad organizada & vestida”.

Conocí la obra de Roberto Piva (1937-2010) a través del número doble 9/10 de la revista argentina Tsé Tsé (2001), donde se publicaron traducciones de poemas y entrevistas, hechas por Carlos Riccardo. Era evidente que se trataba de un poeta que, incrédulo a lo que nos imponen mirar, creer y temer, se atrevió a explorar con sus propios sentidos. No le interesó mucho la novedad: solo creía en “poetas experimentales con vidas experimentales”.

Piva es uno de los pocos escritores brasileños vinculados al surrealismo, teniendo en cuenta que este movimiento en Brasil, a diferencia de los países hispanohablantes, tuvo una recepción poco auspiciosa. Naturalmente Paranoia (1963) tiene un giro surrealista. Asimismo, con este libro, en casi toda América Latina se anticipa al uso del lenguaje beatnik, que más bien iba a volverse una marca imperante en gran parte de la poesía de la década del 70. Pero más que influencias, sería mejor decir que sus propias búsquedas lo llevaron a coincidir con los escépticos, con los subversivos de todos los tiempos: Dante, Baudelaire, Rimbaud, Lautréamont, Nietzsche…

Paranoia es el primer libro orgánico de Piva, ya que antes solamente había publicado poemas en la Antologia dos Novíssimos (1961). Violencia verbal, sintáctica y temática, así como imágenes oníricas, conruyen en este poemario para dar una versión blasfema de São Paulo, con sus calles, sus plazas, su movimiento, sus habitantes (aunque podría referirse también a cualquier ciudad del mundo). Pero no es un canto a la urbe; es más bien un grito desesperado por la alienación que ésta produce. Antes que una mirada contemplativa sobre la ciudad, estamos ante una visión alucinada del caos que engendra y, con este, la deshumanización, acaso apenas perceptible, de quienes la habitamos. Paranoia es, al mismo tiempo, el testimonio de un poeta sobre su experiencia en una ciudad, como ya lo hicieron Lorca y Adonis con Nueva York o William Carlos Williams con Patterson.

Inicialmente, Paranoia fue un libro marginal: tuvo nula acogida en el mundo académico, literario y editorial. Surgió, como dice el autor, “en pleno auge del concretismo y del comunismo”, de tendencias más bien metódicas, intelectuales. Y es clara su toma de posición en favor de la locura, pero no entendida como demencia, sino como respuesta ante la racionalidad que impuso Occidente: el sujeto poético aparece en permanente estado de trance y delirio.

Luego, la obra de Piva evolucionó de una poesía urbana y torrentosa (“toda metrópolis es una necrópolis”) hacia otra más sintética y cognoscitiva. Mantuvo un diálogo constante con diversos poetas, pensadores y cosmovisiones (el chamanismo amazónico, la religiosidad afrobrasileña, la Tradición iniciática) que tienden hacia esa búsqueda negada y reprimida por nuestras sociedades “modernas”: lo sagrado. Quizá se daba cuenta, como Odysséas Elýtis, de que “el proceso psíquico que exige concebir un ángel es mucho más doloroso y terrible que el otro, el que consigue revelar demonios y monstruos”.

Aquí y ahora, Roberto Piva está para recordarnos que “el poeta existe para que las personas no dejen de soñar”.

 

El Paso, Texas, agosto de 2016

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Selección de poemas de Roberto Piva

 

 

Boletín del Mundo Mágico

 

Mis pies sueñan suspendidos en el Abismo

mis cicatrices se rasgan en la panza cristalina

no tengo sino dos ojos turbios y soy un huérfano

había un flujo de flores enfermas en los suburbios

yo quería plantar un palo de snooker en una estrela fija

en la puerta del bar estoy confundido como siempre pero las galerías de mi cráneo no odian más la percursión  de los huesos

 

colegios y  carrozas fúnebres están desiertos

por las calzadas crecen largos delirios

puñados de esqueletos son arrojados a la basura

pienso en los escorpiones de oro y estoy contento

los anuncios luminosos cantan en los tejados

puedo abrir los ojos para que la luna aproveche el miedo de las nubes

pero el cielo violeta es un visión suprema

mi cara empalidece con el alcohol

soy una soledad desnuda amarrada a un poste

cables telefónicos se cruzan en mi esófago

en los pavimentos aislados mis amigos construyen un maniquí fugitivo

mis ojos se ciegan mi mente se agrieta al encuentro del vértice de una rueda mi alma dislocada pasa rodando

 

 

El Volumen del Grito

 

Soñé que era un Serafín y las putas de São Paulo avanzaban en la densidad exasperante

estatuas enfermas de  conjuntivitis me miran fraternalmente

difuntos encendidos conversan mansamente al pie de una tarjeta de visitas

bachilleres practican sexo con licuadoras como los pederastas cuya santidad confunde a los sátiros

terrazas adornadas con helechos y suicidios donde también las confesiones mágicas pueden causar pasiones de tal género

relojes podridos turbinas invisibles burocracias de ceniza cerebros blindados alambiques ciegos viaductos demoníacos capitales fuera del Tiempo

y del Espacio y una Sociedad Anónima rigiendo la ilusión de la perfecta Bondad

 

los gramófonos danzan en las calles

el Espíritu Puro vomita un aplauso antiaéreo

El Hombre Aritmético cuenta en voz alta los minutos que nos faltan contemplando la bomba atómica como si fuese su espejo

encuentro con Lorca en un hospital de Lapa

la Virgen asesinada en un burdel

artilleros con tosferina clavando banderillas en mi Tabú

yo bebía té con pervitin para que todos apretasen mi mano eléctrica

las nubes rascaban los bigotes mientras te masturbabas colérico sobre el cadáver todavía caliente de tu hija menor

la luna tiene violentas hemoptisis en el cielo de nitrato

Dios se suicidó con una navaja española

los brazos caen

los ojos caen

los sexos caen

Jubileo de la muerte

oh rosas oh arcángeles oh locura apoderándose del luto azul suspendido en mi voz

 

 

BONUS TRACK

 

 

A la deriva en el río de la existencia

Abandonar todo. conocer playas. amores nuevos.
poesía en cascadas floridas con arañas
azules en los helechos
todo trabajador es esclavo. toda autoridad
es cómica. hacer de la anarquía un
método & modo de vida. carreteras.
bocas perfumadas. cervezas tomadas
en los campamentos. Soñar alto.

De 20 Poemas com Brócoli (1981)

 

 

Nuestro antepasado fuego

 

 Para Eduardo Calderón palomino, Chamán de los cuatro vientos (1)

estrella del norte

flor de filigrana

en el nervio del

ocaso

vuelo cansado de la lechuza

que desgarra su

arpón

milagrosa cannabis

planta del incesto

del sol con las

aguas

árboles llenos de

bocas

donde el gavilán salta

ciclón del Universo

 

De Ciclones (1997)

 

 

(1). Eduardo Calderón  Palomino. Maestro curandero de Moche (La Libertad , Perú), más conocido como el Tuno. Sobre él se han escrito libros como El chamán de los cuatro vientos de Douglas Sharon, Habla, Sampedro. ¡Llama a los brujos! de Eduardo González Viaña, Tuno, el curandero de José Gushiken, entre otros.

 

 

Edgar Saavedra (Perú). Ha publicado los poemarios Lengua negra de colores (Lima: Lustra, 2012), Isla / island (edición bilingüe: Cuernavaca, México: La Ratona Cartonera, 2009; Lima: Manofalsa, 2010) y Final aún (Lima: Ediciones del Signo Lotófago, 2000 y 2004). Ha traducido del portugués Paranoia de Roberto Piva (Buenos Aires: Nulú Bonsái, 2016), así como textos de Wilson Bueno, Horacio Costa, entre otros. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima y un postgrado en Estudios culturales en la misma casa de estudios. Es Master of Fine Arts por la Universidad de Texas en El Paso. Fue profesor universitario y codirector de la revista More Ferarum. Actualmente dirige el proyecto editorial Toé.

 

 

 

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*