Poemas de Nicté Toxqui

Presentamos cuatro poemas inéditos de Nicté Toxqui (Orizaba, 1994).

Variaciones de larvas

 

I

perdí todas las llaves de la casa a propósito.

el encierro me provoca. puedo escuchar el roer

constante de la polilla, boronas estrellándose

contra el piso (refugio de ruinas):

saldré de casa dices no tardo. soy yo la que huye

por la ventana / nos observamos en el reflejo del armario

una debilidad clásica de la función de habitar.

soñé con un nido donde los árboles rechazaban la muerte

en la madera de la memoria las palabras obligan

entre los muebles caros, infecciosos

: ésta es la fotografía donde sonreímos

mientras nos devoran

II

un ruido atrás de la nuca. quizá más atrás que un ruido

un montón de aserrín: hueso molido. roes.

trato de interpretar el crujido. rascarlo con mis uñas.

estará vacío como todo lo derrumbado y lo anterior

como todo lo interior del ruido que viene de la cabecera.

las palabras obligan. hay un deterioro que procede

de algún deterioro. un atrás que no alcanzo.

todas las casas son escenarios de guerra.

III

la casa está infestada de insectos como yo

enferma enamorada y triste que es lo mismo

que estar agujereada: las palabras obligan.

llámale como quieras al acto de roer, destruir

acercarse a la luz: insecticida por descarga

eléctrica también significa nuestros cuerpos

caen en picada, los efectos de la viscosidad

del medio no son despreciables. era miércoles.

la ciudad llovía, me empapé los pies, olvidé tu frío

porque la fuerza que actúa sobre un cuerpo es igual

al producto de su masa por la aceleración

que incita un cuerpo electrocutado y tibio

como una fumarola deshecha entre monumentos.

Los recuerdos se viven como grietas.

Reescritura*

Tener 22 años no cambia nada salvo aproximarse al ataque cardiaco de un dejado en visto o al vaciado uterino o la quincena. Dolencias al margen de un privilegio ridículo o de un poema también ridículo escrito en una moleskine. Mis intestinos fluyen y cambio del ser a la nada. Tengo hambre. Tengo hambre todo el tiempo. El hambre que nace antes de la sed. Mis intestinos fluyen gritan gruñen, me hablan en un lenguaje interno que todavía no conozco. No creo en mi nacionalidad marchita. He vuelto a despertar en México, a ser una mujer que va midiendo su talle en las vitrinas como muchas preocupadas por el vaivén de su culo transparente. Aprovecho el reflejo para pintarme los labios y la cara y ser otra: es difícil amar el tránsito de una ciudad fría. México es una distopía como yo una utopía de mujer. Mi vaivén se reduce a dos horas de camión como una vida se reduce a una sola alcantarilla o a una sola visión del paraíso. Tengo 22 años (la edad de las suradas). Mi cuerpo se pudre despacio por dentro consecuencia de la humedad. Esta primavera voy a extrañarme, más bien: voy a deshacerme. ¿Por qué describo este placer agrio a media noche? Cualquiera puede amanecer muerta. No conozco la teoría del reflejo pero sé cuáles son los lugares que me habitan. Siempre me ha gustado caminar sola. El color de mi labial es tan rojo como mi lírica roja de bella subdesarrollada.

*Tener 30 años no cambia nada…/ Carmen Ollé.

 

Sobre el autor: 

Estudia literatura en la Universidad de las Américas Puebla. Escribe poesía y trabaja con el bordado. Por su poemario Melamina ganó el premio Dolores Castro 2015. Sus textos han sido publicados en antologías y revistas como NINI, Aeroletras, La Letra Tal Vez, Unidiversidad, Animalario, entre otras.

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