El baile de las condiciones y de la materia en forma de sonido.

LA DIMENSIÓN SOCIAL DE ÓSCAR DE PABLO: EL BAILE DE LAS CONDICIONES Y DE LA MATERIA EN FORMA DE SONIDO[1]

Óscar de Pablo (Cuernavaca, Morelos, 1979) es uno de los pocos poetas contemporáneos que se dedica a la poesía social o a lo que tradicionalmente se ha denominado de esta manera. A continuación veremos cuáles son los rasgos que caracterizan sus poemarios recientes El baile de las condiciones (2011) y, especialmente, De la materia en forma de sonido (2015), cuyos epígrafes aluden de igual modo a La ideología alemana.

La crítica ha definido a de Pablo como un poeta militante de izquierda. Jorge Aguilera ha estudiado esta vertiente con profundidad. En su ensayo «Óscar de Pablo: de la poesía como convicción y heterodoxia» explica la complejidad social hasta el libro de de Pablo Debiste haber contado otras historias (2010). Más allá de la tradición marxista que sin duda es indispensable, veamos algunos aspectos formales de sus siguientes obras para intuir la evolución y el fondo de la dimensión social en la poesía mexicana contemporánea.

El baile de las condiciones (2011) cuenta con veintiún poemas breves sobre las referencias literarias, los cuestionamientos, los espacios transitados y los intereses, en definitiva, que configuran a Óscar de Pablo y, por tanto, su dimensión social. No somos lectores, somos celebrantes de la historia que nos precede y que, como veremos, será motivo recurrente en De la materia en forma de sonido. Ambos poemarios presentan un espacio urbano para la navegación y la pesca. En el primer libro que comentamos, en «Marineros», encontramos una ciudad extensa y profunda: «la ciudad es parte de otra ciudad mayor. Y hacia arriba es también inabarcable» (16); mientras que en el segundo, el paisaje es sustituido por el paisanaje del poema «Pescadores» para salvar a los habitantes que se hunden en el lodo. Y la catedral torcida sobre un suelo con acuíferos secos es un buque a pique, que diría Juan Villoro sobre la ciudad sostenible.

La preocupación por el tiempo, los diálogos y la intertextualidad –tan presentes en la poesía mexicana contemporánea (pensemos, si no, en José Emilio Pacheco)− engloban el problema humano (de pobreza, inseguridad o masificación) para trazar la dimensión social de la Ciudad de México y otros espacios y tiempos que la explican. El canto eclesiástico es ahora popular. Estos son los últimos versos de «El Quijote de Tomóchic»:

 

Ay santa Teresita de Cabora,

protege al general

con un largo delirio de mezcal.

 

No dejes que le llegue ya su hora,

ni desoigas su ruego.

No le quites de adentro nuestro fuego (38).

 

Su obra tiene múltiples referencias al mundo de la gastronomía, a la cocina, al recetario. En dicha tónica coincide con Postales y Espejismos (2016), de Daniela Sol, pues ambos aluden en poemas concretos al proceso culinario para criticar o denunciar un crimen (en el caso de Sol) o una costumbre rancia (según el autor de El baile de las condiciones). En la mayor parte de sus textos los temas se acompasan con una cadencia que renueva el metro clásico y, mediante rimas internas, anima a la lectura en voz alta y conforma la versolalia (que diría Carlos Coronel). El metro, el transporte suburbano, también conecta a dichos poetas, ejemplos de lo social en el siglo xxi; por lo que podían recibir el nombre de «Generación del metro», tal como llama Vicente Quirarte a españoles en México en la primera mitad del siglo xx. El último poema de El baile de las condiciones, «Diazmironianas» (59), alude directamente al referente del que de Pablo parte en su poesía y en su sociedad.

De la materia en forma de sonido (2015) se estructura en cuatro secciones que articulan la voz poética desde los fragmentos de la (re)visión de la tradición, el ritmo de la cotidianidad y el pálpito comprometido, tal como reflejan los sugerentes enseres de la cubierta. La parte primera y más extensa, «Después del baile» (9-49), arenga contra el sedentarismo y la pasividad; dice incisivo y veloz: «Corre conejo/ con ajo, conejo/ con/ alcachofas» (31). «Dioses del México antiguo (coreografía cívica)» (51-59) explica el Distrito Federal mediante una alegoría de los dioses mexicas. Finalmente, «La consciencia práctica» (61-81) valora y ejercita conceptos universales como la belleza o la lengua. «Acúfenos» (83-94) añade dos lecturas críticas que nacen de la reflexión interna sobre lo oído fuera; estos anexos son de David Huerta y Carlos Coronel Solís, quien titula su exhaustivo estudio con lo que podría ser un acertado resumen de Óscar de Pablo: «Electro-cardio-gramática de un corazón trotskista. La versolalia de Óscar de Pablo». Carlos Coronel, además de situar a de Pablo entre otros artesanos del lenguaje en la poesía mexicana contemporánea como son Gerardo Deniz, Luis Felipe Fabre o Hernán Lavín, resume con precisión cada una de estas partes (92-93) de las que destacaremos algunos fragmentos para evidenciar la dimensión comprometida.

Son varias las técnicas que emplea el poeta para acercarse a lo social, en tanto problemas que afectan por lo común a los ciudadanos del siglo xxi. La función fática, un continuo y natural ritmo, la rima, los juegos de palabras, la aliteración, el humor y la crítica, más racional que pasional, ofrecen un discurso coloquial sobre la complejidad del ser humano, la filosofía, la historia, la literatura y el arte. Además de preocuparse por el otro, de Pablo persigue y logra hacer reír. Así termina su «Epístola a Luzbel»: «(no olvides que te escribo para hacer reír)» (16). La carcajada o la simple mueca graciosa son necesarias para captar la atención de lectores que suelen encontrar códigos encriptados en la lírica del México reciente. A partir de expresiones familiares el lenguaje desciende a las capas más bajas, incluso al infierno si creemos en tal cosmovisión. Como diría Pablo Neruda en Caballo verde para la poesía (impura) en 1935 o Enrique González Rojo en Trincheras (2013), el autor de De la materia en forma de sonido maldice la poesía «de quien no toma Pantano hasta mancharse» (76). El inicio del poema «Sobre las revoluciones de los orbes celestes» defiende la tierra sin patria ni dios ni chovinismo. Cada verso estratifica la actualidad:

 

Ponte a girar y salta, por-

que lo que hace falta, aquí en nuestro nichito repelente, sin

remedio ni cura, remedo de cultura, en nuestra subcultura

del

sub-

occidente, es que llegue un pequeño sacerdote polaco, un médico

polaco, un ancianito astrónomo

[…] (22).

 

De Pablo emplea a lo largo de toda su obra significantes parecidos con significados distintos y distantes de modo que atrae la mirada de quien lee y la voz de quien habla de la materia en forma de sonido con un recurso que domina y que, pese a ser considerado por lo general más como juego que como poesía, establece su poética y una manera −no novedosa pero sí peculiar en la poesía mexicana contemporánea− de decir lo máximo con lo mínimo. Se acercaría en este sentido a la paronomasia de Víctor Toledo en Permutaciones (2015).

De Pablo forma parte del FONCA, sistema que influye en la el fondo y en la forma de la poesía mexicana, según ha estudiado Alejandro Higashi en PM / XXI / 360º (2015). De la materia en forma de sonido caricaturiza estas becas en varias ocasiones, refiriéndose, podríamos pensar, al llamativo tono de su propia obra:

 

[…]

Hoy el heraldo anuncia: “¡La Gue-

rra de Treinta Años

iniciará mañana! Como comprenderán, dadas las circunstan-

cias, la Beca del Programa

Jóvenes Alquimistas

no se renovará el año siguiente.” […] (40)

 

La ironía provoca risa a la vez que una crítica, un dardo, una flecha: «en el carcaj de mi boca sin beca» (65); imagen que ya aparecía en el poema paradójicamente titulado «Panfleto» de El baile de las condiciones: «Tu flecha verdadera, marimba y carcajada, vuela hacia el/ orificio/ del culo del Santo Oficio» (2011: 55).

Cada poema viene a ser parte de una poética integral, a favor precisamente del compromiso con la poesía. Destaca el titulado «Poema» (65-66). Esta preocupación metapoética demuestra el argumento de Carmen Alemany en el libro que coordina, Artes poéticas mexicanas (de los Contemporáneos a la actualidad) (2015); y es que la reflexión sobre la poesía desde la poesía es indispensable y marca la evolución directa del oficio lírico. Encontramos, por ejemplo, reflexiones sobre el lenguaje: «Por el mar proceloso/ de la red (¿y qué querrá decir/ eso de “proceloso”?)» (47). La pregunta retórica plantea una defensa del lenguaje conocido y de la cultura en contra del uso barroco de términos selectos únicamente por su forma o sonido sin atender al fondo.

El mito clásico convive con la realidad de México. El poema «Patroclo en Chinameca» reduce la Ilíada al libro de la Secretaría de Educación Pública: «Que te reciba Helena en el infierno/ de los libros de historia de la SEP» (49). Este último poema de «Después del baile» conecta con «Dioses del México antiguo (coreografía cívica)», donde se resemantiza a Tezcatlipoca como desdoblamiento ante el espejo, la ciudad sucia y suburbana de Tlazoltéotl, descubre los sacerdocios de Xipe Tótec o el reino de los muertos de Mictlantecutli. Y es que, como veíamos en el poema «Panfleto» de El baile de las condiciones: «Atónitos, sus muebles/ se miran a sí mismos/ en el espejo negro de una tele apagada» (52). Creemos en lo increíble.

Finalmente, la última parte de De la materia en forma de sonido, «La consciencia práctica», refrenda el uso de la lengua y del lenguaje como base literaria, histórica y filosófica. Nos expresamos como sociedad a partir de elementos y asociaciones con el otro o lo otro. Prueba de ello es la lectura (disponible en YouTube) que Óscar de Pablo dio en la UACM de San Lorenzo hace un año. Las frases populares caben en el poema: «las cuentas claras y el chocolate espeso» (78). No hay duda «La belleza» (así se titula un poema) «vaca´mbiar» (68). También lo social. La dimensión se amplia, es pareja a las ciudades que hay en una ciudad. Es una cebolla que hace llorar, mas alimenta. Pese a la claridad de su estilo, en la poética de esta dimensión social encontramos múltiples enigmas (cfr. 34-38), como ocurre, por ejemplo, con Daniel Téllez. Con el poema «¿Quién se llevará el título?», de Pablo sitúa el debate sobre el arte como combate en un ring, lo que recuerda al Torneo de Poesía Adversario en el cuadrilátero que organiza cada año la editorial VersodestierrO.

Los recientes trabajos de Óscar de Pablo continúan el experimento verbal de sus obras anteriores. Existe una herencia, tradición y renovación en un registro propio e individual sobre los intereses y la historia de la sociedad. Uno de los casos representativos es la quebradura de la forma clásica por antonomasia; el metro le asusta, le da grima (no obstante, lo cultiva y lo modifica sin perder el ritmo), según comentaba Jorge Aguilera en el trabajo del que partimos («Óscar de Pablo: de la poesía como convicción y heterodoxia»):

 

La parte final del poemario, titulada «Metro y grima», incluye dos poemas dispuestos en prosa que recurren a una métrica constante de heptasílabos y endecasílabos, con las rimas dispuestas de manera alternada, pero que otorgan una singularidad rítmica y precisa al texto. Este recurso será explotado de manera más clara en su siguiente poemario, Debiste haber contado otras historias, en cuya sección final, «Sonetería», recurre al mismo procedimiento (55).

 

El baile de las condiciones (2011) y De la materia en forma de sonido (2015) logran representar la dimensión social de autores que por su compromiso político quedaron al margen del canon y que ahora recupera el Seminario de Investigación en Poesía Mexicana Contemporánea y Malpaís Ediciones en el Archivo Negro de la Poesía Mexicana (2015). Nos referimos a autores como Carlos Guitérrez Cruz, Jaime Reyes o Roberto López Moreno. El grito y la estridencia del siglo xx se sosiega en el xxi. La dimensión social no es panfletaria (cfr. 2011: 51) ni explícitamente política, aunque la ideología y la autobiografía como experiencia quedan patentes: «Cantemos en voz baja tocándonos los cuerpos, para sentir al/ cuerpo colectivo» (2011: 52). La ciudad es el escenario de un poeta cívico que mediante el humor y un lenguaje coloquial y callejero representa y cuestiona el contexto. A diferencia de la poesía social que ofrece un canto breve y superficial sobre la injusticia concreta, en este caso los límites (si es que los hay) llegan a la época prehispánica y explican la realidad, la actualidad, como consecuencia del pasado. Lo conocido o cercano (el FONCA, la SEP, el metro de México…) se acerca a lo lejano (la historia de Europa, los valores guerreros…) para crear una dimensión social, poético-urbana, que asienta el presente sobre el pasado para acercarse al futuro, como se planteó Tlatelolco o el Templo Mayor. Quien escribe lee y observa, no como flâneur, sino como parte activa de la sociedad, como poeta peatón que interactúa con el resto.

[1] Este breve artículo surge durante la sesión que el Seminario de Investigación en Poesía Mexicana Contemporánea dedicó en noviembre de 2016 a Óscar de Pablo. Agradecemos, pues, el trabajo de Jorge Aguilera, quien moderó la discusión, así como las lecturas y comentarios de los demás miembros: Eva Castañeda, Alejandro Higashi, Manuel Iris, Jocelyn Martínez, Alejandro Palma, Israel Ramírez, Diana del Ángel y Diego Alcázar.

Acerca del Autor:

 

Ignacio Ballester Pardo

(Villena, Alicante, 1990)

Licenciado en Filología Hispánica (2008-2012) por la Universidad de Alicante. Realizó su último curso en la Universidad Nacional Autónoma de México con la Beca Iberoamericana Fórmula Santander (2011). También llevó a cabo el Máster en Estudios Literarios (2012-2013) y el Máster en Profesorado de Educación Secundaria (2013-2014), ambos en la Universidad de Alicante. Actualmente cursa el Doctorado en Filosofía y Letras con la tesis «La dimensión social en la poesía mexicana desde 1960. Herencia, tradición y renovación en la obra de Vicente Quirarte», dirigida por la catedrática de Literatura Hispanoamericana Carmen Alemany Bay, gracias a un contrato predoctoral de la Universidad de Alicante. Es miembro del Seminario de Investigación en Poesía Mexicana Contemporánea. Ha participado en distintos congresos internacionales sobre poesía tanto en España como en México. Colabora con las revistas literarias Boletín del CeMaB, Bitácora de vuelos, Cuadernos de Aleph, La Otra o La Galla Ciencia. Recientemente ha publicado «Arte poética en Vicente Quirarte: decálogo entre el cielo y la tierra» en Artes poéticas mexicanas (De los Contemporáneos a la actualidad) (Universidad de Guadalajara, 2015) y «Raúl Zurita y la poesía del conflicto: de la noche de Tlatelolco (1968) a la dictadura chilena (1973)», en Raúl Zurita. Alegoría de la desolación y la esperanza (Visor, 2016). En su blog «Poesía mexicana contemporánea» (https://poesiamexicanacontemporanea.blogspot.com.es/) cada domingo reflexiona al respecto. Actualmente lleva a cabo junto a Marisa Cossovich la «Tertulia literaria: entre ayer y hoy» en el Centro de Estudios Iberoamericanos Mario Benedetti.

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