Gustavo A. Bécquer cumplió 181 años

Considerado el padre de la poesía moderna en español.

Gustavo Adolfo Bécquer nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836: cumpliría, de habérsele concedido el milagro de la inmortalidad —o el protagonismo en una invasión zombi— 181 años. La cuestión es que, como dicta a menudo el tópico y algo menos —en este caso sí— la realidad, la vigencia de su literatura le mantiene vivo. ¿Quién no ha leído sus rimas o leyendas en el colegio o en la preparatoria? ¿Quién no responde «poesía eres tú» cuando le preguntan por el género?

El nombre real de Gustavo Adolfo Bécquer perdía en rotundidad y ganaba en música: Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida. Hijo del pintor José Domínguez Insausti —que firmaba sus obras sustituyendo el apellido materno por el Bécquer de sus antepasados flamencos— y de Joaquina Bastida Vargas, tuvo seis hermanos: uno de ellos fue el pintor Valeriano Bécquer, autor del célebre retrato que nos permite conocer la imagen del poeta. El propio Gustavo Adolfo practicó —igual que su hermano— la ilustración en su infancia, aunque terminaría —sin abandonar nunca esta disciplina— centrándose en la literatura. Huérfanos de padre y madre durante su infancia, su tía materna adoptó a todos los hermanos Domínguez Bastida.

Varios años más tarde, Gustavo Adolfo Bécquer se mudaría a casa de Manuela Monnehay Moreno, su madrina, cuya biblioteca despierta en el adolescente el interés por la poesía. Asiste a clases de pintura, donde no le auguran un buen futuro; estudia latín y en el año 1854, con algunos textos publicados en revistas y periódicos, marcha a Madrid para triunfar como escritor. Vive la bohemia, pero no termina de irle bien en la literatura: publica comedias y zarzuelas con seudónimo. Ya conoce a los poetas románticos de décadas pasadas, y en sus atmósferas y obsesiones encuentra inspiración: Gustavo Adolfo Bécquer representa —junto a Rosalía de Castro— la cima de la literatura romántica española, un movimiento extemporáneo en nuestras letras, puesto que recoge los ecos europeos con décadas de retraso. Muchos estudiosos le consideran, junto a la propia Rosalía, el iniciador de la poesía moderna española: por su conexión con la tradición, por su apuesta por la claridad… Ambos rasgos se unen a los puramente románticos: el gusto por lo exótico, la insistencia en el amor y en la soledad o la mirada continua a lo sobrenatural. Corre 1857, y Gustavo Adolfo Bécquer ha enfermado de tuberculosis.

Gustavo Adolfo Bécquer se plantea proyectos ambiciosos, como la Historia de los templos de España ilustrada por su hermano Valeriano, de la que únicamente se publicará un tomo. Encadena amores que no se consolidan, se inventa musas, produce sus primeras Rimas… En 1860 publica Cartas literarias a una mujer, un volumen de «instrucciones de uso» —por así decirlo— para abordar la lectura y para facilitar la comprensión de sus Rimas. Un año más tarde, el escritor contraerá matrimonio con Casta Esteban y Navarro, con quien tendrá tres hijos: Gregorio Gustavo Adolfo (1862), Jorge (1864) y Emilio Eusebio (1866), cuya paternidad se atribuía al amante de Casta. Bécquer tiene que mantener a su familia, y lo hace gracias a la escritura: hasta 1865 trabaja en el diario El Contemporáneo, y da a la imprenta varias de sus leyendas.

En paralelo se agrava su tuberculosis. Gustavo Adolfo Bécquer, que ya había pasado largas temporadas en la casa de Noviercas (Soria) que pertenecía a la familia de su esposa —y que el año pasado protagonizó cierta polémica—, se traslada con su hermano Valeriano al Monasterio de Viruela (Zaragoza), junto al monte Moncayo. Allí vive el escritor durante el año 1863, y allí escribe las cartas que componen Desde mi celda. Una vez recuperado, Gustavo Adolfo Bécquer regresa a Sevilla con Valeriano, Casta y su hijo mayor, aunque poco después pondrán nuevo rumbo a Madrid: Luis González Bravo, su antiguo jefe en El Contemporáneo, le ha nombrado censor, un cargo que desempeñará durante varios años.

Al perder su empleo se refugia en Toledo, mantiene contacto con su esposa pese a su infidelidad, dirige el periódico La ilustración de Madrid y la revista El entreacto, hasta que su tranquilidad se rompe con la muerte en 1870 de su hermano Valeriano. Apenas tres meses después, el 22 de diciembre, fallecerá él mismo; a la salida de su funeral, varios de los asistentes —por iniciativa del pintor José Casado del Alisal, autor del mítico cuadro La Rendición de Bailén, que se expone en el Museo del Prado— acordaron editar las obras de Gustavo Adolfo Bécquer, para lo cual impulsarían una suscripción popular. Las Obras completas de Bécquer se publicarían en 1871.

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